Trescientas horas de grabación durante 2017 y 2018 fueron editadas por Luciana Kaplan, con el apoyo de Valentina Leduc, para La vocera, película recién estrenada en el 35 FICG tapatío, donde las cámaras siguieron a la nahua jalisciense Marichuy en pos de su infructuoso peregrinar recolectando las firmas necesarias para ser votada en las elecciones presidenciales de hace dos años. Kaplan explica el arduo proceso fílmico, al tiempo que Marichuy manifiesta el desencanto de los pueblos nativos ante la 4T.
María de Jesús Patricio Martínez, mejor conocida como Marichuy, médica tradicional nahua de Tuxpán, Jalisco, se convirtió en la primera mujer indígena de México en aspirar a la presidencia.
Y si bien no logró las 886 mil 593 firmas para ser candidata (2018), en su recorrido por la nación consiguió visibilizar la mala situación de los pueblos originarios.
Ese panorama doliente se refleja en La vocera, tercer documental de Luciana Kaplan (La revolución de los alcatraces, de 2012, y Rush Hour, de 2017), a quien le tomó tres años y medio realizar la película estrenada en la 35 edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), efectuada del 20 al 27 de noviembre pasado. El filme inicia con la voz en off de la también defensora de los derechos humanos:
Siempre se ha luchado por el territorio. Las comunidades quieren seguir existiendo. Si la destrucción y la muerte es el progreso, pues estamos en contra. El progreso, ¿para quién?
Más delante en la cinta, argumenta Marichuy:
Me han dicho que surgimos para dividir el voto; pero desde que nos lo planteamos, no pensamos en eso. Lo que deseamos era dar a conocer la propuesta y la idea de por qué participamos en este proceso electoral, que más que llegar a arriba era a abajo, difundir cómo se encontraban nuestros pueblos…
Luciana Kaplan (Buenos Aires, Argentina, 1971) cuenta vía Zoom:
“Empezamos el documental en el 2017, cuando por primera vez en México iba a haber candidaturas independientes para la presidencia de la República en las elecciones del 2018. La idea de filmar fue de la productora Carolina Coppel, porque le parecía muy interesante que en el 2016 el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) acordaran lanzar a una indígena para las elecciones, y ser su vocera. Y me buscó”.
Después, Coppel conectó a los productores Mónica Lozano y a Eamon O’Farrill, agrega Kaplan:
“Son de esos proyectos ‘que te buscan’, y nos pereció muy interesante documentar ese proceso, único, de una mujer indígena proponiendo tópicos de los cuales ninguno de los otros candidatos mencionaba. Se efectuó la gira para conseguir firmas, llamar a la organización y escuchar a las personas”.
La cineasta porteña, residente en México desde 1975, resalta que el largometraje no trata sólo sobre Marichuy y el CNI, sino también de la lucha de varias comunidades del país que se encuentran en procesos de defensa por el despojo de sus tierras y agua; la destrucción del medio ambiente, contra el crimen organizado, la participación política de las mujeres, la discriminación hacia la mujer, “y la marginación y el racismo que sufren ellos mismos como indígenas”.
Coppel y Kaplan, acompañadas por la productora de impacto, Paola Stefani, se acercaron al Consejo Indígena de Gobierno del CNI para comunicar su interés en realizar el documental y así se aceptó que siguieran el recorrido de Marichuy con la cámara.
Un rodaje muy difícil
“Se grabaron trescientas horas –informa Luciana Kaplan–, de octubre del 2017 hasta febrero del 2018. Estuvimos editando más de un año”.
En la edición primero trabajó Valentina Leduc, finalizándola Kaplan, quien aclara que “Valentina estuvo mucho tiempo laborando, era muchísimo material y no queríamos un panfleto, sino mostrar a Marichuy y también a los demás indígenas de las comunidades.
“Yo pensé: ‘Me toca sentarme, conectarme con la película que quiero decir’ y acabé editando; pero hay un trabajo de Valentina muy fuerte… Todo nos gustaba, no queríamos quitar nada, y ni modo; hay que soltar para que se cuente esto. Fue un rodaje muy difícil, muy colgado. Muchas carreteras y muchos viajes. El 80% de la película está filmada fuera de la Ciudad de México. Conocimos el país desde otro punto de vista”.
