En su tercer álbum oficial, Los Cogelones, de Ciudad Neza, ofrendan rebeldía ancestral.
Semillero de grupos de punk y rock pesado del país, Ciudad Nezahualcóyotl no tenía hasta ahora una representación tribal, de clan, originaria, como la que conforma este grupo de rock: cuatro hermanos de sangre –tutores de bandas de guerra escolares en esa localidad–, quienes han adaptado los sonidos característicos de los honores patrios de sus pupilos a las danzas guerreras y el punk; estética híbrida en la que confluyen instrumentos de dichas bandas marciales, la música mexica y las eléctricas Fender, distorsionadas con baterías telúricas.
Apoyados por el guitarrista y productor Pablo Valero (Santa Sabina) y el músico e ingeniero Enrique Tena Padilla (Enjambre, Intocable), Hijos del Sol está al alcance en las plataformas AllMusic y Bandcamp.
Los Cogelones es un cuarteto integrado por Marckogelón Chicoace Ollin –coros, batería–, Vickogelón Chicoei Miquiztli –voz, guitarra–, Betogelón Ce Cuetzpallin –coros, huéhuetl, teponaztli, tlapitzaltin, ayacaxtin y atecocolli– y Adriagelón Tonuari Ocelotoch-lee –coros y bajo–. Platican su concepto musical en el nuevo álbum Hijos del Sol:
“Fue como dar el paso al nivel del profesionalismo porque nosotros no estábamos acostumbrados a todo lo que vivimos en este proceso con Pablo Valero, quien desde que nos conoció se interesó y nos dijo: ‘Va, cámara, carnales, jalo con ustedes’. Y se vino siete meses a Neza a ensayar diario seis horas, un proceso muy bonito en que aprendimos a ejecutar mejor lo que nosotros hacemos. Él nos ayudó mucho a que nuestros instrumentos autóctonos lucieran y a que todo fuera quedando en su lugar.”
Hijos del Sol presenta lenguajes que coinciden en una versión combat-rock: los sonidos, instrumentos y temáticas mexicas, que como sabemos se destacaban en las lides (y quienes asumen esas identidades hoy en día reivindican el carácter guerrero de su estirpe); por otro lado, el sonido de las bandas de guerra, que regularmente asociamos a los honores a la bandera en las ceremonias cívico-escolares –por ser los cuatro hermanos instructores de esa especialidad en el municipio mexiquense–, y el punk rock “a la Neza”, es decir: feroz, reivindicativo, incendiario.
En su álbum –previsto lanzarse el 29 de agosto, según anuncia su espacio en Bandcamp–, el conjunto manifiesta al menos tres estéticas y elementos coincidentes:
Los clarines y tambores con redoble marcial marcando el paso en su lugar, que funden con huéhuetl, ocarinas, caracoles y teponaztles, acentuados por las conchas de polaina junto a los converse, y las Stratocaster distorsionadas, el bajo Precision más los amplificadores Fender; con la batería y los cánticos que expresan crítica social, guturaciones o gritos primigenios semejando conexiones ritualistas-guerreras, y una poética de clase que el letrista Víctor imprime a cada tema.
Los antecedentes de la experimentación del rock con instrumentos prehispánicos son: Luis Pérez Ixoneztli, Popol Vuh, Tribu, Chac Mool, Jorge Reyes, Carlos Alvarado, Antonio Zepeda o Arturo Meza. Algunas de esas prácticas tradicionales los acercan a Aztlan Underground, de Los Ángeles, California, cuya extensa discografía se ha distinguido por mezclar el punk, el hip hop, y los usos del náhuatl, el inglés chicano y el español, como vías de conexión comunitaria.
Un tema en particular de Hijos del Sol (Piccolo Records, 2020), tercer álbum de Los Cogelones –anteriormente lanzaron Olvida todo y vuelve a empezar (2012) y ¿A dónde quieres llegar? (2018)–, se refiere a la brutalidad policiaca: “Hijos de puta”.








