Little Richard (1932-2020), campeón sin corona

Cuando se consignan los orígenes del Rock & Roll o se habla de las figuras legendarias que dieron brillo y supremacía mundial a este movimiento de mediados del siglo pasado, saltan los nombres: Elvis Presley, los Rolling, los Beatles, Jimmy Hendrix… ¿Alguien recuerda al estrambótico músico que entre nosotros alcanzó la fama como Ricardito, fallecido la semana pasada a los 87 años? Él mismo advirtió con claridad que su retrato no figuraría en el cuadro de honor de la historia. Con desdén, ironía, hilaridad, se sabía “el arquitecto” de un ritmo y una bandera que cimbraron el mundo. 

Para la sociedad racista de los Estados Unidos a mediados de la década de los cincuenta, ser negro, homosexual y amante del Rock & Roll era un pecado, y Little Richard (Ricardito para los mexicanos) poseía las tres “agravantes”, por entonces, al menos para el hombre blanco, “políticamente correctas”.

Sin embargo, el bombazo onomatopéyico “¡A-guabapulúba/ aguapbam-búm!” al comienzo de la rola “Tutti Fruti” que estalló desde su garganta y pulmones –cuya letra tuvo que cambiar en 1955 porque la original invitaba al sexo anal–, convenció incluso al todavía güerito Elvis Presley (Tupelo, 1935-Graceland, 1977) para grabársela y proclamarse como el “indiscutible” Rey del Rock & Roll.

Dicha corona nobiliaria la reclamaría siempre para sí, de modos muy diversos, Little Richard, toda vez que “Tutti Fruti” es el tema de Rock & Roll que cambió la historia de la música popular, cuando en Nueva Orleáns lo grabó Ricardito con su teclado martilleante. Dijo:

“Yo soy la única cosa a la que han dejado fuera de la jugada… Agradezco que (la revista Rolling Stone) me coloque entre los 10 mejores artistas de todos los tiempos, pero ya no me importa quién sea el número uno ni el dos. Porque no va a ser como yo creo que debe de ser. Los Rolling Stones empezaron conmigo y siempre van a estar antes que yo. Los Beatles se iniciaron conmigo en el Star Club de Hamburgo, Alemania, inclusive sin haber grabado aún ningún disco LP, y van a quedar por delante de mí siempre. James Brown y Jimi Hendrix empezaron conmigo, yo los alimenté, los aconsejaba, pero van a quedar arriba que yo en las encuestas toda la vida… Nunca vi ni un quinto en regalías de aquellas versiones suyas a mis piezas.”

Si tomaba esas omisiones con filosofía, era hilarante y su risa seducía:

“Elvis será El Rey del Rock & Roll, pero yo soy La Reina del Rock & Roll… Les habla Little Richard, soy el arquitecto del Rock & Roll desde mi hogar en Macon, Georgia…”

El Rey del blues B. B. King (1925-2015), quien comenzó como Little Richard justo el año de 1951, apuntó sobre la llegada del Rock & Roll en 1955 (Blues All Around Me, 1996, libro con David Ritz):

“Venido del blues, el Rock & Roll hizo felices a los jóvenes… Cuando ­Little Richard cantaba ‘Tutti Frutti’, ‘Long Tall Sally’ o ‘Slipping and Sliding’, era desparpajado, divertido y lleno con el fuego de la juventud… Yo vi al Rock & Roll como el ritmo que derrumbó los prejuicios contra nosotros los negros y contra la música de los negros.”

Las nuevas generaciones quizás ignoren que la batuta pionera y el extenso rango vocal del hechizante Little Richard amamantó a Los Beatles y a la “ola inglesa”, infectando luego al mundo femenil con la bajista Suzy Quatro (Michigan, 1950) en los setenta y la mexicana ­Mayra Cerbreros, de Los Nakos, en “Keep-A-Knockin’ (But You Can’t Come In)” de Little Richard –resucitada por ella y su pareja Maylo en estos tiempos del covid-19 como parodia del confinamiento, bajo el estribillo: “Aunque toques no te dejo entrar”.

Encuentros cercanos  

Existen varios testimonios sobre acercamientos locales con nuestro rey sin corona. Uno es del guitarrista tijuanense Javier El brujo Bátiz (1944):

“Sin Little Richard el Rock & Roll no existiría. Yo lo traje tres veces, al Terraza Casino y a Los Globos, del Distrito Federal. Estaba yo en mi apogeo a finales de los sesenta y una vez vino con su orquesta grande; otras, con un combo pequeño; mi hermana La Baby, mi grupo y yo abríamos y luego él cerraba con broche de oro, juntos cantábamos ‘Lucille’. La vez cuando fui a recibirlo al aeropuerto me impresionó verlo con su vestimenta morada, traía una estola de plumas rosas y venía con su copetazo y cabello rizado como pelucón, las pestañas llenas de rimmel y el rostro bastante maquillado. ¡Órale!  Imité su energía y su modo de aullar como negro, pues yo cantaba en inglés.”

