Luto por Luis Prieto Reyes (1929-2020)

 

Querido Luis, tu partida por el negro Ponto, pero en nave de plata y serpientes como un Ce Ácatl Topiltzin de Tula, arranca un tajo enorme de la memoria mexicana.

Luis Prieto Reyes fue un testigo universal y un puntual cronista de todos los hechos impresionantes del siglo XX. Contaba cómo, a los 12 años, bajo el estruendo de la segunda gran guerra, partió en bicicleta desde París con rumbo a Italia, pasando por pueblos y ciudades aún humeantes por las batallas. El niño guardó en su memoria esos hechos con las preguntas y respuestas que él se hacía en su comunicación con gente que iba y venía bajo el desconcierto de la catástrofe. También guardó su postura de antifascista y su profunda convicción de socialista, que sostuvo toda su vida.

Volvió a México a las manifestaciones antiimperialistas del centro de la ciudad, vio el panorama del país pobre y oprimido con sus indios marginados y sus proletarios e indigentes urbanos, y poco a poco se fue acercando al general Lázaro Cárdenas, quien de inmediato observó en el joven las chispas de su vivacidad e inteligencia y lo adoptó desde entonces como una suerte de secretario privado.

Luis contaba que, volando en una avioneta sin ventanas, leía para el general el fajo con la correspondencia de diaria revisión, entre ella telegramas y cartas donde un tal Lev Davidovich Bronstein (Trotsky, el nombre de su carcelero en Siberia, con el que pudo escapar de su primer exilio en 1900) solicitaba asilo político en México, negado en otros países europeos y americanos. El presidente Cárdenas pidió que le leyera algo de los artículos y libros del revolucionario, lo que el joven Prieto hizo de inmediato, y al terminar se sorprendió por la rápida decisión del mandatario: se concedía el asilo para el creador del Ejército Rojo de la Unión Soviética.

Frida Kahlo, en el puerto de Tampico, recibiría a Lev el 9 de enero de 1937.

Luis Prieto coordinó el Centro de Estudios de la Revolución Mexicana Lázaro Cárdenas AC, creado en 1976 en Jiquilpan, Michoacán, lugar de nacimiento del general Cárdenas, que celebra año con año en octubre las Jornadas de Occidente. Allí se reúnen en congreso muchos investigadores de historia, sociología, antropología, economía y demás disciplinas, para analizar la historia y los procesos políticos del país. El Centro, en su Biblioteca y Archivo, resguarda toda la correspondencia y publicaciones respecto de la llegada y asilo de Trotsky, además del acervo mayoritario del archivo del general Cárdenas, del general Francisco José Múgica, y copia de las publicaciones de la época.

En el Centro de Estudios de Jiquilpan se desarrolla una labor permanente de investigación histórica y de los problemas políticos contemporáneos de México, que es imprescindible para el conocimiento de nuestra problemática nacional, con la participación de las más importantes instituciones, como son los institutos de Investigaciones Históricas y de Investigaciones Antropológicas, las facultades de Economía y de Filosofía de la UNAM; la Dirección de Estudios Históricos, la Coordinación Nacional de Arqueología, la Dirección de Etnohistoria, los museos Nacional de Antropología y de las Culturas del Mundo del INAH; así como el CIESAS y El Colegio de México; en fin: lo más importante de la investigación histórica y antropológica de México, con la distinguida participación de sus equivalentes en los estados de Michoacán, Jalisco, Tabasco, Yucatán y muchos más. 

Toda esta paciente organización de estudios, congresos, archivos y biblioteca tuvo como presidente fundador a Cuauh­témoc Cárdenas, pero estuvo a cargo de Luis Prieto Reyes y de su asistente Guadalupe Ramos, con pocos recursos pero con gran y admirable tenacidad para mantener en funciones, no obstante adversidades y obstáculos, el entrañable Centro de Estudios de la Revolución Mexicana Lázaro Cárdenas, AC.

La Ciudad de México debe a la inteligencia, brillo y simpatía de Luis, jornadas de historia, análisis, anecdotario, crónica de toda una época muy creativa y brillante en la que lo ocurrido en manifestaciones, mítines y comunicación social hizo un mundo memorable, un México desaparecido.

Con Carlos Monsiváis y Sergio Pitol se conformó el trío que Luis motejó como el de Los Tres Huastecos, con sorna y autocrítica histriónica que refería a la labor sentimental que desarrollaban los guitarristas de época en fiestas y juergas.

La verdad es que con ellos y otros escritores contemporáneos, como José Emilio Pacheco, se impulsaba una tendencia cultural e intelectual de raigambre humanista y de izquierda que habría de dejar huella imborrable y necesaria en la espiritualidad nacional.

Memoria imperecedera de Luis Prieto en sus tardes en la casa de Ninfa Santos de la Plaza Santa Catarina, donde la gran Ninfa y su hermana Margarita (que los recuerdos conjuguen con Luis en el tiempo que pasa) contaban sus historias y anecdotario en modo tal, coordinado y escénico, que era teatro natural y deleitable. O en los desayunos dominicales de la casa de don Antonio Castro Leal y sus hijas Marcia y Paloma, que eran seminarios completos sobre literatura nacional. En todas las reuniones y diatribas de la cepa ilustrada y justiciera del siglo XX de la Ciudad de México.

Luis Prieto cantaba en francés La Internacional, y con los acordes de esta canción marcha su querida memoria.

Con su partida la ciudad pierde una parte de su historia, que no fue escrita y que era sopesada con la visión, única, del gran amigo invaluable que fue Luis Prieto Reyes.

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* Antropólogo, etnólogo, narrador y poeta tabasqueño (1943), condujo la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia y fue asesor del Centro de Estudios de la Revolución Mexicana Lázaro Cárdenas.