Cine en Línea

TOKIO, JAPÓN.- Durante estas semanas de ocio, impuesto por la insoslayable pandemia, diferentes organizaciones y festivales proponen alternativas para mantenerse conectado con el cine; las mejores opciones son gratuitas, no tanto por la falta de lucro, sino por la calidad en la selección de largometrajes, documentales y de ficción, o de buenos cortometrajes.

Destacan, por ejemplo, el nuevo ciclo de documentales de Ambulante, presente en México desde hace 15 años, que comienza ya; la Filmoteca de la UNAM ofrece clásicos de la Época de Oro y de cine independiente mexicano; el FICM (Festival Internacional de Cine de Morelia) sorprende con títulos de lo mejor que se ha hecho en el cine nacional recientemente; amable y de acceso fácil, sólo hay que teclear y seleccionar la película que se quiera ver. Funciona, además, a nivel internacional, ideal para quienes, como yo aquí en Tokio, pasan la cuarentena en alguna otra parte de este planeta infestado de coronavirus.

De Cine en Línea, como se llama la opción del FICM, el último catálogo impresiona, y no tanto por disponer de la buena selección, sino porque el cine mexicano contemporáneo dispone ya de una gama de estupendas películas, y que dentro de la lista ninguna quede de sobra. Oportunidad para ver dos títulos que se me habían escapado, Las tinieblas (2016), de Daniel Castro Zimbrón, ficción apocalíptica, muy a la orden del día; la otra, Todo lo demás (2016), de Natalia Almada, cinta que ilustra la tesis de Hanna Arendt sobre la burocracia como la peor forma de violencia.

Las otras del catálogo son películas que apetecen verse y volverse a ver, una tras otra: El vigilante (2016), de Diego Ros, inquietante thriller que rompe con los lugares comunes del género de manera novedosa e inspirada; un relato sobrio que expone la corrupción sin recurrir al escándalo o la sátira, que ocurre, principalmente, en una construcción en las afueras de la Ciudad de México. Ros contrapone a un vigilante, tipo recio y honesto, contra la deshonestidad de sus compañeros y la venalidad, maldad, de la policía; el director aprovecha la geometría de la obra inacabada para crear espacios extraños y claustrofóbicos. Inseguridad e incertidumbre, metáfora, nunca forzada, de la estructura de poder y descomposición social.

Bellas de noche (2016), documental dirigido por María José Cuevas, explora una vena escondida de la historia del burlesque mexicano de las décadas de los setenta y ochenta, incluso con tintes políticos, a través de entrevistas a las vedettes bellas de su época, su situación actual, su devenir; mujeres patéticas pero fascinantes, aun en su ocaso, con momentos de humor involuntario sin perder la dignidad. Entrañable.

Una joya en la historia del documental es el trabajo de Tatiana Huezo, Tempestad (2016), el infierno que viven dos mujeres de medios diferentes, víctimas de injusticia y del crimen organizado; una busca a su hija desde hace 10 años, y la otra, encerrada en una prisión controlada totalmente por los narcos que apoya, taimadamente, la policía. Formidable documental poco reconocido, y menos escuchado, que se atreve a ir a donde nadie ha llegado, explora la gusanera y, sin embargo, gana un lugar en el cine poético.

El postre: La región salvaje, de Amat Escalante, también de 2016, por lo visto una cosecha memorable de cine en México; lo menos que se puede decir es que se trata de una cinta perturbadora, como todo lo suyo; ciencia ficción, realismo crudo, crítica a los aspectos enfermos de la sociedad mexicana, hipocresía y prejuicios de todo tipo.