No es la primera vez que el régimen de Nicolás Maduro habla de complots para derrocarlo, de intentos de asesinarlo, de invasiones a Venezuela… y nunca aporta pruebas de sus dichos. Pero la madrugada del domingo 3 hubo un intento de incursión armada sobre el que a lo largo de la semana abundaron declaraciones y confesiones… todo, digno de una rocambolesca película.
BOGOTÁ.- La primera noticia la dio el domingo 3 de mayo por la mañana el ministro del Interior de Venezuela, general Néstor Reverol: en una transmisión en vivo por la televisión oficial dijo que un grupo de “mercenarios terroristas” había pretendido realizar una “invasión por vía marítima” a su país esa madrugada.
Según Reverol, los atacantes llegaron en “lanchas rápidas” a las costas de Macuto, población del litoral central venezolano, cercana al aeropuerto internacional de Maiquetía y a Caracas, y su propósito era “cometer actos terroristas” y asesinar a líderes del gobierno.
Después se sabría que en realidad el grupo armado llegó a las costas de Macuto en una lancha y que al aproximarse a una playa fue recibido a tiros por un contingente de fuerzas especiales de la policía, marinos y agentes de los servicios de inteligencia, que “abatieron” a ocho de los atacantes.
Fue evidente que los estaban esperado y el mismo presidente Nicolás Maduro, quien fue revelando detalles de la denominada Operación Gedeón a lo largo de la semana, señaló que el grupo siempre estuvo infiltrado.
“Lo sabíamos todo –aseguró–: qué hablaban, qué comían, qué no comían, qué tomaban, qué no tomaban, quién los financiaba.”
El gobierno asegura que hubo un enfrentamiento con los “mercenarios” durante 45 minutos; sin embargo, seis de los detenidos que se muestran en un video aparecen sin un rasguño; entre ellos están los exmilitares estadunidenses Luke Denman y Airan Berry.
Presuntamente estos dos personajes fueron los jefes operativos de la fallida incursión, la cual implicó, según Caracas, a unos 60 exmilitares y opositores venezolanos que llegaron en dos lanchas; la de Macuto el domingo 3 y una segunda interceptada el lunes 4 en las costas de Chuao, estado de Arauca, 70 kilómetros al noroeste de Caracas.
Los ocho tripulantes de esta segunda embarcación fueron capturados por policías de Chuao, pero según el gobierno venezolano ya habían desembarcado en el trayecto a unos 20 “invasores”, algunos de los cuales fueron detenidos por la Fuerza Armada a lo largo de la semana. Hasta el jueves 7 habían sido capturadas 20 personas involucradas en el incidente, quienes ya están confinadas. Las fuerzas de seguridad les confiscaron fusiles de asalto, municiones y equipo de comunicación “colombiano y estadunidense”.
Maduro aseguró que desde hace varios meses tenía conocimiento de lo que llamó “complot” y que para contrarrestarlo puso en marcha la Operación Negro Primero. Aplastamiento del Enemigo.
El “president” Guaidó
Denman y Berry trabajan para la empresa de seguridad Silvercorp, basada en Melbourne, Florida.
Su director y propietario es Jordan Goudreau, exboina verde estadunidense que, desde su país, aceptó –en varias entrevistas durante la semana– ser el estratega militar de la “operación anfibia” y se refirió a Denman y Berry como “mis muchachos”.
Además reveló que la frustrada invasión se realizó como parte de un contrato –que mostró en un video– por valor de 212.9 millones de dólares.
El contrato está firmado por él, como director ejecutivo de Silvercorp; por el autoproclamado presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó; por el diputado opositor Sergio Vergara, y por el experto en mercadeo político Juan José Rendón.
En calidad de testigo aparece como firmante Manuel Retureta, un penalista que ejerce en Estados Unidos y tiene entre sus clientes a narcotraficantes extraditados a ese país, como el excapo del Cártel de Sinaloa Dámaso López Núñez, El Licenciado.
