México-Estados Unidos: cordialidad o distanciamiento

México se aproxima al final de uno de los años más tortuosos que me ha tocado vivir. A los problemas que están en el horizonte, como son una pandemia fuera de control, una situación económica de extrema precariedad y una violencia desbordada, se suma la incertidumbre respecto a la cordialidad o el distanciamiento que existirá entre los gobiernos de México y Estados Unidos. Al momento de escribir estas líneas, México sigue siendo uno de los pocos países que no ha felicitado al presidente electo Joe Biden. No se trata de una falta de protocolo; se trata de una omisión que puede tener costos serios para el futuro del país.

La orientación seguida por el nuevo gobierno en Estados Unidos puede afectar, positiva o negativamente, la vida de millones de trabajadores migrantes; el futuro de las principales empresas manufactureras de exportación que existen en el país; las posibilidades, o no, de combatir al crimen organizado; las crisis humanitarias existentes en las zonas fronterizas y la posición de México ante otros países y regiones.

A pesar de los efectos que decisiones tomadas en Estados Unidos tienen sobre México, las relaciones formales se encuentran en un compás de espera. Llama la atención que no se busquen los caminos para tener buen entendimiento con quien será el inquilino de la Casa Blanca a partir del próximo 21 de enero. ¿Cuáles son los antecedentes de esa reticencia a felicitar a Biden? ¿Cuáles son las áreas en las que es necesario estar preparados para entenderse mejor, o distanciarse de la nueva administración estadunidense?

No coincido con quienes advierten una relación causa efecto entre el asunto del general Cienfuegos y la decisión de no felicitar. El asunto Cienfuegos se relaciona, ante todo, con las relaciones militares entre México y Estados Unidos –bastante más estrechas de lo que se piensa a primera vista– y el grado en que ambos mandos castrenses resintieron la actuación de la Agencia para el Control de Drogas (DEA). No es la primera vez que el comportamiento de dicha agencia, dedicada principalmente a operaciones encubiertas, entra en conflicto con otras agencias relacionadas con la seguridad en Estados Unidos, como son los servicios de inteligencia ligados al Pentágono.

Las relaciones militares, que crecieron considerablemente desde comienzos del presente siglo y cuyos detalles han sido poco estudiados por analistas de la relación México-Estados Unidos, son la clave principal para entender la decisión del Departamento de Justicia de retirar los cargos al exsecretario de Defensa “por circunstancias delicadas e importantes de política exterior”. Tales circunstancias se refieren, implícitamente, a mantener la buena cooperación que hoy existe entre la Defensa, Marina y diversas agencias de inteligencia bien vistas por los mandos militares en Estados Unidos.

En tales circunstancias, el motivo que me parece más convincente para entender la decisión de retrasar la felicitación a Biden es una experiencia personal del presidente López Obrador: las elecciones de 2006 en México, sobre cuyos resultados sigue persistiendo la incredulidad y la desconfianza. El papel que desempeñaron algunos gobiernos extranjeros al apresurarse a felicitar a Felipe Calderón, sin que hubiera certidumbre sobre los resultados electorales, quedaron grabados como una ofensa imperdonable en los sentimientos de AMLO.

Lo anterior es comprensible e inquietante. Sobreponerse a los agravios del pasado es lo que se espera de un jefe de Estado que tiene grandes responsabilidades con el presente. Evocar otras épocas para tomar decisiones urgentes ante los complejos momentos que estamos viviendo es una de las tendencias más perjudiciales que se advierten en la llamada Cuarta Transformación. Ojalá la felicitación a Biden llegue pronto.

Mientras tanto, Biden ha comenzado ya la designación de miembros importantes de su gabinete en materia de política exterior y seguridad nacional. Como una primera reacción nos detenemos en dos de esos nombramientos que son de importancia para la relación con México: el del encargado de la Agencia de Seguridad Interna (Homeland Security Office), el cuerpo burocrático más grande que existe en el gobierno de Estados Unidos.

El nuevo secretario es Alejandro Mayorcas, un inmigrante de origen latino, quien tendrá a su cargo, entre muchas otras, las decisiones en materia de migración, tema fundamental para México en el que se esperan cambios importantes de forma y fondo. Desde luego cambiará la narrativa y el enfoque antimigrante de Trump, poniendo fin a los llamados para la construcción de un muro, condenando prácticas tan crueles como la separación de padres de sus hijos, prometiendo una reforma migratoria que abra la puerta para la ciudadanía de millones de trabajadores indocumentados y reformando el sistema de asilo que, entre otras cosas, prevé el envío a México de quienes esperan la respuesta a su solicitud por parte de las autoridades estadunidenses.

Ahora bien, lo anterior no significa que sea viable esperar una acogida favorable a todos los que desean entrar a Estados Unidos desde la frontera con México. Un nuevo entendimiento significa replantear los programas que el gobierno mexicano ha aceptado, entre otros, usar la Guardia Nacional para contener centroamericanos y otras nacionalidades en tránsito hacia Estados Unidos. ¿Estamos listos para entendernos sobre el tema migratorio en otros términos? ¿Cuál es la visión del actual gobierno sobre cómo se desea reorientar el tema migratorio?

El segundo nombramiento con implicaciones importantes para México es el de John Kerry como miembro del gabinete de seguridad nacional y política exterior dedicado, específicamente, al problema de cambio climático. Ese tema atravesará la política exterior de manera transversal convirtiéndose en elemento importante de decisiones relativas a promoción de inversiones, medidas comerciales, acuerdos bilaterales, encuentros presidenciales, etcétera. Los llamados para el uso de energías alternativas y el objetivo de eliminar el uso de combustibles fósiles adquiere nueva dimensión con el gobierno de Biden. Un problema que el gobierno de López Obrador deberá sortear sin romper la buena vecindad.

Los ejemplos anteriores son un botón de muestra de lo mucho que interesa entrar en contacto con los equipos del gobierno de Biden, la urgencia de tener en México un buen grupo intersecretarial, conducido por la Secretaría de Relaciones Exteriores, destinado a fijar objetivos estratégicos de la relación con Estados Unidos bajo un nuevo gobierno. El canciller Marcelo Ebrard acaba de dar pruebas de su gran habilidad diplomática para resolver el problema del general Cienfuegos. El reto ahora no es apagar incendios, sino concebir una estructura de toma de decisiones lo suficientemente sólida para lidiar a largo plazo con el país que mayor influencia ejerce en la vida interna de México.