Castruccio Castracani nació en Lucca en 1281 y murió en esa misma ciudad en 1328; vivió escasos 47 años. Según algunos él era miembro de una de las familias notables de la ciudad, la Antelminelli, supuesto que Maquiavelo ignora en su biografía.
Castruccio Castracani no era parte de la clase gobernante de la ciudad de Lucca; a decir de Maquiavelo, siendo un recién nacido fue expuesto en el jardín de la casa de un religioso de nombre Antonio Castracani; ahí lo encontró una hermana del religioso de nombre Dianora, que era viuda; ella adoptó y crio al recién nacido.
Cuando Castruccio llegó a la adolescencia sus padres adoptivos quisieron encaminarlo a la vida religiosa con vista a que heredara la canonjía y beneficios de que gozaba el religioso. No se dejó convencer; mostró, desde esa etapa de su vida, su afición por las armas y talento para ser líder.
Maquiavelo, para resaltar los méritos de algunos de los personajes que le sirvieron de modelo al escribir su De principatibus, los hace partir de cero; algunos de sus héroes fueron expósitos, como Moisés, Ciro y Rómulo; ilegítimos, como César Borgia, o de baja condición, como Agatocles.
De Castruccio, por no pertenecer a una familia reinante, se ubica en una de las clasificaciones de principados que el mismo Maquiavelo propuso: “VI De los principados nuevos que se adquieren con armas propias y con virtud”.
En la biografía su autor dedica gran parte de ella a referir las acciones militares que el condotiero emprendió en defensa de Lucca, para conquistar otras ciudades o enfrentarse a la república florentina. Narra con detalle las estrategias que siguió para vencer a sus enemigos; también refiere el número de muertos que sufrieron las partes contendientes.
En las obras de Maquiavelo es importante observar el lugar donde coloca los verbos y a qué símbolos recurre. Por lo que se refiere a Oliverotto, juega con el suspenso, en el pasaje que se transcribió anteriormente dejó el verbo “estrangulado” al final. Para denotar la adquisición del dominio de una ciudad o de un territorio usa un símbolo, recurre al verbo “cruzar” en el sentido de recorrer, de tomar posesión. Este detalle ya lo analizamos en el estudio introductorio que precede a la traducción que hicimos de De principatibus; en él también hicimos notar la importancia de los símbolos en el derecho y la política:
“En el derecho antiguo, para adquirir una finca, un inmueble, no era suficiente la celebración de un contrato; era necesario el convenir (cum venire) las partes en un mismo sitio, en el mismo momento y con un solo fin: tomar posesión del inmueble. Las escrituras antiguas, públicas y privadas, consignaban que el adquirente, dentro de la finca objeto de la operación, ante notario o testigos, había arrancado plantas, tirado piedras, etc. En la misma forma, después de haber sacrificado a su tío Oliverotto y a los notables, recorrió la ciudad (corse la terra) e hizo actos que denotaban su posesión, su dominio.”
En la Vita de Castruccio, Maquiavelo vuelve a hacer uso del verbo corsono en su sentido de tomar posesión: “Estando dentro, cuando le pareció a Castruccio, hizo una señal a Pagolo; después, uno mató a Iacobo da Gia y el otro a Bastiano de Possente; y todos sus otros partidarios fueron, una parte apresados, y otra muertos; y cruzaron sin ninguna oposición Pistoia para sí… (…e corsono sanza otra opposizioni Pistoia per loro…)”.
Según Maquiavelo, Castruccio contaba con una guardia personal de 200 soldados de caballería; con ellos hizo acto de presencia en Roma. Pero en el enfrentamiento que sus soldados tuvieron con los florentinos en el paso de Saravalle, informa que contaba con un ejército de 12 mil soldados. En esa ocasión salió victorioso a pesar de que se enfrentó a un ejército de 40 mil soldados.
Castruccio, al igual que Agatocles, con engaños acabó con sus enemigos. Refiere Maquiavelo que en alguna ocasión, estando el condotiero fuera de Lucca, algunos miembros de la familia de los Poggio, que eran poderosos dentro de la ciudad y que, además, habían contribuido a la grandeza de Castruccio, junto con otras familias, se armaron con vista a derrocarlo; para ello arrestaron y mataron a la autoridad que él había puesto. Por consejo de un anciano miembro de la familia Poggio, de nombre Stéfano, depusieron las armas; éste se comprometió a interceder ante Castruccio a fin de obtener aquello que los había movido a rebelarse. Al enterarse éste de la rebelión, regresó de inmediato a su ciudad. Stéfano Poggio, confiando en su edad y en el ascendiente que tenía sobre el condotiero, se acercó a él pidiendo perdón para los rebeldes y la concesión de algunas mercedes.
