El crónico desabasto de agua en Tláhuac hace más dramática la contingencia sanitaria: para miles de habitantes de esta alcaldía es imposible seguir el llamado a quedarse en casa, pues deben salir a buscar agua. Tampoco se pueden lavar las manos continuamente ni desinfectar sus pertenencias y domicilios. Por si fuera poco, son presa de grupos de poder locales que controlan las pipas que transportan el líquido: ellos deciden a quién sí y a quién no le proporcionan el servicio.
En la colonia La Estación, alcaldía de Tláhuac, en el suroriente de la Ciudad de México, patrullas de la Policía Metropolitana custodian las pipas de agua potable para evitar que sean secuestradas. Esto es muestra de cómo la emergencia sanitaria por la pandemia del covid-19 ha agravado el conflicto por la escasez del líquido en algunas zonas de la capital, que podría derivar en hechos violentos.
En ésta y otras colonias de la alcaldía de Tláhuac –de unos 370 mil habitantes– es casi imposible seguir el llamado a quedarse en casa, pues la gente debe salir a buscar agua. Tampoco se pueden lavar las manos continuamente ni desinfectar sus pertenencias y domicilios, porque sólo reciben el recurso una vez a la semana.
La falta de agua en La Estación –y otras colonias, como Zapotitla, Tlaltenco, Selene, Jerusalén, Unidad Santa Ana o Santa Catarina– ha provocado que organizaciones como Antorcha Campesina y líderes vecinales presuntamente ligados a Morena –que gobierna la alcaldía y la ciudad– rebasen la autoridad del alcalde Raymundo Martínez Vite y controlen la distribución del líquido para beneficiar a sus agremiados.
El origen
La escasez de agua en Tláhuac no es nueva. Vecinos entrevistados relatan que los problemas y protestas comenzaron en 2009, con la construcción de la Línea 12 del Metro. Años después, en su campaña para la jefatura de Gobierno, Claudia Sheinbaum prometió solucionar el problema. Al iniciar su gestión, el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) comenzó a cambiar tuberías y reparar fugas para tener mayor presión en la red y que el líquido pueda subir hasta la zona alta de la demarcación; pero la red de distribución estaba dañada por el sismo de 2017.
Mientras continuaban los trabajos, la gente recibía en sus hogares “un hilito” de agua y por tandeo: un día sí y otro no, y sólo un par de horas. A veces llegaba limpia y a veces “hasta con gusanos”. A inicios de 2020 y ante la presión de los vecinos, el Sacmex y la alcaldía aplicaron un sistema de distribución gratuita con pipas. Por eso, afuera de las casas y en los patios es común observar tinacos, tambos, cubetas, botes y garrafones prestos para ser llenados por esos vehículos… cuando llegan.
Los vehículos que envía la alcaldía pueden llenar dos tambos de 200 litros en una casa donde viven dos familias; una cisterna de 60 mil litros en un solo domicilio o dos tinacos de mil litros, además de cubetas y botes, en un edificio donde viven unas 50 personas. “Esta carga a duras penas alcanza para una semana. Reciclamos lo más que podemos, lavamos trastes y ropa, y aunque esté apestosa la usamos para el baño. Es imposible que nos lavemos las manos tanto como dicen para evitar el coronavirus”, comenta una habitante de la calle Villa de Cortés.
En las calles es común observar camionetas con montones de garrafones de 20 litros que van a llenar a negocios de purificadoras para luego venderlos a domicilio en 10 pesos. Lo mismo los llevan en cajuelas de autos, triciclos, bicicletas y hasta carritos de supermercado.
Con esfuerzos, vecinos de dos o tres domicilios cooperan para juntar mil 800 pesos y comprar el contenido de una pipa particular. Aunque corren el riesgo de que, a la hora de llenar sus tinacos, lleguen otros habitantes y les exijan con violencia que les compartan el líquido.
Lo peor, aseguran, es que cada bimestre llega puntual a las casas el recibo del Sacmex. “¡Es el colmo, nos cobran, pero de la llave no sale ni gota!”, denuncia la señora Elvira Jarquín, mientras muestra el documento.
En las calles también es común observar hoyos hechos por trabajadores del Sacmex, que dejan abiertos tras realizar maniobras en las tomas o válvulas de la red; el peligro es que personas o autos puedan caer.
