Según grupos especializados en el tema, el reparto desigual de las vacunas anticoronavirus, con el que se privilegia a los ciudadanos de los países ricos en lo que se ha dado en llamar “nacionalismo sanitario”, es la verdadera amenaza a la economía mundial –que podría perder más de 9 mil millones de dólares–, no la propia pandemia de covid-19. Y esa amenaza pende sobre las economías de todas las naciones, incluso las que se consideran sólidas e inatacables.
PARÍS.– La amenaza que pesa sobre la economía mundial no es tanto la pandemia de covid-19 en sí, sino el “nacionalismo sanitario” desplegado por los países ricos para enfrentarla.
Tal es la conclusión de los modelos económicos realizados por tres organismos privados internacionales: la corporación Rand, la Cámara de Comercio Internacional (ICC) y el Eurasia Group.
Publicada el 25 de enero último, la investigación de la ICC es la más reciente y también la más impactante: demuestra que la economía mundial podría perder entre 1.5 y 9.2 miles de millones de dólares si persiste el reparto desigual de vacunas entre países de renta alta y países emergentes o en desarrollo y que 49% de estas pérdidas recaerían sobre las economías avanzadas, incluso si logran asegurar la inmunización total de su población.
Creada en 1919 en París, donde sigue teniendo su sede, la ICC cuenta entre sus afiliados con firmas de más de 130 países y pretende “fomentar el comercio y la inversión entre las empresas del mundo, ayudarlas a enfrentar los retos de la globalización y aprovechar sus oportunidades”.
Según han explicado en diversos foros Sebnem Kalemli-Ozcan y Neil Moskowitz, profesores de economía de la Universidad de Maryland y autores del informe, la ICC “integró en sus cálculos los choques de demanda y oferta, nacionales y extranjeros, a escala sectorial que afectan una economía abierta operando en un contexto de cadenas mundiales de suministro”.
“Fue así como pudimos calcular los costos económicos potenciales de una distribución desigual de vacunas para el sistema comercial internacional”, enfatiza Kalemli-Ozcan. “Los países de renta alta no deben olvidar la fuerza del impacto de las interconexiones comerciales planetarias. Su PIB depende de la salud de la población de cada uno de sus socios comerciales, tanto los de los mercados emergentes como los de países en desarrollo”.
El informe de la ICC precisa que el costo del nacionalismo sanitario podría oscilar entre 45 mil millones y 1.38 billones de dólares en Estados Unidos, entre 8.5 y 146 mil millones de dólares en Gran Bretaña y entre 14 y 248 mil millones en Alemania. Francia, Bélgica, Holanda, Noruega y Suiza podrían perder hasta 3.9% de su PIB.
Escenarios
Más limitada pero no menos alarmante es la investigación de la Corporación Rand. Fundada en 1948, esta organización no lucrativa, que se define como un “laboratorio de ideas”, cuenta con la participación de centenares de académicos de alto nivel y de expertos en políticas públicas.
Financiada con fondos estatales estadunidenses, fundaciones privadas y universidades, la Rand, que reivindica una total independencia, elabora reportes considerados referencias a escala internacional sobre temas tan variados como relaciones internacionales, salud, energía o educación.
El 20 de octubre último, cinco de sus más destacados investigadores, encabezados por Marco Hafner, publicaron Covid-19 y el costo del nacionalismo de la vacuna, un informe técnico de 75 páginas para alertar sobre los peligros del proteccionismo sanitario.
A diferencia de sus colegas de la Cámara Internacional de Comercio, los expertos de la Rand hicieron modelos exclusivamente de las consecuencias sobre el PIB mundial del impacto de la pandemia sobre cinco sectores de alto grado de contacto: turismo, industria del entretenimiento, transporte, comercio minorista y el campo de la salud.