Kaplan estudió dirección en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y espera que el documental salga en los cines para el año que se acerca:
“Como tenemos Eficine, hay que estrenar en salas a fuerza y eso es lo bueno, aunque aún no sabemos cuándo. La idea es que además haya proyecciones en las comunidades indígenas, se está organizando toda una gira en diferentes pueblos para el 2021 porque es muy importante ese público. En tiempos de pandemia nos estamos replanteando muchas cosas y los cuestionamientos que se conciben en la película tienen que ver con una forma de vivir, de pensar y de relacionarnos con el medio ambiente”.
Para ella, como está planteado nuestro mundo nomás “no funciona”. Se requieren cambios “muy radicales” y cree que “tal es justamente la visión de ellos, como dice uno de los personajes, [la indígena maya] Yamili Chan Dzul. Lo que nos va a hacer caminar no son las respuestas, sino las preguntas. Se trata de un largometraje personal”, especifica:
“Está inspirado en lo que nosotras creemos, sentimos y pensamos que debe ser una organización política basada en la gente, no en las grillas políticas sino en las necesidades de los pobladores y no nada más de México, pero de todo el mundo. La vocera es un filme que nos inspira el mensaje de quiénes son ellos y la importancia de mostrarlos a la población en general. Entre a más lugares llegue se entenderá que hay otra manera de ver el mundo, y que el autogobierno es una posibilidad y deben hacerse preguntas sobre el papel del Estado, el racismo, el clasismo y el patriarcado”.
En torno a la estructura de La vocera, explica:
“Lo importante es que existía una organización de la campaña que nos ayudaba a cómo armar de manera general el documental, mismo que sí posee una estructura cronológica desde que Marichuy fue anunciada como la vocera, hasta que finalmente no se consiguieron las firmas; pero además era trascendental mostrar de manera directa qué pasaba en aquellas comunidades y el por qué están luchando. Que el público no sólo escuchase un discurso, sino que viera y sintiera, en carne propia, lo que implica estar en estas comunidades y cómo los indígenas enfrentan sus conflictos”.
En contra del capitalismo
La jalisciense Marichuy (Tuxpan, 1963) señala a su vez por teléfono para Proceso cómo La vocera plasma “una actividad organizada por los pueblos, colectivos y organizaciones”, toda vez que “no fue únicamente labor de la vocera”, ya que la finalidad es dar a conocer esa actividad “a los hijos y las hijas y (hasta) a quienes no participaron en ella”. Al instante, enfatiza:
“Es decir, queda un antecedente muy importante de una propuesta de lucha por la vida y en contra del capitalismo”.
Expresa que se dieron cuenta de la necesidad de intervenir en las elecciones desde que cumplió 20 años el Congreso Nacional Indígena (creado hacia 1996), porque “la situación en los pueblos había empeorado y debíamos de mostrarla”. Agrega:
“Sentí que era una responsabilidad grande que encomendaban en mi persona y a la vez pensé lo que se vendría. En este andar fuimos testigos del racismo, clasismo y sobre todo, de que era un golpe directo contra el machismo el hecho de que participara una mujer indígena. Entonces, era la novedad, decían: ‘¡Cómo que ahora una mujer indígena quiere ser presidenta!, ¡Ella debe quedarse en su casa a barrer, cuidando a los hijos y a la familia!’… Yo trataba de no hacer caso; al contrario, me animaban todos esos comentarios, porque pensaba: ‘Si hablan, es porque pasa algo. Se están sacudiendo esas conciencias, estamos incitando a que la gente reflexione y vea que lo que pasa no está bien’. ¡Es necesario agitar todo esto para volver a acomodarlo como debe de ser!”.
En La vocera se capta a Marichuy trabajando ante una computadora. Ella muestra su celular, donde abundan mensajes racistas que le llegaron, por ejemplo: “Esa Marichuy se parece a la que limpia mi casa”; “Yo sí votaría por Marichuy, se ve que tiene experiencia para limpiar México”, o “¿Quién es Marichuy?” y “¿Por qué no está haciendo el pozole?”.
