“Isjir”, novela de Susana Cato

No es fácil, en el límite de esta reseña, dar cuenta al lector de la riqueza literaria, histórica y antropológica de la novela Isjir de Susana Cato, escrita con habilidad e imaginación poética que llamarán la atención de sus lectores.

El “retrato hablado de un migrante iraquí” es posible gracias al talento de la autora y porque en sus venas corre la sangre mexicana e iraquí. Y ella bien sabe que corre “con otras sangres donde el amor las fue juntando”. Acaso, ¿no es el amor la fuerza de nuestro origen en el mundo, y no son las migraciones una de sus fuentes? Con esta perspectiva, los científicos han demostrado que en el inicio de las migraciones “todos somos africanos”, en su tránsito hacia las tierras del norte que hoy llamamos Europa, y después se dispersaron en múltiples direcciones geográficas; en encuentros y desencuentros, y que en el transcurrir del tiempo fueron cambiando sus rostros y el color de su piel. También así por las migraciones procedentes de asia, fueron los orígenes del hombre americano.

En Susana Cato vibran con nobleza las herencias iraquí y mexicana; y en ese nicho de amor que ella menciona recrea la historia de su abuelo, Jorge Cato Murat. ¡Y qué odisea la suya!: viajar en el tiempo al concebir y dar a luz un fruto de amor, en la que no necesitó nacer en el Medio Oriente para recoger y disfrutar los dátiles dorados del paraíso, sus dulces higos o el maná que brota de las ramas del tamarisco. Para su viaje construye una singular nave protegida con el amoroso y fuerte escudo de las narraciones de familia. Su sensibilidad poética y experiencias en los medios de comunicación dieron cauce a sus motivaciones amorosas para escribir esta novela y, al igual que los poetas del Medio Oriente, la autora evoca a Nabu, dios de la sabiduría y la escritura en la antigua Babilonia, y capta nuestra atención al citar en el inicio de cada capítulo a poetas de ese mundo y del nuestro; voces de épocas antiguas cuyas palabras perduran, lo que es una delicia, y así nos conduce por los senderos de las tierras lejanas de Irak y a través de sus tiempos históricos y de la vida de Jorge Cato Murat:

“En Irak, cuando el viento hace volar el polvo hasta conseguir que los hombres y los tanques se detengan, arrastra con él el recuerdo de un mundo muy antiguo, mucho más que el islam o el cristianismo. La civilización occidental surgió en el islam o el cristianismo. La civilización occidental surgió en el Tigris y el Éufrates, donde Hammurabi dictó su código legal, y donde Gilgamesh –el relato más antiguo del mundo, un milenio más antiguo que la Iliada o la Biblia.” (Alianza Editorial, 2019, pág. 11).

Irak es el nombre de ese país con el que todos los medios de comunicación mundiales nos abrumaron cuando George Bush, presidente de los Estados Unidos, encabezando una coalición europea, lo invadió por ser “una amenaza a la paz del mundo”; ¿Irak es una amenaza, la cuna de los orígenes de la civilización? Y también de las mayores revoluciones humanas que desarrollaron la agricultura, el conocimiento, la ciencia, la religión y la urbanización de las primeras ciudades: Babilonia, Nínive, Ur la ciudad de los caldeos y hogar de Abraham, las ciudades de Ebla y Ugarit, conquistado por los musulmanes en el siglo VII de nuestra era, y mil años después por los turcos otomanos, dominándola hasta los inicios del siglo XX.

Irak, ayer y hoy, ha sido asediado a causa de su riqueza petrolera, hecho que le permite a la autora aplicar la sentencia de Ramón López Velarde: El Niño dios te escrituró un establo y los veneros del petróleo, el diablo, al iniciar un capítulo con un certero título: “Agua Negra”. Los ascendientes de la familia Cato llevaron una vida de nomadismo por largo periodos, hasta que se asentaron en la ciudad de Telkef, “parte noble de la Antigua Nínive”, cuando empezaba el siglo XX, con todo lo que necesita una pequeña urbe para ser feliz, y cercana a la ciudad de Mosul –de antigua habla caldea y árabe y de religión cristiana. 

La novela de Susana es muy atractiva en las descripciones de usos y costumbres familiares y sociales; posible como si ella fuera una etnógrafa que observa, escribe su diario de campo, y a través del método que se recomienda a los antropólogos: “la observación participante”, lo que le permite a la autora acercarse al mundo de Jorge Cato Murat y llevar al lector a incorporarse a su vida, recordándonos que las vidas humanas –como lo muestran las investigaciones genéticas– viven una perpetua transmigración en un planeta que finalmente es la casa de todos, que supera las barreras idiomáticas, culturales y políticas que dividen a las naciones.

Para concluir, la novela Isjir de Susana Cato propicia varias perspectivas de lectura: disfrutar de su calidad literaria; la lingüística, por la diversidad de los términos árabes que menciona en el castellano de habla mexicana, y la aventura de encontrarse con los poetas que ella cita.