Maquiavelo refiere: Castruccio “…convenció a Stéfano a hacer venir a todos ellos, diciendo que daba gracias a Dios de haber tenido ocasión de demostrar su clemencia y liberalidad. Venidos, pues, bajo la seguridad que les daban Stéfano y Castruccio, fueron junto con Stéfano aprisionados y muertos”.
En la traducción, siguiendo el texto original, se ha dejado el verbo al final en respeto de la forma de escribir que tenía Maquiavelo; él, jugando con el suspenso, pone al final el término muertos, igual que lo había hecho en el capítulo VIII, 21, de su obra De principatibus, por lo que se refiere a Oliverotto de Fermo, que se transcribió anteriormente.
La acción de Castruccio coincide mucho con la que llevó a cabo Agatocles en Siracusa, por lo que es de dudarse que en el caso de Castruccio hayan sucedido los hechos tal como los narra Maquiavelo.
Habiendo muerto a los 47 años, según refiere Maquiavelo no se casó ni tuvo hijos; se abstuvo de hacerlo con el fin de entregar a Pagolo Guinigi, hijo de Francesco Guinigi, su primer patrón y quien lo inició en el oficio de las armas. Las palabras de despedida entre ellos y de entrega del poder, más corresponde a las ideas que el autor maneja en otras de sus obras, sobre todo en De principatibus (cap. XXV): “Del poder de la fortuna sobre las cosas humanas, y de qué manera se le debe resistir”, que a la realidad histórica.
Pocos son los rasgos físicos que aporta de sus héroes o modelos; cosa rara en él, dice que Castruccio era de estatura regular; que sus cabellos tiraban a rojo, que los llevaba sobre las orejas y que en todo tiempo, sin importar que lloviese o cayera nieve, traía la cabeza descubierta. La tumba de Castruccio se halla en la iglesia de San Francisco, en Lucca.
Si se observa con cuidado el apartado final de la biografía se verá que las frases, ideas o pensamientos que atribuye a Castruccio son sólo un resumen de las razones que maneja a lo largo de sus obras y, en especial, en De Principatibus.
Seguramente es idea de Maquiavelo y no de Castruccio la de que “…Dios es amante de los hombres fuertes, porque se ve que siempre castiga a los impotentes con los potentes”. Agrega que no perdonaba a nadie y que no se molestaba cuando no lo perdonaban a él.
Al final de su biografía Maquiavelo comenta lo siguiente: “Habiendo hecho morir a un ciudadano de Lucca, que había sido razón de su grandeza; cuando le dijeron que había hecho mal al asesinar a un viejo amigo, les respondió que se engañaban, porque había matado a un nuevo enemigo”.
En México y en el mundo se recurre a las soldados de fortuna, a los condotieros. Algunos de ellos actúan con la anuencia del Estado; otros, aquellos que están bajo las órdenes de la delincuencia organizada, en confrontación con él. Hace unos días, soldados de fortuna o mercenarios hicieron una exhibición de fuerza; como dice Maquiavelo: corse la terra, es decir, tomaron posesión de parte del territorio del estado de Jalisco. Eso es muy grave.
En los Estados Unidos de América actúan como un ejército alterno y en empresas bélicas en las que no conviene hacer una declaración formal de guerra: “Cuando los tanques estadunidenses entraron en Bagdad en 2003, traían consigo el mayor ejército de guardias privados jamás empleado en una guerra. Y cuando Rumsfeld acabó su mandato al frente del Departamento de Defensa, el número de ‘soldados’ a sueldo de empresas contratistas privadas desplegadas sobre el terreno de Irak se calculaba en unos 100 mil (una proporción de uno a uno con los soldados estadunidenses en servicio activo ahí destinados)”. (Jeremy Scahill, Blackwater, el auge del ejército mercenario más poderoso del mundo, Paidós, Barcelona, 2008. pp. 24 y 25)
En las democracias siempre existirá el riesgo de que los condotieros, los soldados de fortuna, los ejércitos privados, atenten contra los titulares legítimos del poder o, en el mejor de los casos, distorsionen las instituciones democráticas o desvirtúen los principios de división de poderes, republicano y representativo.
He recordado una obra de Maquiavelo 500 años después de haber sido escrita. Si no todo, sí gran parte de su obra es digna de ser recordada. Por un descuido otras obras más valiosas y trascendentes suyas, como los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, La mandrágora, entre otras, pasaron desapercibidas, cuando menos para mí, al haberse cumplido 500 años de haber sido escritas.
Esperemos tener oportunidad de conmemorar los 500 años de la aparición de su Istorie fiorentine, cuya elaboración le fue confiada a Maquiavelo en 1520 por el cardenal Julio de Medici, que posteriormente llegó a ser Papa con el nombre de Clemente VII.