Otro: el profesor Sandalio Sáinz de la Maza Martínez, juez de campo en la Olimpiada México’68, rememora un evento mágico como director del Consejo Nacional de Recursos para Atención de la Juventud (Crea):

“¡Uf, lo admiré mucho! Conocí a Ricardito allá por los años setenta en la inauguración de la discoteca Le Dome, en el puerto de Acapulco, era extrovertido por donde se le viera. Tocaba sentado, parado y se subía al piano abriendo los brazos, y con su carisma nos acostó en la pista y luego puso a bailar a todos. Yo le agradecí aquella presentación personalmente por su simpatía, sudor y canto frenético con lo que alegró nuestros cuerpos en movimiento. Era inagotable, pero curiosamente él no bailaba…”

¿La razón? El propio Richard confesó sin empacho y con carcajadas:

“Mi madre (Leva Mae) tuvo 12 hijos y éramos bonitos, pero pobres… Yo trotaba al caminar por haber nacido con la pierna derecha más corta que la izquierda, así que yo inventé también el hip-hop porque mis pies sonaban así cuando caminaba, ‘hip-hop, hip-hop’. Pero además tenía un ojo más grande que el otro; en las giras no nos dejaban a los negros entrar a los hoteles y me quedaba a dormir en los autobuses… Mira, había tanto prejuicio racial en esa época que la gente sólo liberaba sus problemas cantando en la iglesia.”

Finalmente, el compositor capitalino Guillermo Briseño, quien heredó de Ricardito su electrizante aporreo pianístico y los gruñidos de su voz, escribió luego de que la publicación gabacha Rolling Stone dio a conocer el deceso de Little Richard por cáncer, la mañana del sábado 9 de mayo, a los 87 años de edad:

“Llevo dos horas oyendo a Little Richard. Yo lo conocí, estuvo en nuestro departamento en Los Ángeles. Eso es el Rock & Roll y no chingaderas. Estoy triste y a la vez prendidísimo… Vi a (Robert) Bumps Blackwell en la película Let The Good Times Roll (1973, documental de Robert Abel y Sidney Levin), mi maestro querido, también muerto (en 1985). Tengo una lágrima y un rocanrol furioso en el corazón.”

Nacido en 1945, Briseño fundó la banda Cosa Nostra. En 1972 Bumps Blackwell, representante de Richard y coautor de “Good Golly Miss Molly” (“La plaga”, grabada así en México por Enrique Guzmán y Los Teen Tops en 1959), invitó a Cosa Nostra para tocar en California, Illinois y Ohio, Estados Unidos. 

Sobre esta rola –revivida por Alejandra Guzmán en español hacia 1987– decía Richard que él escuchó por primera vez la frase inicial “good golly, miss Molly!” (“¡Caramba, señorita Molly!”, cantada por los Guzmán como “A’i viene la plaga”), en boca del promotor de discos radiofónicos (DJ) sureño Jimmy Pennick, en 1956. Modificó la letra para grabarla, agregando a good golly, Miss Molly!/ la línea You sure like to ball (“en serio que a usted le encanta bailar”). Poco después, afirmó que le añadió la introducción pianística de “Rocket 88”, de Ike Turner (1931-2007), pieza que para algunos fue el primer disco de Rock & Roll (Sun Records, 1951).

Infierno y Paraíso

Little Richard, quien había nacido un 5 de diciembre de 1932 en Macon, Georgia –cuna del Hermano Ray Charles y El rey del soul Otis Redding–, entonces “un pueblito lodoso, con mucho barro y un montón de cerdos”, definía:

“Era un sitio hermoso y yo cantaba a lo largo de sus callecitas de tierra e iglesias tan fuerte como podía y todos me gritaban: ‘¡Cállate, cállate!, ¡haces demasiado ruido!’; yo ya cantaba ‘Tutti Fruti’ y tocaba ‘Lucille’ al piano”.

Su madre quiso bautizarlo Ricardo Wayne, pero por error del escribano en el acta apareció como Richard Wayne Penniman. Solía vestirse de mujer, jugar con las muñecas de sus hermanas, y su padre (Charles Bud Penniman) lo golpeaba. En el colegio los compañeros lo molestaban por afeminado y prefería la compañía de niñas. Gozaba haciendo travesuras escatológicas y regalaba sus heces envueltas en papel lustroso a los vecinos; para “componerlo”, su papá lo mandó a conocer las verdades de la fe cristiana a una iglesia de los Adventistas del Séptimo Día donde predicaba. Ahí Little Richard aprendió a cantar y a sonar el piano.

