En el año 2016 la escritora Valeria Luiselli escribió un reportaje titulado “Los niños perdidos”, a partir de un cuestionario que se les aplica a los niños migrantes por parte de las autoridades norteamericanas, y de su participación en la asistencia jurídica, lingüística y emocional. El contenido fue estremecedor porque no sólo presentó y analizó las preguntas, sino entrevistó a los pequeños, lo que le permitió hacer una relación detallada de los recorridos que hacían desde Centroamérica y México, así como reveló las terribles experiencias por las que pasaron para llegar al país del norte.
Ahora Valeria Luiselli da a conocer la novela Desierto sonoro (Ed. Sexto piso; México, 2019. 464 pp.). La narración se apoya en dos ejes:
En el primero narra la historia de una familia conflictuada (con hijos de diferentes relaciones), que viaja desde Nueva York hasta Arizona. Las intenciones son conocer el último reducto de los apaches, debido a que el padre está realizando una investigación para escribir una novela, y él y su pareja tienen que registrar los entornos auditivos con sus grabadores para el proyecto en el que trabajan. Pero esencialmente el propósito final es convivir y dialogar entre todos para mantenerse como familia.
El segundo relata lo que sucede a los niños migrantes por el interés que tiene la madre en el tema. En ese momento ella ayuda a una mujer emigrante cuyas hijas han sido retenidas por las autoridades y van a ser deportadas. Así, durante el recorrido, charlan sobre la atroz situación de los pequeños inmigrantes, la historia de los apaches y la vida cotidiana. La relación de los sucesos es realizada por la madre y por el mayor de los niños.
Uno de los asuntos de Desierto sonoro es el mantenimiento de las relaciones afectivas originarias. Los niños emigran siguiendo a los padres para mantener la red de apoyo moral y económico que necesitan. La búsqueda es desesperada porque generalmente encuentran en la familia los valores, ideas, maneras, palabras, formas, tradiciones, apegos… necesarios para la sobrevivencia.
De igual forma reaccionan los integrantes de una familia cuando ésta se fractura. El sentido de la existencia que permite trabajar, estudiar, jugar, convivir, parte de ese grupo que al perderse en ambos casos deja a los integrantes inermes. La primera reacción es conservar o recuperar la relación afectiva esencial. En caso de no poder hacerlo los sujetos tienen que reconstituirse individualmente y crear un grupo de contención diferente que permita su desarrollo. La imposibilidad lleva al sinsentido que puede traducirse en suicidio, delincuencia, demencia, angustia, soledad…
Valeria Luiselli ha escrito una novela rica en significaciones, con una estrategia narrativa diversa que recurre a fuentes como documentos, libros, canciones, relatos apócrifos, fotografías y cuentos, entre otras. La riqueza literaria atrapa al lector desde las primeras líneas.








