La Maldita Primavera de Maradona en México 86

Raúl Ochoa

Héctor Miguel Zelada, exjugador del América, compañero y confidente de Diego Armando Maradona en el Mundial de 1986, comparte detalles sobre la intimidad de la selección albiceleste durante su concentración en México, país donde el Diez despegó su fulgurante trayectoria internacional, pero donde también dio –décadas después– uno de sus últimos pasos por el futbol como entrenador. “Por orden de Maradona sólo escuchábamos a Yuri (…) Yuri era nuestra cábala”, recuerda en entrevista el exportero argentino.

Tiempos mejores fue más que una simple casualidad en el gusto de los 22 jugadores argentinos, campeones de la Copa del Mundo de México 86.

La popular canción, interpretada por Yuri, fue lo primero que escucharon los festivos seleccionados de la albiceleste, capitaneados por Diego Armando Maradona, apenas abordaron el transporte oficial tras vencer 3-1 a Corea del Sur en el Estadio Olímpico Universitario. Era el primero de siete juegos del combinado argentino en el torneo que afianzó a su capitán como uno de los mejores futbolistas de la historia.

Tan proclives a perseguir la buena suerte a como dé lugar, los jugadores y cuerpo técnico de la albiceleste realizaron todo el trayecto del estadio a las instalaciones del Club América acompañados con las melodías de la cantante jarocha. A ratos ponían Yo te pido amor, luego Yo te amo y después Maldita Primavera… Así se la pasaron con el casete a todo volumen hasta que llegaron a su destino. Era el playlist de los campeones.

“Por orden de Maradona sólo escuchábamos a Yuri durante el traslado en el camión, desde que salíamos de la concentración y hasta el estadio. Yuri era nuestra cábala”. Así narra uno de los imborrables momentos el exportero americanista Héctor Miguel Zelada, amigo, compañero y confidente de Diego Armando Maradona, capitán de la selección que a la postre levantó la Copa del Mundo el 29 de junio de ese año.

Zelada se convirtió en punto de referencia del cuerpo técnico y de sus compañeros, ya fuera porque el representativo de su país eligió como sede oficial la casa club del América, donde el guardameta entregó sus mejores años de futbolista entre 1979 y 1987, o en función de guía, como en el caso de Maradona. “¿A dónde nos vas a llevar ahora, Zelada?”, solía preguntarle Diego en los ratos de esparcimiento.

Las canciones de Yuri como cábala se hicieron costumbre cada vez que los seleccionados argentinos se tomaban un rato de distracción, cuando se trasladaban a la Plaza Perisur, al restaurante Mi Viejo, en la colonia Polanco, o durante los paseos permitidos por el entrenador Carlos Salvador Bilardo.

“Teníamos nuestras costumbres. Siempre, una vez por semana, cenábamos en Mi Viejo, que era del gordo (Eduardo) Cremasco, un excompañero de Bilardo en la época de Estudiantes. También, por ejemplo, el día anterior de cada partido había una salida obligatori a un shopping llamado Sanborns o algo así. Lo habíamos hecho antes del primer partido, contra Corea, y no lo podíamos cortar…”, describe el capitán de Argentina en el libro de su autoría: Yo soy el Diego.

“Cuando por fin nos instalamos en la concentración del América, en el Distrito Federal, me di cuenta, así como un flash, que todo lo que pensaba no era un sueño nada más. Íbamos a ser campeones del mundo”, agrega Maradona en el referido libro.

Fue aquí, en México 86, donde Diego Armando Maradona, de paso exitoso por Boca Juniors, Barcelona y Nápoles –con el que ganó una Copa de la UEFA y los dos Scudettos que ostenta el club–, materializó la mejor actuación individual en la historia de los mundiales.

Como una vida de película, en suelo azteca fue también donde marcó los goles que lo inmortalizaron: la controvertida acción que dio origen a la llamada “Mano de Dios” y la mejor anotación –“una obra de arte”, según la califica su compañero de selección Jorge Valdano– frente a Inglaterra en los cuartos de final (2-1), victoria que permitió a los argentinos recuperar parte de la moral de su país, golpeada debido a las víctimas en la guerra de las Malvinas.

