Señor director:
El 5 de diciembre de 2019 le envié una carta al director general de Normas, al Comité Consultivo Nacional de Regulación y Fomento Sanitario, a las secretarías de Salud, Economía, Educación Pública, a la Procuraduría Federal del Consumidor y a la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, acompañada de un disco compacto con un archivo en formato PDF sobre la “Propuesta de Norma Oficial Mexicana NOM-051-SCFI/SSA1-2010, Especificaciones generales de etiquetado para alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados-Información comercial y sanitaria” con todos los cambios que, personalmente, considero deben hacérsele a esa norma aprobada en marzo pasado, si desean mejorarla para que su aplicación repercuta en una mejor alimentación para todos al adquirir alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasadas.
Ni siquiera han tenido la cortesía, aunque más bien es su obligación constitucional, de contestarme de manera fundada y motivada, como dicen los colegas abogados.
Quiero mencionarle que los que no seamos afectados por el coronavirus, de cualquier manera tendremos probablemente cáncer de colon, por la carragenina, y alguna de las enfermedades asociadas genéricamente al llamado síndrome metabólico (diabetes mellitus, hipertensión, hipertrigliceridemia, hipercolesterolemia, etcétera), por algunas combinaciones de los aditivos químicos sintéticos que se encuentran en alimentos y bebidas no alcohólicas procesadas.
Probablemente los fabricantes de estos aditivos considerarán que con la recientemente aprobada Modificación a la Norma Oficial Mexicana NOM-051-SCFI/SSA1-2010, Especificaciones generales de etiquetado para alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados-Información comercial y sanitaria, publicada el 27 de marzo último, se salieron con la suya para seguir adelante con sus boyantes negocios.
La vida es un boomerang y tarde o temprano se los cobrará en ellos y sus familias. Como se decía en un anuncio de las margarinas y mantecas producidas por la hidrogenación de los aceites vegetales que, después se supo, tenían grasas trans: “It is not nice to fool mother nature”.
Pongo a su disposición, señor director, todo el material que he acopiado a lo largo de más de 15 años de investigación científica sobre algunos de los aditivos alimentarios, así como el acervo bibliográfico de estudios científicos de otros países que sustentan la necesidad de cambiar de raíz esta norma oficial mexicana de etiquetado, para que dentro de 10 años tengamos cifras más positivas en el rubro de la salud de los mexicanos y demos el ejemplo a las organizaciones, como Codex Alimentarius, la propia OMS y la FAO, sobre que se deben cambiar para el bien de la humanidad y no para beneficiar a las grandes empresas agroalimentarias transnacionales, términos tan tramposos como la palabra “azúcares”, que engañan al consumidor y benefician a las transnacionales que importan las mieles fructosadas de maíz, por solamente poner un ejemplo.
Nuestros propios representantes tienen la última palabra o pasarán a la historia, no como Belisario Domínguez, sino como los “levantadedos” del pasado reciente y de ahora.
Atentamente,
Doctora María del Carmen
Durán Domínguez








