Señor director:
Llama la atención que alguien, que suele presentarse como “analista política” construya un texto descalificando la credibilidad del subsecretario de Salud (Hugo López-Gatell) a partir de ironizar sobre su persona y con adjetivos que distraen los argumentos (Denise Dresser en Proceso 2267).
Es decir, preguntarse la falsa dicotomía de que si es científico o político, luego de comentar que le hubiera gustado ser asistente de investigación de quien “se ha convertido en sex symbol, novio de México y San Hugo” (sic) suena innecesario, para luego disertar desde la posición de quien parece que sabe cómo no deben hacerse las cosas, pero que no se presenta desde donde habla, es decir, como política, científica o algo más.
Eso la lleva a confundir hacia dónde va su texto. Mediante la constante descalificación concluye que López-Gatell habla por “su ego y por Andrés Manuel López Obrador”, más que “por su conciencia y su entrenamiento” (sic).
Me pregunto si haría falta peguntarle a quien escribe dónde aprendió a hacer “análisis político”, a la vez que si procedería preguntarles a sus lectores si les gustaría haber sido sus alumnos.
No obstante, creo que eso no vendría al caso, como ella sí lo hace. Bastaría plantear argumentos sin presentar lecturas que descalifican ad hominem a las personas. ¿Por qué no aprovechar el espacio para construir lecturas críticas basadas en argumentos, independientemente de la persona que habla? ¿No será que, por privilegiar protagonismos en diversos medios de comunicación, se pueda engolosinar con sus propios comentarios?
Me llama la atención que no es la primera ocasión en que los moneros de la revista la incluyen dentro de quienes promueven fake news de manera sistemática (Proceso 2268).
En política difícilmente puede hablarse de “objetividad”, pero si pretendemos un “análisis político”, al menos podría intentar ser autocrítica con la propia subjetividad y con sus posiciones políticas e ideológicas. Claro, esto si se quiere ser “un poco académica”, aunque, quizá, sea otra la posición cuando se trata de opinar contra lo que proceda.
Atentamente,
Juan Guillermo Figueroa Perea, profesor e investigador de El Colegio de México y profesor de asignatura de posgrado en la UNAM
Respuesta de la colaboradora
Señor director:
A continuación, respondo la carta de Juan Guillermo Figueroa Perea:
Agradezco sus comentarios y los contesto puntualmente:
Comienzo citando a Anne Applebaum, quien escribe en The Atlantic sobre cómo las pandemias se vuelven excusas para que los gobiernos a nivel global instrumenten medidas autoritarias. Por ello argumenta que será imperativo seguir dudando, seguir exigiendo, seguir contrastando e “ignorar a cualquiera que diga que su política –científica o económica– está por encima de la crítica. Ignorar a quienes sugieren que la transparencia y la rendición de cuentas no se aplican en una pandemia y necesitan ser suspendidas por un periodo indefinido de tiempo”.
Lo contrario es cierto. Todas las decisiones que se tomen, ya sea médicas o políticas, merecen escrutinio y debate y deliberación y auscultación.
Sólo un gobierno eficaz, capaz de proveer información confiable y datos verificables nos ayudará a salir de esta crisis. No la fe ciega en el presidente y en quienes trabajan para él, incluyendo al subsecretario de Salud Hugo López-Gatell.
Le sugeriría que se asomara a las redes sociales, donde proliferan las imágenes, los memes y los comentarios describiendo a López-Gatell como sex symbol, novio de México y San Hugo al cual la población se encomienda.
Incluso este mes el subsecretario aparece posando en la portada de la revista Quién, en la cual es presentado como el “rockstar” de la 4T. Yo no inventé esas descripciones, sólo las recojo para sustentar el argumento sobre un funcionario público engolosinado con su propia imagen y cuyos posicionamientos con frecuencia parecen guiados por protagonismo, imperativos políticos y lealtad al presidente, no por criterios científicos.
Sorprende que usted –siendo profesor de El Colegio de México– cite selectivamente mi columna de opinión y lo haga para distorsionarla. Sorprende que no haga referencia a las partes de mi texto donde presento los cuestionamientos legítimos a la labor de López-Gatell, que merecen explicación y respuesta tratándose de un funcionario público que, por vivir de nuestros impuestos, no debería estar por encima del escrutinio.
Las dudas que expreso están basadas en mi lectura de múltiples artículos académicos que se han publicado sobre el covid–19, y luego de haber pasado tres horas con el subsecretario López-Gatell hace algunas semanas: “El porqué la confianza –casi obcecada– en el modelo de ‘centinela vigilante’ para medir la propagación y el curso del coronavirus, cuando la mayor parte de los países afectados reconoce la importancia de las pruebas masivas.
“El porqué detrás de la decisión de no exigir cubrebocas para toda la población, cuando se ha descubierto que los infectados asintomáticos lo pueden transmitir, incluso hablando. El porqué la Secretaría de Salud no ha hecho público –y compartido con la comunidad científica– el modelo en el cual está calculando el número de infecciones y muertes y en función de eso, el mejor y el peor escenario. Las razones por las cuales las compras de equipo, incluyendo ventiladores, cubrebocas y guantes, se hicieron de manera tardía y a precios muy elevados, después de haber permitido su venta masiva a China en febrero. Las razones detrás de la lentitud en la reconversión hospitalaria y la tardanza en adiestrar al personal de salud a seguir los protocolos necesarios.”
Reitero la postura que planteé en mi columna: estas son preguntas legítimas que López-Gatell no ha contestado con la precisión, claridad y transparencia exigidas.
Detrás de su elocuencia reiterativa las dudas persisten y las contradicciones continúan, aunque López-Gatell insista en que “vamos bien”. ¿Cómo saberlo cuando, ante preguntas válidas basadas en información que empieza a ser publicada en revistas académicas internacionales, responde que “no hay evidencia técnica o científica”?
Las dudas persisten cuando, por el protagonismo mediático al que la crisis lo ha propulsado, el subsecretario no parece estar al tanto de lo que los expertos en su propio tema están argumentando y publicando; cuando se cierra la actividad industrial, excepto a los sectores que proveen insumos para Dos Bocas y el Tren Maya y el subsecretario de Salud justifica esa decisión; cuando al Grupo Salinas se le permite seguir operando, aunque desafíe los ordenamientos sanitarios poniendo en riesgo a sus empleados, y el gobierno no asume una posición más firme ante Ricardo Salinas Pliego.
Finalmente, me acusa de llevar a cabo una crítica “ad hominem” sobre López-Gatell. Paradójicamente, usted hace lo mismo conmigo, cuestionando y descalificando mi persona en vez de rebatir mis argumentos. Y en respuesta a la pregunta de dónde estudié: hice la licenciatura en El Colegio de México y la maestría y el doctorado en la Universidad de Princeton. Los aciertos de mi vida profesional derivan de lo que me enseñaron ahí. De los errores, yo me hago cargo.
Atentamente,
Denise Dresser