“Soy un tipo normal que, por hacerle un golazo a los ingleses, que nos mataban a los pibes en Malvinas, hoy todo el mundo me reconoce porque el abuelo se lo contó al hijo y el padre se lo contó al hijo. Por eso soy un conocido, pero soy un tipo totalmente normal”, contó Diego a TyC Sports en su oportunidad.

En México 86 surgió la leyenda de Diego Armando Maradona; en ese torneo fue capaz de darles a los argentinos la alegría más grande, representada en la armonía de la estética de su juego y la efectividad de su zurda privilegiada.

Maradona, dice Héctor Miguel, llegó a México con la firme determinación de ser el mejor jugador del mundo y de ser campeón del mundo. Maradona llegó física, mental y futbolísticamente hablando en las mejores condiciones.

“Él sabía que tenía que ser su Mundial porque venía de no haber tenido una buena participación en España 82. Toda esa mentalidad que él traía nos las contagió a todos. Fue nuestro director de orquesta con unos buenos músicos. Estos buenos músicos le teníamos respeto, admiración y la obligación de no fallarle, no sólo al técnico, sino a él, porque Diego Armando sabía que tenía que salir campeón”, dice.

Para llegar a eso, explica, “tienes que reunir todo: futbol y disciplina. Él ponía el ejemplo, en todo caso… Así compartimos dos meses. La selección argentina fue la primera en llegar a México, justamente en las instalaciones del Club América, y fuimos los últimos en irnos”.

“Diego me dio todo”

En plena guerra de las Malvinas Argentina llegó al Mundial de España 82 como la gran favorita, después del título obtenido en casa, en 1978. Acudieron a la cita la mayoría de los campeones mundiales –Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Osvaldo Ardiles, Américo Gallego, Mario Kempes, José Valencia y Luis Galván–, dirigida por César Luis Menotti, el entrenador que levantó la copa en 1978.

Además, se había agregado a Diego Armando Maradona. Pero la albiceleste fue eliminada en la segunda fase por Italia –a la postre campeón– y Brasil. Todavía Maradona disputó una parte del mundial de Estados Unidos en 1994, del que se marchó envuelto en el escándalo tras dar positivo a un control antidopaje que le costó un castigo de 15 meses, el segundo en su vida.

Tras clasificarse con apuros a la Copa del Mundo de México 86, en la última jornada de las eliminatorias sudamericanas, y cuestionada por el bajo rendimiento mostrado en el proceso de preparación, Argentina levantó su segundo título de la historia de la mano del Diez.

Primero, superó la fase de grupos con victoria sobre Corea del Sur (3-1), empate con Italia (1-1) en el Estadio Cuauhtémoc de Puebla y triunfo ante Bulgaria (2-0) en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. En octavos de final eliminó a Uruguay (1-0) en el Cuauhtémoc, y en cuartos de final se impuso a Inglaterra en el Azteca, donde también superó a Bélgica (2-0) en semifinales.

En la final Argentina derrotó 3-2 a Alemania. José Luis Brown y Jorge Valdano adelantaron a la albiceleste, pero los alemanes igualaron por cuenta de Karl-Heinz Rumme­nigge y Rudi Völler, este último a los 80’. Tres minutos después hubo una genialidad de Maradona, quien asistió entre defensores a Jorge Burruchaga, para el gol que significó el título.

Campeón en el Mundial Sub-20 en 1979, Diego Armando, en su mejor expresión futbolística, coronó la obra en México 86 como goleador del equipo, con cinco anotaciones, y el botín del mejor jugador del Mundial.

“¿Qué hizo distinto a Diego Armando Maradona?, su personalidad, su carácter distinto, su momento y el convencimiento de ser el mejor. Eso nos los transmitió a nosotros con sus actuaciones”, considera Héctor Miguel Zelada, entonces portero suplente de Argentina.

“Él me dio la oportunidad… él me dio una Copa del Mundo, él me dio todo lo que los futbolistas anhelamos. Como en toda profesión, los jugadores nos trazamos metas: quería ser futbolista profesional y jugar en el mejor equipo. Fui campeón con América, seleccionado argentino y campeón del mundo. Y él me dio la Copa del Mundo.

“Siempre lo he dicho, lo sostengo y lo mantengo: para mí, Diego Armando Maradona es simplemente el mejor del mundo. No lo digo por ser argentino y compañero. Con todo respeto para Pelé, Messi y Becken­bauer, Maradona es el rey, aunque ese mote lo tenga Pelé.”

