La pandemia continúa y la danza también. Este mes se estrenó, mundialmente, Time for time de la compañía canadiense Marie Chouinard, a través de Zoom, la popular aplicación de videollamadas en la situación actual.
Formó parte de las nuevas propuestas de danza en línea con uso de tecnología remota y fue transmitida por la cuenta institucional Teatros Ciudad de México en Facebook, cuyo foro más grande –el teatro Esperanza Iris– recibió a dicha agrupación el año pasado, donde presentó El jardín de las delicias (2016), una escenificación de esa pintura renacentista de El Bosco.
La asistencia al estreno del pasado se intercambia por la asistencia virtual a la premier del presente sin precedentes, la cual involucró al espectador en una serie de pasos en el caso de Time for Time: Primero, localizar el sitio oficial en internet de la compañía de danza; después, agendar la fecha de conexión; posteriormente, recibir por correo electrónico los pormenores de la experiencia virtual de danza. Y, muy importante, saber con precisión la zona horaria del país desde donde se sintonizaría el estreno –pues se trataba de un evento mundial–. Esta pieza en pandemia solicitó mucho del público y de su dispositivo de comunicación.
Dentro de esos detalles pedidos al espectador, había uno sinigual para la situación de trauma vivida en todo el orbe: participar en línea –si se quería– compartiendo un deseo personal a alguna de las bailarinas o bailarines de la compañía con sede en Montreal.
Vía Zoom, en modalidad sincrónica, el artista bailaba –con la percepción corporal que utiliza un médium– el deseo sincero recibido. Lo traducía al lenguaje de una danza de cualidad tribal, acompañado de gesto y sonido –durante la relación personalizada entre el bailarín y el espectador frente a la pantalla–, tal como ofrecía la propuesta canadiense en la comunicación electrónica previa al evento.
La distancia del aislamiento social se acortó y la empatía atravesó las pantallas.
Resultó interesante conocer los deseos profundos de habitantes de otras latitudes y edades diversas en pandemia. Se pedía, por ejemplo, relajar los músculos, liberarse del peso de todo, tener equilibrio y dejar la rigidez, no sentir rabia o frustración, deshacerse de bloqueos y tensiones familiares, superar la depresión y el miedo a estar encerrado.
¿Son los problemas comunes en el mundo hoy? Otras aspiraciones eran diversión con gente, unión para siempre, amor a sí mismo, recursos para sobrellevar esta situación, que la danza no pare, oxígeno, redescubrir la fuente de estar juntos, conexión con la sabiduría de la naturaleza, sentir tranquilidad y paz, compasión e inspiración, volver a la alegría y tener confianza en el futuro.
Los sueños no eran materiales y hasta hubo conectados que expresaron dos.
La obra de carácter participativo brindó un espacio virtual para el desahogo emocional y el encuentro sensible en línea. A pesar de que la pantalla está consumiendo tiempo y energía de la población mundial, esta pieza duró –sorprendentemente– más de dos horas. En la Ciudad de México eran las siete de la mañana cuando el estreno comenzó, inusual en una premier de danza.
Fue sencilla, clara. Y empleó la tecnología con sentido humano, porque el bienestar está siendo más relevante que el arte por sí mismo durante esta crisis pandémica.
La memoria digital de Time for Time puede encontrarse en la cuenta @TeatrosCdMexico de Facebook. Y el dibujo abstracto de su imagen oficial es de la propia Marie Chouinard, directora de la compañía fundada en 1990.








