Invitado a participar en la tercera mesa del Seminario de Patrimonio Cultural. Antropología, Historia, Legislación, el próximo 8 de diciembre, para hablar de la crisis por la pandemia y los problemas enfrentados por la ciencia, aun antes de que ésta estallara y tuviera impacto en sus presupuestos y apoyos, el biólogo Antonio Lazcano Araujo ofrece un adelanto de su evaluación que, categórico, resume:
“Es negativa.”
El especialista en el estudio del origen y la evolución temprana de la vida, miembro de El Colegio Nacional y premio Charles Darwin Distingished Scientist 2013, explica que contra todas las expectativas que muchos tuvieron, incluyéndose, ante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, no sólo no se ha dado el apoyo adecuado a la ciencia y la cultura en general, sino incluso ataques.
En su ensayo Transiciones políticas y desarrollo científico: notas y reflexiones sobre el caso mexicano, publicado en la revista Nexos y que forma parte del libro México 2019-2020. Balance temprano (Una visión desde la Izquierda), coordinado y editado por José Woldenberg y Ricardo Becerra, señala:
“Aunque nunca sabremos cuántos investigadores votaron por López Obrador, la esperanza de acabar con la corrupción y la violencia le ganó apoyos sólidos en el sector académico y científico. Seguramente muchos de los investigadores que votaron por él se deben haber sorprendido cuando en una de las conferencias mañaneras el presidente los describió como parásitos sociales que disfrutan de prebendas y grandes sueldos desde la comodidad de cubículos que los protegen y aíslan de la dolorosa realidad social. Junto con los artistas, creadores, escritores e intelectuales, los científicos fuimos presentado súbitamente como una suerte de mandarines cebados por privilegios políticos y caracterizados por un insaciable apetito por prebendas.”
Habla en entrevista del contexto poco favorable para el desarrollo científico, que percibe en tres puntos:
“Se refleja –en primer lugar– en la actitud antiintelectual que, desafortunadamente, ha tenido el presidente, denostando a los investigadores, a los creadores, como si fuéramos un grupo de parásitos que vivimos alejados de la realidad. Yo creo que tiene una idea muy incompleta, por decir lo menos, de lo que es el trabajo académico, intelectual y científico.
“En segundo término, diría que a esa actitud antiintelectual se le deben sumar las obsesiones religiosas que él tiene. No discuto que la gente practique la religión que quiera, pero en el momento actual la cultura y la ciencia requieren de una atmósfera secular para su desarrollo.”
Expresa que le preocupó mucho aquel acto realizado el 8 de junio de 2019 en Tijuana, donde López Obrador cedió el podio a un cura católico (Alejandro Solalinde) y a un pastor evangélico (el representante de la Confraternidad de Iglesias Cristianas Evangélicas, Arturo Farela). Además de que seguramente se violó la ley, dice, es necesario dar a la cultura y la ciencia una “atmósfera secular”:
“Históricamente, la ciencia se ha ido separando cada vez más de las religiones, y aunque su propósito no es demostrar si Dios existe o no, se requiere que desde los poderes más altos de la República se dé un ejemplo de laicidad, de secularismo.”
Añade en tercer lugar el hecho de que no hubo incrementos reales a los presupuestos de ciencia y cultura, sino incluso recortes efectivos. Por ejemplo, en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), el leve aumento ni siquiera consideró la inflación. Suma la desaparición de los fideicomisos, cuando “había mecanismos de fiscalización que se habían ejercido durante mucho tiempo y garantizaban que la propia Federación, la Secretaría de la Función Pública, etcétera, estuvieran vigilando que los gastos fueran los adecuados”.
Centralización
En ese sentido, el biólogo considera que el gobierno va a contracorriente de lo que han hecho los gobiernos de izquierda en el mundo. Piensa en el presidente francés François Mitterrand (1981-1995), que fue un gobierno socialdemócrata, o en el de Canadá, donde se ha apoyado mucho la ciencia, incluso en países como Inglaterra donde se ha hecho a través de fundaciones privadas “que han dado muchísimo más dinero para apoyar la investigación científica, la creación de plazas para científicos jóvenes, etcétera, y eso es exactamente lo que no vemos aquí”.
Pareciera que la pandemia resultó el pretexto para justificar los recortes, pero comenzaron desde el inicio mismo del sexenio. En su ensayo dice:
“El recuento de los recortes presupuestales ordenados por el gobierno, que incluyen la pérdida de derechos laborales de investigadores y limitan la renovación de la planta académica es alarmante y ha afectado, en forma brutal, no sólo a los CPI (Centros Públicos de Investigación), que dependen directamente del Conacyt, sino también a centros como el Cinvestav y al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). El arrinconamiento presupuestal y mediático debe ser visto como un indicador de la contracción brutal que está padeciendo el aparato científico y que no es más que un reflejo del desdén del gobierno actual por el trabajo académico…”
Y es que desde principios de 2019 se impusieron medidas de austeridad a diferentes organismos, entre ellos el Foro Consultivo Científico y Tecnológico.
Lazcano recuerda además que, en la historia de la ciencia, las evaluaciones y análisis a investigadores se han dado entre pares, con el propósito de alejar la ciencia y tecnología del poder político y del poder religioso. Hoy es justamente lo que no se ve, por el contrario, hay intentos por parte del Conacyt para no convocar al órgano consultivo y centralizar las decisiones, lo cual le resulta “absolutamente increíble”.
El científico mexicano está convencido de que la ciencia es fundamental para atender el problema de la pandemia:
“Hay una coincidencia a nivel mundial en que el problema de la pandemia sólo se va a resolver con ciencia, yo iría incluso más lejos, con la participación de la cultura porque cuando se piensa en ciencia se debe considerar la investigación académica, y ésta no incluye nada más la química, la biología, la física, etcétera.
“Uno ve los análisis, las propuestas académicas que han salido para enfrentar la crisis económica, para resolver problemas sociales, como la violencia contra mujeres y niñas, contra la marginación de indígenas en esta situación compleja de la pandemia, y corren mano a mano con la investigación en química, física, matemáticas, para desarrollar modelos, para hacer pruebas y buscar vacunas, para encontrar terapias.”
Por ello insiste:
“No veo cómo se pueda enfrentar la crisis de la pandemia –que para mí es la principal en este momento, de las que enfrenta el país–, si no se tiene un apoyo decidido. Y no es sólo económico, aquí lo importante es el apoyo político: reconocer que la ciencia es un componente esencial de la cultura contemporánea en cualquier sociedad.” 28