Declive

En la vida de Maradona, quien llegó de un barrio humilde, Villa Fiorito, y después fue considerado el más grande del futbol a la par de Pelé, también está el otro aspecto que no da lugar a discusión: el declive de su magia y la manera en la cual ésta sucumbió asfixiada por los excesos.

En el año 2000 el llamado Pelusa o “D10S”, para los argentinos, sufrió una crisis cardiaca por sobredosis mientras vacacionaba en Punta del Este. Alejado de los reflectores se refugió en La Habana, invitado por su amigo Fidel Castro, para continuar el tratamiento.

Después, en 2004, con notorio sobrepeso fue alcanzado por otra crisis cardiaca y respiratoria en Buenos Aires. Meses después fue sometido a una cirugía para reducir el peso, como parte de la imagen que pretendía proyectar en su breve faceta de conductor de la televisión argentina.

Fue internado en una clínica siquiátrica en dos ocasiones tras sufrir hepatitis tóxica en 2007. El hombre, que en Argentina alcanzó el estatus de deidad, volvió a reponerse, pero fue sumando altibajos en su estado de salud.

Su mayor logro como entrenador fue clasificar a Argentina al Mundial de Sudáfrica 2010, eliminada con cuatro goles por Alemania en los cuartos de final.

Diego debutó como entrenador en 1994, con el Mandiyú de su país. Al año siguiente dirigió al Racing y luego de entrenar a la selección albiceleste continuó su carrera con el Al Wasl (2011-2012), de los Emiratos Árabes, y con el Al Fujairah (2017-2018). En 2018 fue tendencia mundial cuando fue fichado por los Dorados de Sinaloa, en el extinto torneo Ascenso Mx.

Le fue tan bien a Maradona que, tras asumir el cargo en medio de una crisis del equipo, que arrastraba seis juegos sin triunfo, consiguió dos subcampeonatos en partidos que perdió ante el mismo rival: Atlético San Luis.

En junio de 2019 renunció a la dirección del equipo sinaloense, derivado de los problemas en su salud. “Lo que hizo Maradona en México con Dorados es impresionante: agarró a un equipo que venía de una mala campaña y lo llevó a la final, y al otro año lo condujo nuevamente a la final. Sólo él lo pudo hacer con su capacidad, con su personalidad, con su carácter, con su motivación”, dice Zelada.

En su breve paso por Culiacán, Maradona recurrió a su amigo Héctor Miguel: “Conviví con él mucho tiempo porque él me necesitaba como amigo, pero también como cábala. Somos supersticiosos y como él consiguió mucho en Culiacán también se ganó a la afición mexicana. Había muchos incrédulos, periodistas deportivos que no creían en Diego Armando Maradona, y se tuvieron que comer sus palabras”.

El ídolo argentino regresó a su país para ser intervenido del hombro y la rodilla. Dos meses después fue anunciado como entrenador del Gimnasia y Esgrima de La Plata. Asumió el cargo recién operado de las rodillas y apoyado en un bastón.

El viernes 30 de octubre, el día de su cumpleaños 60, coincidió con la primera jornada de la Liga Profesional de Futbol, en la que su equipo, Gimnasia, recibió a Patronato. Maradona estuvo presente para recibir el homenaje de la Liga Profesional.

Pero la imagen que dejó su deteriorado estado físico activó la alarma en su visita al estadio Juan Carmelo Zerillo: con dificultad para caminar, fue apoyado por dos asistentes y con la voz baja se le complicaba articular cada palabra. Fue la última aparición en público, la última vez que el astro argentino pisó una cancha de futbol.

Diego Armando fue internado el lunes 2 en la clínica privada Ipensa y fue operado de un hematoma subdural crónico, detectado por presentar un cuadro de anemia y un bajón anímico que se agravó en los últimos días. Recibió el alta médica una semana después.

El emblemático exfutbolista murió el miércoles 25 a los 60 años por un paro cardiorrespiratorio. La noticia fue confirmada a las 11:35 horas, tiempo de Argentina, por la Asociación de Futbol Argentino (AFA).

La muerte de Maradona “no posee más que características naturales” y en su cuerpo “no se advirtió ningún signo de criminalidad o violencia”, reportó John Broyad, fiscal general del departamento de San Isidro, provincia de Buenos Aires. 28