Su adolescencia estuvo marcada por el bluesero copetón Billy Wright, de Atlanta. Por Esquerita (Eskew Reeder Jr., Greenville, 1935-Nueva York 1986). Por la excelsa religiosa, cantautora y requintista Sister Rosetta Tharpe (Arkansas, 1915-Filadelfia, 1973) –quien oyó cantar a Ricardito siendo muy niño, y tanto le agradó que le llenó los bolsillos de monedas, algo que lo marcó de por vida. Y por el ya citado Robert Bumps Blackwell (Seattle, 1918-California, 1985).

Poco le importaba dar a conocer sus andanzas sexuales ni mencionar que en la cumbre de su fama y durante una presentación, tras bambalinas, orquestó un ménage à trois en el cual participó también el rockero Buddy Holly (“El sexo para mí es como pan untado con mantequilla. ¿Qué género sexual poseo? Soy omnisexual”, decía, y soltaba su risotada de guasón).

Justo por 1957 oyó que Dios le hablaba a la mitad de una gira por Australia, que suspendió cuando ya había vendido todos los boletos. Alucinó un avión en llamas como señal de los Ángeles del Cielo, significando que debía alejarse del Rock & Roll (“El Señor está del lado de los baladistas, la música de Rock & Roll es música de Satanás”). Vendía Biblias, grabando y predicando en tocadas de música góspel las parábolas de Jesucristo.

Contratado eventualmente para un tour europeo, fue abucheado en su primer concierto por no darle al Rock & Roll. Alternaba con Sam Cook (Mississippi, 1931-1964), quien se llevaba los vítores. Picado en su orgullo, decidió para la segunda tocada con Cook volver a su oficio “diabólico”, y Europa lo convirtió en leyenda viviente. Sería el músico canadiense Neil Young (Toronto, 1945) quien expresara mejor su caudal de energía rockera, al ser cuestionado sobre Little Richard y Chuck Berry (Misuri, 1926-2017) así: 

“… Eso sí es Rock & Roll. Cuando escuchas ahora a Little Richard y a un Jerry Lee Lewis (alias The Killer. Luisiana, 1935), regresándote en el tiempo, ellos eran la verdadera onda. Elvis quedaría en tercero.”

El 12 de octubre de 1962 Brian Epstein, manager de Los Beatles, aprovechó que Little Richard andaba de gira por Inglaterra y lo llamó para ser estrella de un maratón musical, por encima de Los Beatles, promoviendo el lanzamiento del primer disco sencillo del cuarteto de Liverpool, “Love Me Do”, en el salón de baile de la Torre de New Brighton. Su encuentro fue así:

“Ellos me preguntaban: ‘Richard, ¿cómo es California?, ¿a poco los edificios de Nueva York son muy altos?, ¿has conocido a Elvis Presley, te parece guapo?’. Tuve una relación estrecha con Paul McCartney, pero con John fue imposible… Él se echaba sus porquerías (flatulencias) y a mí no me cayó bien. Era diferente de Paul y George, quienes sí eran muy dulces. Paul no hacía más que mirarme. Prácticamente no me quitaba los ojos de encima. Y decía: ‘¡Oh, Richard, eres mi ídolo, déjame tocarte!’. Quería aprender mi gritito, así que nos sentábamos al piano y lo practicamos juntos: ‘¡Wuuuuuh! ¡Wuuuuuh!’, hasta que Paul lo aprendió”.

McCartney grabó luego “Long Tall Sally” con Los Beatles; “I’m Down” (del álbum Help!, 1965) la compuso en emulación a Richard… Y cuando John Lennnon y Yoko Ono se presentaron como Plastic Ono Band (con Eric Clapton, K. Voorman y A. White) en el Festival de Rock & Roll por la Paz en Toronto, Canadá (1969), Little Richard fue la estrella del show.

En los setenta se clavó en la mota, pero también en las drogas duras. Sin embargo, nunca dejó sus creencias cristianas (“Dios nos ama a todos, sean negros, blancos o amarillos”). Se retiró en 2013. Al conocer la noticia de su muerte, el arreglista estadunidense negro Quincy Jones (Chicago, 1933) posteó en red:

“Totalmente desconsolado esta mañana al escuchar la noticia del fallecimiento de mi hermano y amigo, el gran Little Richard. Desde nuestra conexión a través de nuestro mentor común, Bumps Blackwell, hasta la grabación de ‘Money Is’ y ‘Do It To It’ para la banda sonora Dollars (1971)… cada momento en compañía de Richard fue muy emocionante.”