Imaginaron varios escenarios. En el primero no hay vacuna ni tratamiento. Resultado: la perdida del PIB global puede alcanzar 3.7%. En el segundo sólo los países que tienen capacidad de fabricar vacunas –Estados Unidos, Gran Bretaña, China, India y Rusia, o regiones en el caso de la Unión Europea– inmunizan a su población. El PIB mundial sufriría una perdida de 1.7%.
Según los demás escenarios, mientras más países de ingresos altos y medianos –como Australia, Israel, Suiza, Japón o los Emiratos Árabes Unidos– logran vacunar a su población, menos afectado por la pandemia resulta el PIB mundial; sin embargo, dejar sin inmunización o con una vacunación insuficiente a los países de más bajos ingresos costaría hasta 153 mil millones de dólares al año a la economía mundial, lo que implicaría una perdida anual de alrededor 119 mil millones de dólares para el PIB de los países de más alta renta, incluyendo a Rusia y China.
“Es simple”, resalta Hafner, “si no se logra controlar el virus en todas las regiones del mundo, el covid-19 seguirá teniendo un alto costo para la economía mundial y en particular para los países ricos. Estados Unidos podría perder 2.2% de su PIB anual, es decir 480 mil millones de dólares; la Unión Europea 5.6% o sea 983 mil millones de dólares, Reino Unido 4. 3% que corresponden a 145 mil millones de dólares.
“No se puede seguir así”, advierte John Denton, secretario general de la ICC. “Urge echar a andar una política global de vacunación. Exigir eso nada tiene que ver con caridad. Se trata sencillamente de sentido común económico.”
África, sin vacunas
Tanto Hafner como Denton insisten en que ya existe el mecanismo que permitiría aplicar esa política mundial de inmunización. Ambos se refieren al acelerador de acceso a las herramientas contra el covid-19 (Accelerator Act), creado a finales de abril de 2020 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en colaboración con las principales organizaciones internacionales del ramo, instituciones de la ONU y numerosos organismos filantrópicos y gobiernos.
El Accelerador Act tiene cuatro pilares de acción, entre los cuales destaca Covax, que pretendía distribuir 2 mil millones de dosis anticovid a los países de economía mediana y precaria.
Tal como está planeado, el Accelerador Act necesita un presupuesto de 38 mil millones de dólares para cumplir todas sus misiones, pero hasta la fecha sólo ha podido juntar un poco más de 10 mil millones, lo que frena considerablemente su impacto. De hecho, Covax en África sólo atendió a Ghana, país de 30 millones de habitantes, al que entregó 600 mil vacunas de Oxford/AstraZeneca el pasado miércoles 24.
Los demás países africanos sufren para organizar sus campañas de inmunización. Lo logran esencialmente gracias a acuerdos con China y Rusia y muy esporádicamente vía acuerdos bilaterales o multilaterales con laboratorios occidentales. De seguir tan poco equitativa la repartición mundial de vacunas, se calcula que los países más pobres tendrán que esperar hasta 2024 para ser inmunizados.
Los principales responsables de la escasa capitalización del Accelerador Act son los países de más ingresos que no cumplen sus compromisos, deplora Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, que compara los modelos de pérdidas económicas desarrollados por Rand y la ICC con el déficit del mecanismo global de lucha contra la pandemia que tanto esfuerzo le costó elaborar a la Organización Mundial de la Salud.
“¿Qué son 27.2 mil millones de dólares comparados con los 9.2 mil millones de dólares que puede costar a la economía mundial el nacionalismo sanitario?”, pregunta con amargura.
Hafner va mas lejos. “Según nuestros cálculos”, dice, “si las economías más avanzadas decidieran invertir 27.2 mil millones de dólares en el Accelerador Act no sólo evitarían dramáticas consecuencias para la economía mundial y para sus propias economías, sino que obtendrían un rendimiento excepcional de 166 dólares por cada dólar invertido”.
En realidad lo que busca Hafner es incitar a los dirigentes de los países de renta alta a cambiar su “software mental” y a reflexionar lo más pronto posible, ya no en términos de gasto, sino en términos de inversiones.