El venezolano Juan José (JJ) Rendón, por su parte, es un controvertido experto en “guerras sucias” mediáticas. Radica desde hace varios años en Miami, fue asesor de Enrique Peña Nieto en la campaña electoral de 2012 y hoy figura como estratega político de Guaidó.
Rendón reconoció en entrevistas con The Washington Post y CNN que firmó un “contrato exploratorio” con Goudreau para “una eventual acción de capturas de personas” cercanas a Maduro y dijo que incluso le entregó 50 mil dólares de su bolsillo al exboina verde.
Negó, sin embargo, que Guaidó haya firmado el documento mostrado por Goudreau –en el cual aparece la firma del dirigente opositor con el cargo de “President of Venezuela”–, y aseguró que “la operación fue descartada” en noviembre pasado.
Guaidó, quien en un principio aseguró que la “invasión” era “un montaje” del régimen para desviar la atención de la crisis crónica que vive el país por la debacle socioeconómica y la pandemia del coronavirus, descartó haber firmado un contrato con Silvercorp y dijo que el documento presentado por Goudreau “es falso”.
Según el dirigente opositor, el propósito del gobierno es implicarlo en la “invasión” para poderlo “secuestrar y detener ilegalmente”.
El lunes 4 la Fiscalía venezolana inició una investigación contra Guaidó por contratar mercenarios para invadir al país y Maduro lo señaló como partícipe directo de un plan para derrocarlo mediante una acción armada que tenía como propósito, además, “bañar de sangre al país”.
Según Maduro, los responsables del fallido intento de invasión son los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Colombia, Iván Duque, así como el exmandatario colombiano Álvaro Uribe y la DEA.
En diferentes intervenciones transmitidas en vivo por la televisión oficial, Maduro divulgó imágenes de Goudreau en actos en que aparece cerca de Trump y las cuales sugieren que fue parte del equipo de seguridad del mandatario estadunidense.
Maduro añadió que Goudreau y los dos estadunidenses detenidos en Macuto “son guardaespaldas” de Trump.
El presidente de Estados Unidos aseguró que su gobierno no tiene nada que ver en esos hechos y su secretario de Estado, Mike Pompeo, declaró que su país usará “todas las herramientas” a su alcance para repatriar a sus dos connacionales detenidos en la operación.
Bogotá emitió un comunicado en el que rechazó las afirmaciones de Maduro, que lo involucran en ”supuestos hechos de desestabilización”. Más bien, agregó, son “intentos por desviar la atención respecto de los verdaderos problemas que vive el pueblo de Venezuela, mediante la acostumbrada estrategia de ese régimen ilegítimo de buscar debates y distractores externos en momentos de crisis interna”.
Y es que Maduro señaló que los invasores se transportaron vía marítima desde el caribeño departamento colombiano de La Guajira, fronterizo con Venezuela, donde además instructores estadunidenses de Silvercorp habrían entrenado al grupo armado “con el conocimiento y la anuencia del gobierno de Colombia” y con el apoyo de “cárteles del narcotráfico”.
Pruebas incriminatorias
El gobierno de Venezuela, Goudreau y varios implicados en los hechos han presentado evidencias que incriminan a Guaidó en la frustrada incursión.
El propio Rendón aceptó la autenticidad del contrato. Y aunque negó que Guaidó lo hubiera firmado, no ha podido explicar por qué aparece su firma en el documento divulgado por Goudreau. “No soy grafólogo”, dijo a CNN.
Goudreau sostiene que Guaidó violó el contrato, que consta de 42 páginas, aunque sólo seis se habían dado a conocer hasta el jueves 7, pero que a pesar de eso decidió seguir con la operación por su “compromiso con la liberación de Venezuela”.
Lo cierto es que este mercenario y sus operadores militares Denman y Berry parecían más interesados en el botín de guerra que les habrían prometido dirigentes de la oposición venezolana: 14% de las fortunas en dólares que lograran confiscar a los altos funcionarios del régimen.
