Aunque no era su propósito, la edición dedicada a México de La Otra Feria que estuvo en línea del 24 al 29 de julio, resultó una plataforma para ubicar el dinamismo y diversidad de los modelos de promoción del arte contemporáneo que existen actualmente en nuestro país.
Concebida por el diseñador web argentino Diego Trulls, La Otra Feria es un proyecto digital de periodicidad mensual que inició en abril. Concentrada en sus dos primeras ediciones en la escena argentina, la correspondiente a julio se concentró en México con 31 galerías (OTRAFERIA | mx), además de algunas de Argentina, Chile y Perú.
Como modelo ferial la propuesta es débil en su calidad profesional: no ubica a los organizadores ni menciona los objetivos feriales, la selección es por invitación sin transparentar criterios, no cuenta con una estrategia de comunicación ferial, la información de las galerías es incompleta, y no se incluyen datos sobre los artistas. Sin embargo, todas las obras tienen el precio publicado, la participación no tiene costo, y en caso de que haya ventas el organizador sólo recibe una comisión de 15%.
A pesar de las carencias, la respuesta de México fue positiva. Además de galerías que asisten a ferias de reconocido prestigio como Hilario Galguera, Alfredo Ginnochio, Quetzalli y Alterna, los distintos modelos de espacios que aceptaron la invitación destacan por el profesionalismo de su operación.
El rango de precios fue muy amplio: desde una serigrafía de 46×46 cms de Damien Hirst por 5 mil 700 dólares (aproximadamente 131 mil pesos) en la Galguera, hasta un pequeñísimo –y muy divertido– aromatizante en forma de pino intervenido pictóricamente por Luciana Christiansen, que la Galería Progreso vendía por 70 dólares (aproximadamente mil 610 pesos).
Al margen de las galerías en las que sobresalieron obras tan finas como los paisajes celestes en grafito del artista emergente José Ángel Santiago en la Quetzalli (47 mil 700 pesos), y las espléndidas esculturas dobladas, colgantes y pintadas de Marela Zacarías en la Alterna (7 mil 500 dólares), lo más sugerente de la feria fue la reunión de espacios gestionados por artistas –en su mayoría millenials– tanto de carácter comercial como de investigación y experimentación.
Entre ellos, la Galería Mal de Ojo, en Ciudad Neza, destaca por su misión y concepto. Fundada por la fotógrafa Sonia Madrigal y el artista multidisciplinario Tonatiuh Cabello, el proyecto tiene el objetivo de empoderar la identidad de creadores que han crecido en zonas periféricas de la Ciudad de México, como Ecatepec, Chalco, Atizapán, Iztapaluca.
Con obras que definen como “chácharas de autor” y la exigencia de que los artistas de la galería mantengan y manifiesten un pensamiento periférico, entre las piezas que presentan se distinguen las espléndidas fotografías de circunstancias encontradas por Sonia Madrigal durante sus trayectos en Metro de Neza a CDMX (mil dólares), los Destapadeos de Cabello –figuras de San Judas Tadeo con cabeza de destapador, por 200 dólares–, y algunos desprendimientos de graffitis intervenidos por Augusto Castellanos (500 dólares): https://mald3ojo.com/chacharadeautor/.
De Oaxaca, el espacio que opera el colectivo Yope Projects con la intención de crear estéticas oaxaqueñas diferentes, presenta dos atractivas piezas neo-pop: una luminosa pintura de Jou Morales (7 mil pesos) y una litografía expresionista y a color con soldados y gigantes de Trilce Zúñiga (3 mil pesos):
https://www.instagram.com/yopeprojects/?hl=es-la
https://www.instagram.com/otraferiadearte/
https://www.otraferia.com/.