Lo mismo hace Alexander Kazan, director general del Departamento de Estrategia del Eurasia Group –una de las empresas de consultoría e investigación de riesgos políticos más relevantes del mundo–, en un informe publicado a principios de diciembre a solicitud de la Fundación Bill y Melinda Gates, que forma parte del Accelerador Act.
Los investigadores de la consultoría, encabezados por Kazan, elaboraron modelos del impacto que podría tener sobre la economía de 10 países de alto ingreso –Alemania, Canadá, Corea del Sur, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Francia, Japón, Qatar, Gran Bretaña y Suecia– su participación en la capitalización del Accelerador Act.
“Los beneficios económicos de una repartición equitativa de vacunas a nivel mundial podrían girar alrededor de 153 mil millones de dólares en 2021 y alcanzar 466 mil millones de dólares para 2025. Esta última cifra es 12 veces superior a los 38 mil millones de dólares del presupuesto del Accelerador Act,” enfatizan los expertos de Eurasia Group.
Según explican, tomaron en cuenta en sus cálculos a la vez los efectos negativos que se prevén si la pandemia sigue afectando a los países de ingresos bajos y medianos bajos y los pronósticos a la baja señalados en el informe Perspectivas de la economía mundial, publicado el pasado octubre por el Fondo Monetario Internacional.
¿Leyeron los informes de Rand, de la ICC y del Eurasia Group los integrantes del G7 –Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia y Japón– que se reunieron el viernes 19 vía videoconferencia?
Difícil saberlo. En todo caso la pandemia y la repartición desigual de las vacunas en el mundo se impusieron como los principales temas de esa cumbre –la primera reunión internacional en la que participó Joe Biden– y evidenciaron el doble juego de los países ricos.
Por un lado, proclaman que 2021 debe ser el año del multilateralismo y del apoyo al Accelerador Act –al que prometen otorgar 4 mil millones de dólares, sin precisar cuándo lo harán–; por otro, siguen drásticamente opuestos a la liberación provisional (mientras dure la pandemia) de las patentes de las vacunas contra covid-19, exigida por un centenar de países encabezados por Sudáfrica e India.
La guerra de las patentes
Llamó la atención la ambigua iniciativa de Emmanuel Macron, quien afirmó que Europa y Estados Unidos deberían entregar 5% de sus reservas de vacunas a los países más pobres.
“Si podemos hacer esto, Occidente tendrá presencia en los países africanos”, aseguró el presidente francés. De lo contrario, esas naciones recurrirán a las vacunas chinas y rusas y entonces el poder de Occidente no será una realidad.”
Semejante actitud, totalmente ajena al espíritu de cooperación internacional del Accelerador Act y exclusivamente inspirada por la “diplomacia de las vacunas”, no convenció en absoluto a los demás integrantes del G7 que, en el mejor de los casos, prometieron entregar a Covax sus excedentes de vacunas, después de haber inmunizado a su población, lo que causó revuelo entre las ONG que llevan meses bregando en favor de la exención de patentes de vacunas contra el covid-19.
“Proponer que países de bajos ingresos de África y Asia esperen durante meses los ‘sobrantes’ de vacunas de los países ricos es a la vez inmoral e irresponsable. La falta de acción coordinada de los países del G7 es imperdonable. Seguir negando a amplios sectores de la población mundial el acceso a la inmunización nos pone a todos a la merced de mutaciones del virus”, dijo Max Lawson, uno de los directivos del Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre, destacada ONG internacional.
“En lugar de congratularse por su aporte limitado a la OMS, lo que deberían hacer los dirigentes del G7 y de otros países de altos ingresos es dejar de oponerse a la suspensión provisional de las patentes de vacunas contra el covid-19 y ya no seguir defendiendo los monopolios de sus firmas farmacéuticas”, siguió Lawson. Al mismo tiempo, el laboratorio Pfizer anunciaba que esperaba generar unos 15 mil millones de dólares en ventas, sólo en 2021, con la vacuna anticovid que desarolló con su socio alemán BioNtech.
