El Memorial de la salud

(Los textos a continuación corresponden a testimonios de mujeres artistas participantes para el gran pendón del Memorial: Héroes Frente al covid, proyecto de Claudia Méndez, que hasta el momento cuenta con un centenar de obras).

“Ella está”, de Aliria Morales

Para la enfermera Antonia Hernández González, de Xonacatlán, Edomex.

Ella cura las heridas, todas, también las del alma, y lo hace en silencio, sin notarse: Ella está. A eso lo llamo inteligencia altruista. Ella es la columna vertebral de un hospital, sin ella no existiría el hospital; ella está en todo momento y en las madrugadas es ella la que vela. Sin ella, la estructura se derrumba: es la personalidad más noble que existe en la medicina. Y es la que realiza el trabajo rudo: Ella está por encima de todo en un hospital, sin que ella se note.

Cuando leí tu nombre, te imaginé rota por el patriarcado, así, fragmentada como tantas mujeres mexicanas, te pienso azul, del color del amor. Mujer rota partida en dos, dividida siempre. Los hilos rojos representan tu dolor y la sangre de los enfermos que con amor hoy te reconstruyen uniendo tus pedazos, dándote las gracias; así como yo con toda mi admiración a tu vocación, la más noble y generosa de todas.

“Gracias”,

de Eddy Salgado Cervantes

Realizar una obra como homenaje a una excepcional persona que no conocí, y que sin embargo tuvo un papel determinante en el transcurso de esta contingencia epidemiológica, fue algo difícil y complejo, ya que no encontraba el momento específico en el cual podía coincidir con alguna vivencia del personaje y representarla. Sin embargo, su cotidianidad tenía que estar presente de alguna manera y alcanzar a ser representada por medio de la pintura.

Los sentimientos que comenzaron a abordarme fueron enlazando una enorme trama de pensamientos de dolor y pesar y, paradójicamente, también de placer y satisfacción al estar por primera vez cercano a un héroe real de carne y hueso.

La obra Gracias intenta representar un momento del quehacer del doctor Juan Carlos Martínez Casarrubias, como una sola acción de todas las acciones posibles que pudo haber realizado en un día de trabajo cotidiano, esa acción precisa en su labor de cualquier día cuando estuvo luchando contra el terrible virus. Por esa acción de algún día que él realizó sin miedo y fue determinante en la vida de otro ser: ¡Gracias!

“Alegoría de la vida”,

de Gabriela Medrano

Mi mente me lleva a imaginar que descansas en mi regazo. Me siento muy triste, quisiera poder estrujarte fuerte y sentir el latido de tu corazón junto al mío, pero… no puedo. Busco afanosamente tu rostro a través de imágenes que alguien capturó de héroes como tú y me quiebro. Soy testigo del dolor que les aqueja, no obstante, me doy cuenta que irradian una fuerza inquebrantable. Poseedores de enorme temple y bondad, su entrega traspasa las imágenes. Corro a mi estudio sintiéndome vacía y frente a mi caballete dejo que mi alma dirija al pincel, plasmando en un lienzo lágrimas transformadas en óleo. Quiero recordarte, aunque ya estás en mis más entrañables recuerdos. Hubiera deseado salvarte, pero no pude, no supe cómo; me siento culpable, no debiste haberte ido así, debí luchar con más vigor y coraje, gritarle a todo el mundo que estabas en peligro, cuidarme más para no enfermar, usar el cubrebocas, evitar contagiarte, debí hacer tantas cosas, pero no las hice; no luché lo suficiente, me faltó valor. Hoy mi corazón está roto, lo diste todo, hasta tu propia vida por mí y por todos. Has trascendido, confío en que mis palabras hagan eco y lleguen a ti. Hoy lloro por tu partida, desearía que estuvieras aquí para abrazarme y enjugar mis lágrimas. Quisiera mirarte a los ojos, pedirte perdón y decirte: Gracias, doctora Rocío López García.

“La última Moira”,

de Jazmín Cato Cortés

No imaginaba lo conmovedor que sería dedicarle una imagen a un colega que nunca conocí y con quien nunca podré hablar. La actividad consistía en hacer un dibujo en un trozo de manta de 40 x 40 cm. Recibí el nombre y una foto de su rostro que me miraba con una sonrisa tímida y delicada. Lo primero que vino a mi pensamiento fueron las Moiras: Cloto, Láquesis y Átropos, dueñas del destino de los mortales en la mitología griega, según la cual estas tres diosas dirigen la vida de cada ser humano con una hebra metafórica que la primera hila, la segunda enrolla, y la tercera corta al final de su existencia.

Así que de entrada preferí no dibujar, sino bordar el nombre del doctor para representar su vida que atraviesa la ventana del hospital rumbo al encuentro con las implacables tijeras de Átropos y los coronavirus que decidieron su muerte. Luego, la hebra del desprendimiento de su espíritu en el cielo; las letras con el blanco de la profesión médica y el fondo negro del luto de su familia, el de sus pacientes, el de todos nosotros. Después reflexioné en la vida tras de sí y cómo plasmarla. La de los enfermos que atendió: algunos atrapados aún en la angustiosa burbuja, en la escalofriante burbuja del coronavirus SARS-CoV-2; pero con la mirada hacia un sereno amanecer, en silenciosa despedida, acompañándole, agradeciéndole.

Al final se me ocurrió la flor, la que logra escaparse de la burbuja, la que desafía la muerte, la que crece resiliente desde el fondo del negro abismo como la vida de los enfermos que salvó y se han curado. Una flor clara e imperturbable, como ofrenda, como recordatorio, como esperanza, como feliz certeza. (Ensenada, B.C., noviembre 2020.)

