Antonieta Rivas Mercado

El 28 de abril se conmemoraron 120 años del nacimiento de Antonieta Rivas Mercado. Mujer recordada por su mecenazgo del Teatro Ulises de 1928 –movimiento renovador del teatro en México– y con una significativa labor como promotora cultural, cronista, productora, escritora, actriz e impulsora del derecho al voto femenino.

Antonieta se suicidó en París en el interior de la catedral de Notre Dame con la pistola de José Vasconcelos cuando tenía 31 años, y eso ha sido un detonante para convertirla en personaje trágico. Carlos Saura en 1982 dirigió la cinta Antonieta, duramente criticada por falta de rigor realista, y se han llevado a escena obras de teatro y novelas teniéndola como protagonista. En 1990, por ejemplo, María Muro escribió y condujo Antonieta en la ausencia; en 2015 Gema Aparicio dirigió Cita en Notre Dame, de su autoría, interpretada por Roxana Andrade en colaboración con Vicente Ferrer; y este año Lourdes Salmerón puso en Guadalajara Antonieta, fantasma de Notre-Dame, de Guillermo Shmidhuber.

Sus conocimientos, su inteligencia, su entusiasmo y compromiso por querer un México con una elevada actividad cultural, la llevó a dedicar su herencia para promover pintores, escritores y movimientos políticos y culturales. Publicó libros de los poetas Gilberto Owen y Xavier Villaurrutia, y de Andrés Henestrosa, y fue la gestora del patronato de la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Carlos Chávez. Impulsó y patrocinó parte de la campaña presidencial de Vasconcelos, y denunció el fraude electoral a los cuatro vientos. Fue pionera del relato político en Crónica de la campaña política de José Vasconcelos (1928-1929), donde cuenta la experiencia.

Su suicidio ocasionó un silencio por parte de su familia católica y sus amigos “artistaspolíticosfuncionarios”, y el gobierno de Calles lo fomentó pues no quería una “mártir vasconcelista” que continuamente lo atacaba. Rivas Mercado fue una pieza fundamental para que el Teatro Ulises llegara a buen puerto. El pintor Manuel Rodríguez Lozano desempeñó un papel como su enlace con Los Contemporáneos –entre los que se encontraban Salvador Novo y el mismo Villaurrutia– e hicieron sinergia para realizar, en los primeros meses de 1928, un programa teatral con conceptos que lo revolucionaron, en contraposición al teatro comercial de herencia española, acartonado y grandilocuente. Sin concha para el apuntador, los actores memorizaban sus textos y el espacio escénico se salía de lo convencional. Rodríguez Lozano, cabeza del equipo de pintores que diseñaban el espacio, y Antonieta como productora, acondicionaron una casa en un vecindario de la Guerrero, y ella coordinó al equipo para las lecturas, donde todos opinaban por igual, para los ensayos, y las funciones en las que sólo cabían 50 espectadores con entrada libre. Ella actuó en la inauguración y tradujo obras del inglés y del francés. La experiencia duró apenas tres meses, pero ella siguió traduciendo y escribiendo.

Poco se conocen sus dos obras de teatro, Episodio electoral y Un drama, donde no aborda temas sentimentales, sino políticos; en esta última habla de los tejes y manejes legales y morales antes y durante el juicio a León Toral, el asesino de Obregón, que le tocó vivir. Esta obra está incompleta, al igual que un par de novelas.

Hoy, a 120 años de su nacimiento, el nombre de Antonieta Rivas Mercado, gran mujer para la cultura mexicana, lo lleva el teatro de la Biblioteca de México. Y su residencia donde pasó su infancia, Casa Rivas Mercado, es ahora un centro cultural.