“La guerra de las patentes” que sacude a la Organización Mundial del Comercio (OMC) se dio en las últimas semanas en un clima envenenado.
Boicoteada por Donald Trump, enemigo férreo del multilateralismo, la OMC navega sin brújula desde que el brasileño Roberto Azevedo renunció a su cargo de director general el pasado 14 de mayo. No aguantó el hostigamiento del entonces presidente estadunidense.
La misión de Okonjo-Iweala
Hasta la fecha los partidarios de la liberación de las patentes perdieron tres batallas. Su última derrota se dio el martes 23. Pero el ambiente de la próxima ronda de negociaciones de la OMC sobre el tema, a realizarse el 10 y 11 de marzo próximos, va a ser distinto, pues se celebrará bajo la conducción de Ngozi Okonjo-Iweala, una nigeriana de armas tomar que asumirá la dirección general de la organización el lunes 1 de marzo.
Egresada de la Universidad de Harvard y del Tecnológico de Massachusetts, Okonjo-Iweala, de 67 años, alternó durante su larga carrera profesional carteras ministeriales en Nigeria –se desempeñó como Ministra de Finanzas y de Relaciones Exteriores– y altas responsabilidades en el Banco Mundial.
Además de ser la primera mujer en encabezar la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala se enorgullece de asumir desde 2015 la presidencia del consejo de administración de GAVI, poderosa Alianza Mundial para la Vacunación que tiene su sede en Ginebra y cuyo objetivo es facilitar el acceso a la inmunización contra enfermedades prevenibles que causan estragos en países en desarollo. GAVI codirige Covax.
Según afirma Ngozi Okonjo-Iweala, acabar con “el proteccionismo de las vacunas para acelerar su producción y distribución mundial”, y reconciliar defensores y detractores de las patentes del serum anticovid, son sus “misiones prioritarias”.
Sumamente crítica con “los países ricos que vacunan a su población mientras los países pobres permanecen en lista de espera,” la nueva dirigente de la OMC se muestra sin embargo bastante prudente con respecto a las licencias obligatorias, reclamadas por Sudáfrica, la India y sus seguidores. Su meta es hacer aceptar a los contrincantes una “tercera vía”: la de las licencias voluntarias.
En caso de emergencia sanitaria la reglamentación de la OMC autoriza a los Estados a recurrir al mecanismo de licencias obligatorias que fuerza a las grandes firmas farmacéuticas a renunciar provisionalmente a la propiedad intelectual de su producto y al monopolio de su fabricación. En cambio el mecanismo de las licencias voluntarias implica negociaciones entre los Estados que necesitan vacunas y las grandes laboratorios, para “convencer” a estos últimos de renunciar al monopolio de la fabricación de su medicamento, pero respetando su propiedad intelectual.
Se sabe que Ngozi Okonjo-Iweala –conocida internacionalmente por ser una negociadora “implacable”– tiene la firme intención de “torcer el brazo” de los dirigentes de los gigantes de la industria farmacéutica para obligarlos a vender licencias voluntarias a un amplio espectro de fabricantes esparcidos en el planeta y exigirles que lo hagan en términos comerciales decentes.
Según datos de la UNICEF, sólo se utiliza 43% de las capacidades mundiales de producción de vacunas para fabricar las de anticovid que ya han sido homologadas.
Consciente de la determinación de la directora general de la OMC, Boris Johnson, primer ministro de Gran Bretaña que preside el G7 en 2021, se apresuró a invitarla a participar en la próxima cumbre del Grupo de los Siete, que se realizará del 11 al 13 de junio próximo, en el elegante balneario de Carbis Bay, en Cornuallas, siempre y cuando el coronavirus permita ese reinicio de grandes juntas presenciales.








