Invisibles en la pandemia

Son los padres de la famosa muñeca Ar Lele y de otras artesanías… Son otomíes que llegaron a la Ciudad de México buscando mejores oportunidades. Sin embargo, han sido empujados a las sombras de la gran urbe, ahí donde apenas hay techos de lámina y pisos de tierra.

Uno de esos asentamientos de miseria está en las Vías de Atlampa, cerca de las instalaciones del Tren Suburbano. Ahí, entre la precariedad y la insalubridad, subsisten unas 60 familias desde hace 14 años. Ahora enfrentan la amenaza de la pandemia. 

“Aquí nadie se ha enfermado del covid-19”, dicen. “Sólo uno que otro ha tenido gripa o calentura”, aclaran. Ellos se curan con sus medicinas tradicionales, aseguran.

No muy lejos de ahí, en las calles Guanajuato y Zacatecas de la colonia Roma, dos grupos de otomíes tienen mejor suerte: reciben despensas de varias organizaciones civiles y también obtienen alimentos de los trueques que realizan con sus artesanías –como las Ar Lele–. Sin embargo, al igual que las familias de Atlampa, las autoridades los han ignorado durante años, como si fueran invisibles. 

“Hay veces que como tortilla con sal, hay veces que como sopita, pero ahora no tengo nada. Si pudiéramos trabajar, no pediríamos nada”, dice María, de 58 años, en Atlampa. Han resistido.