Rendón compartió con Goudreau fotografías en las que se muestran fajos de dólares que supuestamente pertenecerían a colaboradores de Maduro involucrados en casos de corrupción y narcotráfico.
De acuerdo con el contrato que desconoce Guaidó, Silvercorp tendría la misión de “capturar/detener/eliminar a Nicolás Maduro, eliminar el régimen actual e instalar al presidente venezolano reconocido, Juan Guaidó”, para lo cual exmilitares de esa firma entrenarían en Colombia a los venezolanos involucrados en la operación.
De la suma acordada –212.9 millones de dólares– se desembolsarían 50 millones para iniciar los trabajos, lo que nunca ocurrió y al parecer fue lo que molestó a Goudreau.
Pese a ello, el mercenario continuó los planes, no se sabe si por el botín prometido o porque esperaba cobrar de cualquier forma sus servicios, cuyo pago estaba respaldado en el contrato “con barriles de petróleo venezolano”.
Guaidó tiene acceso a las millonarias cuentas en dólares en bancos estadunidenses que el gobierno de Trump le retuvo al régimen de Maduro. También, a la empresa petrolera venezolana Citgo, que opera en Estados Unidos y que Washington le confiscó a Maduro.
En medio del vendaval informativo que desató la frustrada invasión, el grupo Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio le pidió al autoproclamado presidente encargado “transparencia” en el manejo de esos recursos.
“Guaidó y la oposición están quedando muy mal parados con estos acontecimientos. Todo indica que están metidos en esto y que ofrecieron pagos a mercenarios. Esto es muy grave”, dice a Proceso el sociólogo venezolano Ignacio Ávalos.
Dirigentes opositores como el excandidato presidencial Henrique Capriles y el coordinador de la Mesa de la Unidad Democrática, Jesús Torrealba, quienes siempre se han opuesto a una solución militar a la crisis venezolana, han tomado distancia de Guaidó en estos días.
“Está muy debilitado y no va a ser fácil que se recupere”, afirma Ávalos.
El contrato con Silvercorp ya había sido mencionado en marzo pasado por el disidente general venezolano Clíver Alcalá, quien estaba exiliado en Colombia y se responsabilizó de un cargamento de armas confiscado el 23 de ese mes por la policía colombiana.
Alcalá, quien fue edecán militar de Hugo Chávez y rompió con Maduro en 2014, dijo que esas armas estaban “amparadas” por un contrato firmado por “el presidente” Guaidó con “asesores de seguridad” estadunidenses.
El exmilitar venezolano afirmó, además, que los pertrechos eran para una operación que se preparaba desde Colombia, con conocimiento del gobierno colombiano, para derrocar a Maduro.
El 27 de marzo anterior, horas después de formular esas declaraciones a la W Radio de Colombia, Alcalá se entregó en Bogotá a las autoridades de Estados Unidos para responder en ese país por cargos de narcotráfico. Se cree que es un testigo protegido de la DEA.
Según Maduro, Alcalá, a quien llamó “traidor”, estuvo trabajando con Goudreau en Colombia en el plan de invasión y era quien se encargaba de dirigir el entrenamiento, en La Guajira colombiana, de los hombres que participarían en esa operación.
El miércoles 6 Maduro presentó un video con declaraciones de Denman en las que el exmilitar afirmó que llegó a Colombia el pasado 16 de enero para entrenar al grupo “de 60 o 70” hombres que participó en la fallida incursión.
Hablando en inglés, y a preguntas expresas de un interrogador que no se observa en cámara, dijo que el grupo partió a Venezuela desde el departamento colombiano de La Guajira, en cuya capital, Riohacha, se realizaron los entrenamientos militares.
Según Denman, su misión consistía en tomar el control del aeropuerto (presuntamente el de Maiquetía) para trasladar allí a Maduro y subirlo a un avión que lo transportaría a Estados Unidos.