“Al sanador de Papantla”,

de Claudia Chapou

Participar en este homenaje me hizo sentir más admiración por el valor que han tenido tantos médicos, y a la vez me ha dado tristeza. Mi pintura es un retrato del doctor veracruzano Francisco Olmedo, de Papantla, donde trabajaba en un hospital del IMSS. Papantla me hizo recordar a sus Voladores, quienes me dan la idea de ser unos ángeles, así que decidí pintarlos con esa idea, todos en el cielo y ellos lanzando rosas al médico sanador de Papantla.

“Lolita, como una hoja al viento”,

de Patricia Quijano Ferrer

Sus compañeros de trabajo la llamaban cariñosamente Lolita. Ella fue la primera víctima fallecida por covid-19 entre el personal de Salud de Gómez Palacio, Durango. Instituciones como el ISSSTE y el IMSS están sostenidas, literalmente, por personas como la jefa de enfermeras Dolores González Trejo, quien por más de 38 años brindó su cariño y dedicación a miles de personas en una institución pública de este país.

Quienes hemos contado con personas cercanas que han laborado en estas instituciones somos testigos del esfuerzo y vocación que implica tan dura labor: México está compuesto de muchas Lolitas, Leonores, Guadalupes o Katys, quienes soportan todos los días cargas desmedidas de trabajo y todo tipo de privaciones materiales. Ellas literalmente otorgan su vida para que muchos de nosotros recuperemos nuestra salud.

“Flores para tu corazón”,

de Claudia Méndez

Nunca debemos olvidar el sacrificio del personal del Sector Salud que durante esta pandemia luchó hasta el último momento y antes de partir al descanso eterno fue parte del pilar fundamental para salvar muchas vidas.

Son las familias de estos Héroes de Bata Blanca los que se llevan la peor parte, porque un médico, una enfermera, un paramédico, un camillero podrá ser reemplazados, pero nunca se podrá reemplazar a un padre, una madre, un hijo, un hermano. El Sector Salud del mundo entero está de luto y todos debemos unirnos para honrar y reconocer a todos los que hoy ya no están a nuestro lado, hacer lo necesario para apoyar a quienes siguen luchando por salvar vidas, esperando logren vencer la batalla.

Flores para tu Corazón es el homenaje para el doctor Ramón Celestino Sánchez Garay.

“Por siempre en la memoria”,

de Daniela Negrete

El corazón es un órgano de tipo muscular que se encarga de bombear la sangre a todo el cuerpo y, por esta razón, también es asociado de forma simbólica al núcleo de las cosas, a la vida, a sentimientos nobles, al amor y al sacrificio. La imagen representa un corazón que sangra, que pierde su valioso líquido rojizo para nutrir las flores que crecen alrededor de él: elementos orgánicos que se relacionan y crecen entre sí.

Por siempre en la memoria es el homenaje para el doctor Francisco Pérez King y a los médicos que, como él, transmitieron la vida de un corazón a otro y dieron esperanzas a quienes los rodearon.

“Homenaje enfermero”,

de Olinka Domínguez

Me involucré en este proyecto porque yo siempre pensé que la literatura de ciencia ficción, que tanto me gusta leer, sin duda me habría preparado para los cambios que vendrían en un muy posible escenario como este que estamos viviendo. Pero por desgracia ningún libro me hubiera podido preparar lo suficiente para darme cuenta de que, llegado el momento, pudiésemos llegar a atacar e incluso privar de la vida a quienes, arriesgando la suya propia y la de su familia, cuidasen de nosotros en momentos tan difíciles y tan inciertos.

Considero que nada justifica historias como la del joven enfermero Cristian Marcelino Trinidad Francisco. Creo que, así como el arte refleja nuestra realidad, sirve también de antídoto ante la indiferencia, pues obliga a ver desde los ojos del otro, y este acto de compartir la mirada hace imposible no ver hacia el interior de uno mismo.

“Homenaje”,

de Rocío González Páez

Los primeros días era un cuento exótico, alguna nota curiosa y un rumor que podía pasar como algo falso que ocurriera en otro tiempo y otro espacio. Círculos concéntricos avanzan desde el exterior, se desenvuelven uno a uno y los ves cada día más cerca. “No te alarmas, eso es en otro continente, otros países, otras personas que viven muy lejos de ti”, te repites para no alarmarte, como si se tratara de otro planeta.

De pronto sabes que también pasa en tu país, en tu estado, en tu ciudad; aunque son todos extraños hasta que éste mal toca a un personaje famoso, luego a alguien a quien tú conoces, alguien a quien has querido… Ese es el punto en el que descubres que cada vez los aros de la pandemia te están cercando. Que se aproximan más y más. Después sigue un amigo, un hermano. La realidad te atrapa.

Las noticias hablan ahora de una “nueva normalidad”. Una en la que mujeres y hombres nos volvemos guerreros para sobrevivir con todo en contra, en donde el miedo se vuelve violencia y habita dentro de las casas. El enemigo invisible se aproxima y es contra quien se debe luchar; ir contra la negligencia, retar a la indiferencia, denunciar a la discriminación, desterrar la desigualdad laboral, el abuso, el terror.

La pandemia nos confina obligándonos a proteger la última burbuja de este universo concéntrico, donde reside lo más sagrado. Y cada día nos preguntamos: ¿Qué tiene de nueva esta normalidad que nos aniquila?