“La Oficinita”
Desde su tienda de ropa, “La Oficinita”, en la esquina de Pino Suárez y Xola, Nelba Mogo Vázquez, líder de la colonia La Estación, encabeza una red de vecinos con la que coordina la distribución de las pipas que envían la alcaldía y el Sacmex, y decide a qué calle y en cuáles domicilios se entrega, aunque a veces la ruta que marca la autoridad sea otra. Ahí también lleva la bitácora de las mesas de trabajo y los acuerdos con la alcaldía y el Sacmex.
“Prácticamente le hacemos el trabajo al gobierno”, dice en entrevista mientras muestra los documentos.
Cada calle tiene dos o tres vecinos coordinadores que, libreta en mano, se aseguran de que el pipero surta los botes y las cisternas que ellos le indican, restándole autoridad al personal de la alcaldía que supervisa el trabajo de las pipas. Aunque otros vecinos afirman que Mogo tiene vínculos con Morena y que cobra ciertas cuotas, ella lo niega y aclara que sólo son vecinos que “sin pertenecer a ningún partido, sin cobrar nada, sin interés y de manera voluntaria”, ayudan a regular el servicio y mantener el orden.
La autoridad “nos ha ayudado, pero es mucho el desabasto”, dice y agrega que la gente se está desesperando porque, pese al riesgo del coronavirus, no puede seguir las medidas de reclusión e higiene y tiene que salir a la calle a conseguir agua. “Por eso ya no queremos pipas, queremos que manden agua por la red como lo hacían antes. Esto no es una guerra, pero se está generando mucha violencia y no queremos que haya un muerto por la falta de agua”, advierte.
Secuestro de pipas
Lo que alerta tiene justificación. Los testimonios aseguran que, en varias ocasiones, sujetos a bordo de motocicletas, con machetes o armas de fuego, han interceptado el trayecto de las pipas,que salen llenas desde la Garza (surtidor) 19 de Cuemanco, o bien, desde la que está a un costado del Bosque de Tláhuac. Hasta ahora ningún conductor ha resultado lesionado, dicen, pero sí los han obligado a desviar su camino y a surtir en otras calles.
Los testimonios aseguran que entre las calles beneficiadas están algunas de una unidad habitacional de expolicías, además de la colonia Zapotitla donde, según las denuncias, habitan personas relacionadas con el Cártel de Tláhuac, que lideraba Felipe de Jesús Pérez Luna, El Ojos, abatido por la Secretaría de Marina en julio de 2017.
Otras versiones señalan que integrantes de organizaciones como Antorcha Campesina y los Panchos Villa son quienes han secuestrado las pipas para llevarlas a los asentamientos irregulares que controlan. Unos más afirman que son personas desesperadas que llevan días sin líquido y deciden hacerlo por sobrevivencia. Lo cierto es que personal de la Dirección de Participación Ciudadana de la alcaldía ya ha recibido amenazas de “ser descuartizado” si no lleva agua a ciertas zonas, según cuentan a la reportera trabajadores de esa área, que pidieron el anonimato.
La violencia no para ahí. El 17 de marzo cientos de habitantes de distintas colonias realizaron tres bloqueos. El más grande fue en la carretera México-Puebla, a la altura del Eje 10. “¡Queremos agua!”, gritaban unas 120 personas, principalmente mujeres y adultos mayores. La policía los retiró a empujones, jalones y arrastrados.
Una semana después el gobierno central publicó en la Gaceta Oficial una resolución de carácter general que condona el pago de derechos por suministro de agua desde el ejercicio fiscal de 2015 hasta 2020 a los habitantes de Tláhuac y Milpa Alta.
Estallido social
En el recorrido por la colonia La Estación, Proceso constató que las pipas que se distribuyen por instrucciones de “La Oficinita” no entran a ciertas calles, pues presuntamente están controladas por la organización Antorcha Campesina, con la que ya han tenido conflictos.
En entrevista, Jonathan González San Juan, representante del movimiento antorchista en Tláhuac, niega tal acusación y explica que el secuestro de las pipas se generó por la distribución inequitativa que permite la alcaldía. “Son insuficientes y muchas son entregadas solamente a los afines a Morena, y en algunos casos hasta ha habido agresiones”, acusa.
