En estos tiempos en que debemos quedarnos en casa –no importa edad ni condición– la televisión abierta se ha vuelto un recurso más amplio y democrático frente a internet, las redes, las OTT, las plataformas, pues 90% de los hogares del país poseen un aparato televisivo y reciben la señal.
Aunque no todos obtienen los canales públicos, que es donde reside la mayor cantidad de información confiable y también el entretenimiento de calidad, sí pueden sintonizar la oferta de películas. Cuando los filmes son buenos, se pueden ver una y otra vez sin cansarse. Si además los presentadores nos ilustran con la forma de filmarlos, los autores, las circunstancias, la obra cinematográfica cobra otra dimensión.
Canal 22, Canal Once, TV UNAM, Capital 21 y Canal 14 de SPR, entre otros, tienen en su programación, para complementar lo fílmico, emisiones de charla y discusión sobre las cualidades del séptimo arte (y negocio). En Canal 22, una vez a la semana, se transmite Encuadre Iberoamericano con los críticos Fernanda Solórzano y Leonardo García Tsao. A los dos se les había visto en una emisión del entonces Canal 30 de SPR. De aquel destacaba, al igual que en Encuadre, la escenografía. Una especie de bodega con instrumentos usados en las filmaciones e invitados en el estudio, daban marco a la charla.
Muy bien acoplados, Solórzano y García Tsao comparten una conversa muy bien informada, llena de datos sobre películas, directores y festivales. Los premios obtenidos son evaluados. Se habla no solamente de las novedades sino se hace referencia a las clásicas, a las más destacadas de un cineasta. Hay un tema que guía la selección, la más reciente fue “el encierro”, haciendo alusión a nuestra condición actual. Parte del programa consiste en que cada uno va numerando, de acuerdo a su preferencia, el filme comentado. Van del 5 al 1. A veces coinciden, a veces disienten. La clasificación no es arbitraria, cada uno enuncia las cualidades que observa y los motivos por los cuales le otorga tal sitio. La subjetividad inevitable está presente pero no molesta pues se afirma de buena fe.
Dos sillas, un ciclorama cuyo único adorno son barras de luz de neón separadas, constituyen el espacio en el cual se desempeñan. A diferencia de su anterior escenario barroco, éste es muy simple, austero, diseñado para que destaquen ambos conductores. Intercalada en la conversación veremos fragmentos de los filmes mencionados, fotografías de actores, actrices y realizadores. Con estos sencillos elementos el programa se sostiene de principio a fin con un ritmo pausado, sin decaer. Resuelta como una conversación coloquial entre cinéfilos, atractiva para la mayoría de los asistentes a este espectáculo.
Resulta refrescante, entre tanta estridencia de las redes sociales, encontrarse con un relajante espacio en donde lo que priva es la inteligencia y el conocimiento, desplegados desde una profunda pasión por el arte que se comenta. La cinefilia de los dos críticos es contagiosa.