La reportera le menciona si el problema central en el documental es el despojo de las tierras que enfrentan los pueblos indígenas, ya sea por las grandes empresas o el narcotráfico, y entonces manifiesta:
“Desde siempre ha existido ese interés por las riquezas que hay en las comunidades y en los pueblos. Hay personas que solamente ven el valor económico por los minerales, el agua y los bosques, en fin. Eso se escuchó mucho en la gira. En unos sitios el despojo fue más agresivo, en otros menos”.
–¿Qué opina del proyecto Tren Maya? Porque incluso la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pide transparencia y respeto a los derechos indígenas.
–El Tren Maya forma parte de esta imposición de los megaproyectos y lesionará las tierras, va a contaminar, a modificar la forma de vida de las comunidades y a dividir. Es parte de todo este despojo que se viene trazado desde los años noventa con el Proyecto Integral Morelos hasta el sur…
Y al instante, advierte la lucha que se avecina:
“¡Se viene muy fuerte!”
Más tranquila, desglosa:
“Por eso los pueblos están alzando la voz, porque están en contra, porque les han mostrado un supuesto desarrollo para las comunidades que en realidad es desarrollo para quienes cuentan con el capital. ¡Pero a los indígenas no se les escucha! Según esto, se les consulta, ¡pero con preguntas amañadas, el fin es favorecer e imponer ese megaproyecto!”.
Según Marichuy, el crimen organizado se inserta en los megaproyectos:
“En el recorrido por el país la gente denunciaba al narco como respaldo para imponer los megaproyectos. De un lado, los pueblos pelean contra las grandes empresas, y del otro desafían también al crimen organizado, porque controla cada vez más las manifestaciones de las diferentes comunidades para revelar lo que allí sucede, por eso hay tantos asesinatos y desaparecidos”.
Rememora que durante su recorrido para lograr las firmas para su candidatura presidencial, la gente cayó en la cuenta de que “quedara quien quedara como presidente, la situación no iba a cambiar y nosotras escuchábamos ese dolor; pero igual [de fuerte] era la rabia y el esfuerzo por acabar con esos despojos que dan muerte a nuestras comunidades”.
La pandemia ha sido combatida por los mismos pueblos, solitarios:
“Ya se vio que los medios de salud son insuficientes. Igual, la gente de las comunidades no quiere ir al hospital pues expresan que van a regresar en una cajita… Entonces, se decide por reforzar lo que es la medicina propia, el uso de las plantas, el uso de técnicas que poseen para poderse curar, y se ha visto que les ha dado resultado, porque hay varios casos de gente con covid-19 que se ha curado con la herbolaria. Sí, han fallecido muchas personas; pero en las comunidades no tanto, porque se echa mano de este conocimiento ancestral indígena que se posee de muchos años atrás. Hay que proteger esa práctica milenaria y transmitirla a las nuevas generaciones”.
Es una sabiduría, afirma, que también se la han querido apropiar las grandes farmacéuticas para controlar su comercialización, “¡pero ni siquiera nosotros somos dueños de ese conocimiento porque es colectivo!”.
–¿Cómo evalúa estos dos años del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y la 4T para con los pueblos indígenas?
–Nada ha cambiado…
“Se decía que iba a ver una transformación para mejorar, y desde los pueblos eso no se ha visto. Hemos sido testigos que se agudizaron las muertes de los compañeros concejales por defender sus tierras, existe más despojo, hay más abandono. Allí están los hermanos otomíes que tomaron la sede del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), y sólo así han sido escuchados.
“Ya se vio el desalojo, por parte de agentes de la Guardia Nacional, a los campesinos de Apatlaco en las orillas del río Cuautla, que se encontraban en plantón por defender el agua y estar contra el Proyecto Integral Morelos”.
Finaliza, ratificando:
“No vemos un cambio para beneficiar a nuestras comunidades. Seguimos en la misma… Igual o peor”.