Agrega que el riesgo se agudizó con la pandemia, pues “la gente necesita agua para lavarse las manos y sanitizar y no lo puede hacer, lo que eleva el riesgo de
contagio”.
González asegura que quien secuestra pipas es gente orillada por la división vecinal generada por el alcalde. Considera que la solución es que la autoridad mande el líquido por la red. “Estamos dentro del casco urbano, sí hay infraestructura, es una colonia regularizada y tiene red principal. Los habitantes pagamos el recibo, tenemos el derecho de recibir agua”, insiste.
Y advierte: “Si la autoridad no resuelve pronto, lo que va a provocar es un levantamiento de la gente, porque las pipas no resuelven el problema de fondo. Peor aún, en medio de la crisis sanitaria la gente no puede quedarse en su casa porque tiene que salir a conseguir agua”.
Consciente de que la autoridad realiza trabajos para mejorar el servicio, pide que, en tanto éstos se realizan, les envíen más pipas y las distribuyan de manera equitativa.
Roberto Lozano, director de Comunicación Social de Tláhuac, aclara que la alcaldía trabaja al máximo con las 25 pipas que tiene y otras 10 que contrató para atender la demanda. Dice que entienden la molestia de los habitantes y no quieren desencuentros “con una líder social”. Su objetivo es “darles el mejor servicio y que no se le dé más agua a unos que a otros”. Por eso cuenta que la alcaldía puso en funcionamiento 120 radares que siguen a las pipas para comprobar que llegan a donde son asignadas.
No obstante reconoce: “Sabemos que en la colonia La Estación hay mafias y vecinos organizados que roban las pipas y las obligan a entrar en unidades habitacionales… eso provoca que quedemos mal con los vecinos a quienes les íbamos a llevar”. Por ello, ahora mandan a la policía de la alcaldía para custodiar los vehículos.
Y aclara que la alcaldía “no tiene posibilidad de poner a funcionar la red de agua porque no nos toca; sólo estamos en coordinación con el Sacmex, que tiene sus propios tiempos y formas”.
La red, la solución
Vecinos y autoridades coinciden en que la única solución a este conflicto, y para evitar más violencia, es recibir el agua mediante la red. “Sólo con eso vamos a estar tranquilos todos”, dice Mogo. Agrega que la gente ya está cansada de que la autoridad abra la llave sólo cuando hay manifestaciones, si tienen alguna reunión con el Sacmex o cuando aparece una denuncia periodística, pero a los pocos días la cierra de nuevo.
González agrega: “Exhortamos al gobierno y a la alcaldía a que hagan una intervención definitiva. Sabemos que cuando quieren solucionar, lo han hecho. Hoy se han tardado porque no son tiempos electorales. La solución de fondo es que el agua llegue a través de la red”.
Tras los bloqueos del 17 de marzo, Sheinbaum explicó que el desabasto “obedece a la caída de energía en el sistema de Lerma, que provee a Tláhuac”, pero aseguró que ya lo arreglaba la Comisión Federal de Electricidad. Detalló que en la zona faltan una planta potabilizadora y una línea de conducción, pero dijo que ésta “ya fue contratada y será instalada para que entre en operación a la brevedad”.
Comentó que el Sacmex define un “plan de contingencia especial” para garantizar el abasto durante la emergencia sanitaria y que, de ser necesario, en coordinación con la Comisión Nacional del Agua podrían traer líquido desde el Sistema Cutzamala.
En la videoconferencia de la jefa de Gobierno el pasado 29 de marzo, Proceso insistió en el tema de los secuestros de pipas; Sheinbaum respondió en tono serio: “Es la desesperación de la gente, no es un tema de delincuencia, sino más bien que la gente no tenía agua. Aumentamos el número de pipas para Tláhuac de tal manera que en los últimos 10 días ya no se ha presentado ninguna de estas condiciones”. Luego aseguró que la planta potabilizadora para el pozo que surte a Mixquix y Tetelco estará lista en los dos próximos meses.
Proceso solicitó una entrevista con el director del Sacmex, Rafael Carmona, pero hasta el cierre de esta edición no obtuvo respuesta.








