Así como la noche es propicia para encubrir delitos y desmanes, la contingencia por la pandemia es “como un remolino que se está tragando todo”.
Así lo ve el escultor Miguel Peraza luego de que el pasado 5 de junio su obra El hombre del portafolio, que formaba parte del conjunto escultórico Espíritu Probursa, realizado en 1990, fue vandalizado: se mutiló y se derribó del lugar donde se encontraba en Paseo de la Reforma y Lieja, justo frente a la Torre Bancomer y la Estela de Luz.
Nacido en la Ciudad de México en 1959 y con una trayectoria artística de 45 años, relata vía telefónica a Proceso que envió una carta “amable” a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y al alcalde en Cuauhtémoc, Néstor Núñez, quienes no le han respondido. Por ello lamenta:
“Mi preocupación es una preocupación intelectual, porque esto que me está sucediendo le puede ocurrir a cualquiera de mis colegas en el mundo de la plástica. Pero incluso también en el de los monumentos.”
El conjunto fue realizado a petición del entonces director de Probursa, José Madariaga Lomelín. Constaba de El hombre con el portafolios y de una cabeza de caballo, como pieza de ajedrez. A decir del autor, “ha resistido la transformación de la banca en México”, y resume diversos momentos históricos, pues después de la estatización de ésta fue adquirida por Multibanco Mercantil de México – absorbido por Bancomer y fusionado después con el banco hispano Bilbao Vizcaya.
Al inaugurarse la mencionada torre frente a la entrada de Los Leones del Bosque de Chapultepec, el conjunto se trasladó ahí. El año pasado, sigue el artista, fue embestido por un automóvil mini Cooper que circulaba a 170 kilómetros por hora y destrozó la cabeza del caballo. Hasta el momento la pieza no ha sido restaurada:
“Tengo las partes guardadas en la fundición y la idea era hablar con las autoridades, platicar y plantear las circunstancias, pero no ha habido esa comunicación. Lo que ha habido es una molestia, porque la obra plástica es la que está en juego.”
Homenaje
Peraza fue notificado por el área Jurídica de Bancomer de la vandalización, “así tal cual decía el correo”. Al día siguiente fue por su obra para llevarla a su taller e interpuso ante el Ministerio Público una denuncia vía electrónica, pues por el covid-19 no lo quisieron atender personalmente. Hasta ahora sólo ha podido ratificar su demanda, lo cual ha sido complicado por el confinamiento y porque los videos de las cámaras, que “sólo mantienen unos días”, ya se borraron.
Por ello pone en alerta a la comunidad artística y a las propias secretarías de Cultura federal y de la Ciudad de México, porque el vandalismo no es exclusivo contra su obra, en esta ciudad o en momentos específicos, como marchas y protestas. En su caso, El hombre del portafolios, que hacía un homenaje a la gente común que va al trabajo cotidiano –y por eso no estaba sobre ningún pedestal, sino a ras de baqueta–, no fue un acto aislado de un día, dice, sino “constantemente trabajado hasta lograr su mutilación y derribo”.
Incluso alguien le informó y proporcionó un número en el cual se atienden problemas por vandalismo contra obras de arte, si bien continúa afinando la parte jurídica:
“Entiendo la contingencia y por lo que está pasando el país, pero esa parte no puede quedar abandonada. Independientemente de que se restaure o no la obra, de que se arregle o no, es un problema que debe ser visto por la comunidad nacional e internacional”.
Los movimientos sociales, las protestas, han tenido como centro de sus ataques el arte público, señala. Pero también la pandemia ha influido, incluso en espacios cerrados. Tal es el caso del Museo Singer, en la ciudad de Laren, en Países Bajos, ejemplifica, del cual se sustrajo el cuadro Jardín de primavera, de Vincent van Gogh, el 30 de marzo pasado.
Peraza recuerda otros actos previos a este momento en los que el arte público es objeto de agresiones. Uno de ellos es la famosa escultura La Sirenita, de Ingar Dragset y Michael Elmgreen, vandalizada ya en seis ocasiones. Cita también el caso de Venus del espejo, de Diego Velázquez, que –literalmente– fue acuchillada en la espalda en más de una ocasión, en 1914. Y, finalmente, una escultura de paloma, del colombiano Fernando Botero, dinamitada en 1995, la que se decidió conservarla tal cual. Piensa también en los Budas de Bamiyan, atacados por motivos religiosos.
Todos estos antecedentes se suman a los actos de violencia contra edificios y considera importante destacarlos en medio de la pandemia, que se está “tragando todo”. Varios artistas del mundo “han hablado conmigo porque se han enterado a través de las redes, sienten que es una cuestión emblemática, simbólica, sobre la destrucción de la obra pública”.
Consultado sobre el tema, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), responsable del cuidado del patrimonio de los siglos XX y XXI, informó que el Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos de la Ciudad de México (Comaep), coordinado con las secretarías de Desarrollo Urbano y Vivienda, y la de Cultura local, revisa estos casos en reuniones a las cuales asiste el INBA a través del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble, que emitirá un dictamen del estado de conservación de la pieza, cuando le sea solicitado.








