Diseminación virtual (y II)

En un momento único como éste de pandemia, hay iniciativas u obras que, sin límites, hallan sentido social y político y van más allá de la reproducción de repertorio de danza en internet.

Sin precedente, se festejó el Día Internacional de la Danza el 29 de abril en transmisión en línea por parte de la UNAM, en cuyo programa hubo un estreno, El embudo de Emlen, del coreógrafo mexicano Juan Francisco Maldonado, por Facebook, y con duración de 14 minutos, muy adecuada para la pantalla.

El artista, desde una habitación íntima de su casa, con una cabecera al fondo, sin ruido y acompañado de la luz natural tenue del atardecer, leyó públicamente su testimonio preparado ex profeso para la conmemoración, en el cual articulaba una semejanza entre el encierro humano por cuarentena y el control de un pájaro migratorio dentro de un embudo para estudio científico, claro paralelismo acerca del aislamiento controlado en especies de desplazamiento natural.

Su discurso de ángulo coreográfico pudieron verlo –tenía gestos coreografiados y otros espontáneos– 200 personas durante la transmisión en vivo.

A ése agregó una nostalgia y diferencia básica entre ir al teatro a ver danza y verla en la pantalla: La condición social de la experiencia escénica, que involucra otros sentidos de la percepción, sin limitarse a lo que el ojo ve. La intervención virtual de Maldonado tiene 179 reproducciones en la cuenta de Instagram de Danza UNAM, sección TV, y no pasa inadvertida en circunstancias de pandemia mundial, tecnología y efeméride universal de la danza. 

La preocupación económica de bailarines, coreógrafos, maestros, investigadores y promotores de la danza mexicana tampoco queda obnubilada en la “inactividad”. La organización de sus necesidades específicas es realizada por el Congreso Nacional de Danza, conformado por Erandi Fajardo y Laurencia Strada, entre otros integrantes de un comité.

Mediante formulario, Google recogió propuestas de este sector para reactivar su economía en la post pandemia.

Vía remota, esta iniciativa independiente recibió 267 propuestas de 218 profesionales de 27 estados del país, dentro de las cuales el sentir y petición generalizadas son no quedar fuera de los programas sociales del gobierno, como apoyos a artistas mayores o subsistencia alimentaria para artistas que no gozan de un salario fijo. Al 25 de mayo, 3 mil 68 personas suscriben el documento digital Google que circula en Facebook. 

La Secretaría de Cultura federal no ha dado respuesta, mientras que sus homólogas en Coahuila y Yucatán ya toman medidas de rescate económico.

Sin precedente también es el traslado masivo de clases de danza y yoga a las plataformas virtuales, tanto de maestros como de alumnos, debido a la pandemia. La bailarina mexicana Ximena Tavares, quien está varada en la isla Sri Lanka –antiguo Ceylán– por el cierre de fronteras desde el 8 de marzo, diseñó 17 clases de yoga específicas para la cuarentena y un curso específico para el movimiento de la columna vertebral ligado a la salud del sistema nervioso, distribuidos en You Tube y Facebook, respectivamente, a todo público.

El cambio de medio en la enseñanza del movimiento fue registrado por Tavares de una serie de testimonitos de colegas en este mes de mayo, publicados en el blog https://serenasirenamorena.blogspot.com/, quienes coinciden en que el uso de la pantalla tiene más impacto en el nivel afectivo de la enseñanza, sin visionar aún su aporte cognitivo. La danza ahora, paradójicamente, está más cerca del público gracias a la tecnología.