A más de un año de la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), y del anuncio en mayo de 2019 del “proyecto prioritario” Parque Ecológico Lago de Texcoco para la rehabilitación de los terrenos donde se construía, a cargo del arquitecto y urbanista de paisaje Iñaki Echeverría, los primeros avances apenas se darán a conocer.
El pasado lunes 17 de agosto, en su conferencia mañanera, el presidente Andrés Manuel López Obrador anticipó brevemente que ya se aprobó un presupuesto y “hay algunos avances”, que presentará la próxima semana (se comprometió para este lunes 24). Será un espacio de 12 mil 500 hectáreas “para el disfrute y recreación de la gente y la protección del medio ambiente”.
“Recogí el punto de vista del director de Antropología (Diego Prieto) y sobre todo del secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat, encabezada por Víctor Manuel Toledo), que era como la Nueva Tenochtitlan, es la recuperación de los lagos.”
En entrevista telefónica con Proceso, el maestro en Antropología Social, Itzam Pineda Rebolledo, profesor investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, plantel Tezonco, y asesor del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, dice en tono de broma:
“Nada más le faltó decir que Nueva Tenochtitlan es la organización de vivienda de los Bejarano.”
Al margen de lo que informará el titular del Ejecutivo, Pineda Rebolledo cuenta que los pobladores de la región cuya historia se remonta más allá de la época del rey Nezahualcóyotl (1402-1472) (Proceso 2193), han dialogado en mesas de trabajo con representantes de dependencias del gobierno federal, como la Semarnat y las secretarías de Gobernación y de Comunicaciones y Transportes, el Registro Agrario Nacional, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y la Comisión Nacional del Agua, entre otros, a los cuales han expuesto su propio proyecto de restauración llamado Manos a la cuenca.
El documento, en el cual han trabajado alrededor de 11 meses, se basa en los diagnósticos que como habitantes y conocedores del entorno han hecho. Plantean en primera instancia la restitución de las parcelas ejidales de las cuales fueron despojados mediante “artilugios legales” en el gobierno de Felipe Calderón, y en el de Peña Nieto con contratos de compra-venta de los que aún no se han cumplido los respectivos pagos.
Su idea central, a diferencia del proyecto federal, es que se recupere no sólo el perímetro de lo que habría sido el nuevo aeropuerto, que está en la parte más baja de Texcoco y de la cuenca, sino los bosques de las montañas, cuya agua alimenta el área lacustre. Asimismo, las zonas productivas agrícolas y pecuarias, que constituyen una reserva ecológica, mantenida y producida por la cultura ancestral de los pueblos, relacionada con el trabajo campesino. Un proyecto verdaderamente ecológico debe atender esa lógica hidráulica, dice.
Otra cuestión que ha generado tensión en las mesas de trabajo, añade el investigador, es que los pueblos quieren tener la certeza de que en el futuro no vendrá algún proyecto urbanizador, inmobiliario o que regresen los grupos interesados en el aeropuerto, por eso quieren su “acta de defunción”. Y para ello solicitan que mediante decreto presidencial la zona se declare área natural protegida.
Pero el gobierno se ha resistido y propone que sólo sea “zona de restauración ecológica”, una figura que implica menos protección, lo cual significaría, por ejemplo, que no se podría poner freno a la minería. En ese sentido explica que, si bien ahí no hay minerales, se ha abusado de la extracción de materiales pétreos, como tezontle y basalto, para la construcción del NAICM.
En este contexto, los pobladores están a la expectativa del anuncio de López Obrador. Cuenta Pineda Rebolledo que han tenido oportunidad de ver varias presentaciones “más o menos largas” del arquitecto Iñaki Echeverría, pero su propuesta “es paisajista, poco realista”. Se le ha preguntado de dónde sacará las plántulas de los árboles para reforestar o el sustrato, que es la tierra negra. Le han cuestionado especialistas de dónde la tomará sin provocar un desastre en otro lado, porque es mucha la cantidad que se necesita y no tiene resueltos estos aspectos.
“Es un proyecto parecido a lo que vemos con Chapultepec, donde el ego del arquitecto va por delante y no es un proyecto relacionado de ninguna manera con las necesidades de los habitantes de los pueblos ni con su cultura.
“Esperamos que tenga efecto la presión que han mantenido el Frente de Pueblos y los habitantes de las zonas altas que se incorporaron cuando la campaña Yo prefiero el lago, que van por el rescate de los ríos, que es gente afectada por la explotación de estos bancos de material pétreo, y se han mantenido en contacto en las mesas de trabajo con las autoridades.”
Confiesa no tener muchas expectativas ante el próximo anuncio:
“Personalmente no veo muchas posibilidades de que den un giro para entender la importancia de la región en toda la cuenca, en términos hidráulicos, y que los protectores han sido los mismos pueblos, que ese cinturón verde que se ve incluso desde imágenes satelitales ha sido mantenido por el trabajo forestal y campesino de los habitantes de la región.”
Finalmente, remata, el proyecto tiene que ver con una perspectiva social, histórica, cultural, de rescate del patrimonio cultural, y de relación ambiental para todos los habitantes de la cuenca.








