Señor director:
Que el director de Prestaciones Médicas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Víctor Hugo Borja Aburto, haya tenido que declarar públicamente –en la conferencia vespertina en Palacio Nacional del martes 14– que la falta de un diagnóstico oportuno para covid-19 ha tenido como consecuencia que los pacientes “desafortunadamente nos estén llegando ya graves y las defunciones están ocurriendo en un periodo muy corto”, expone algo sencillamente inaceptable en un país con tantos recursos como México.
Borja Aburto tiene razón sobre la falta de diagnósticos oportunos, considerando necesario identificar de manera oportuna los casos que los médicos sospechen, hacer un diagnóstico rápido, aislar a los pacientes “e identificar que, si me falta el aire, es signo de que tengo que ir al hospital” (La Jornada del miércoles 15).
Es necesario un giro radical e inmediato en la asignación del presupuesto y tiene que ser dedicado con absoluta prioridad a salvar vidas, es la obligación de cualquier gobierno en el mundo, sea de derecha o de izquierda.
La compra e instalación inmediata de un número muy grande de laboratorios, adquisición de insumos y material necesarios para hacer pruebas masivas de coronavirus no pueden ser aplazadas sólo por no querer renunciar a la compra e instalación de un tren, que de todos modos ya nadie va a usar porque el turismo de masa, como lo hemos conocido hasta hace poco, ya es cosa del pasado, y de algunas proyecciones hacia “el futuro”, obsoletas y superadas por la nueva realidad impuesta por la mayor pandemia en 100 años.
Aunque existen diferencias en los recientes estudios sobre otras facetas del impacto económico de esta crisis mundial, todos coinciden en lo inevitable: el fin del turismo de masa y la debacle de las obras dirigidas hacia él.
Atentamente,
Stefan Gandler








