La conquista de México –hace 500 años– inaugura la época moderna, la occidentalización y luego la globalización del mundo. Este es el punto de arranque de los autores de un proyecto editorial mexicano que pospuso el covid-19, centrado en el fenómeno de la colonización; desde ahí, una veintena de escritores, intelectuales e historiadores de varios países fueron invitados a reflexionar cómo la llegada de los españoles a Mesoamérica determinó, en buena medida, la organización político-económico-social del planeta, hoy en el más severo cuestionamiento de su viabilidad.
Cuando la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó 2 billones de dólares para el rescate de industrias, pequeñas empresas y pagos directos a sus ciudadanos, la economía más grande del mundo, origen del paradigma liberal, asumió que había de ser salvada por el Estado ante la pandemia.
Así lo destaca Carlos González Manterola, editor de GM Espejo Imagen, quien junto con el historiador Miguel García Audelo prepara un proyecto para evaluar el impacto que, después de 1521, ha tenido el encuentro de Moctezuma y Cortés en la “occidentalización” del mundo y la construcción de la llamada modernidad.
La publicación del libro –postergada por la pandemia– no busca ser otra historia sobre el encuentro de Europa y América de hace 500 años, sino sacar de la discusión de la confrontación entre mexicanos y españoles, de la demanda de disculpa al rey de España que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador el año pasado, y los prejuicios de siempre que hablan de una falta de aceptación de los mexicanos de su propio mestizaje.
En una conversación conjunta vía telefónica por WhatsApp, ambos adelantan a Proceso algunos detalles de la propuesta, que mantiene vigente su propósito de revisar el hecho histórico a la luz de las reflexiones de diversos académicos, no sólo mexicanos y españoles, sino de diversos países del mundo que vivieron su propia colonización.
Entre los intelectuales convocados se encuentran Serge Gruzinski (Francia), David Brading (Inglaterra), Jacques Lafaye (Francia), Eduardo Matos Moctezuma (México), Ascensión Hernández Triviño (México), Salman Rushdie (India), Luis Millones (Perú), Amin Maalouf (Líbano), Gao Xingjian (China), Jean Marie Le Clézio (Francia), Svitlana Maksymenko (Rusia), Suzanne Tanella Boni (Costa de Marfil), Mia Couto (Mozambique), Tahar ben Jelloun (Marruecos), John Maxwell Coetzee (Sudáfrica), Kenzaburo Oe (Japón) y Maruan Soto Antaki (México-Siria).
García Audelo explica que la Nueva España se fundó no sólo en términos del imperio español, sino de la expansión de una nueva forma de entender el mundo y la creación de nuevas entidades políticas que contribuyeron a la occidentalización:
“Consideramos que, después de 1521, la mayoría de los procesos históricos alrededor del planeta tuvieron que ver con México. Y reflexionamos sobre todo lo que había significado: expansión de las rutas marítimas, establecimiento de las factorías comerciales en lugares tan alejados como el sureste de Asia por parte de los españoles y por parte de los portugueses en Sudamérica, no solamente en la zona de Brasil, y alrededor de África, también la parte que les correspondió con la Corona española y el Papa con acuerdos sobre el puerto de Argel. El proyecto habla entonces de la capitalización del mundo a través de la Nueva España y posteriormente México.”
A decir de González Manterola, la conquista de México inaugura la época moderna, la occidentalización y luego la globalización del mundo, y por eso es indispensable que los autores conozcan ese proceso, pero también hablen de su propia experiencia al ser colonizados en diferentes épocas y diferentes maneras, y plasmar cómo la llegada de los españoles a Mesoamérica determina la organización político-social del planeta, cosa que no sucede con los hindúes, africanos, chinos o japoneses.
“Al final podremos llegar a una conclusión de cuál es la situación que guarda el planeta al ser determinado por una sola cultura y manera de ver las cosas en todos los ámbitos, en lo económico, la belleza, lo que se te ocurra. Occidente realmente logró tener una intromisión, una influencia a nivel planetario como nunca lo habíamos visto en la historia de la humanidad, ni siquiera los griegos o los romanos lo hicieron. Y esta influencia se distinguiría por el paradigma del liberalismo occidental.”
Añade que, en la actualidad, ese paradigma occidental se encuentra en una situación “bastante delicada”, aunque opina que una de las características notables de Occidente, “su mayor invento”, es “el humanismo por antonomasia y su capacidad para autocriticarse y reconstituirse a sí mismo para que sus valores, como el individo y el pacto social derivados en el mercado y la democracia, sobrevivan.
Egresado del ITAM (Instituto Tecnológico Autónomo de México), González Manterola lamenta que no estemos más al pendiente de cómo se reinventa Occidente, si bien existen autores como el economista francés Thomas Piketty, autor de El Capital en el siglo XXI, que cuestionan la viabilidad del capitalismo si sigue ahondándose la brecha entre los muy ricos y los muy pobres.
Otros autores afirman que hay políticas de Estado que pueden mantener el mercado libre sin necesariamente acentuar la desigualdad, entre ellas las regulatorias, que podrían hacer mas justa ciertas áreas de la economía. Y, de hecho, recuerda el caso de Estados Unidos, que invirtió 2 billones de dólares para rescatar su economía:
“Ahorita, el mandamás de la economía en el mundo es el Estado, en Estados Unidos, en Italia, Francia, España y México. Sin el Estado norteamericano dando dos millones de millones de dólares, reventaría la economía de Estados Unidos, así que no me sorprenderá que le metan otros mil millones si hacen falta.”
Quizá, añade, una vez que el espíritu norteamericano, que sí es muy robusto, regrese a sus orígenes y esté echada a andar la economía, el Estado vuelva a replegarse para permitir a la iniciativa privada y la economía individual volver a hacer sus funciones sin la necesidad de recursos estatales. Y, en el contexto de la evaluación de Occidente que se propone el libro, sería una muestra de cómo ese nuevo paradigma del mercado abierto, la democracia, los valores del liberalismo se reinventan frente a los grandes problemas actuales, como la “aterradora desigualdad económica”, el cambio climático y las grandes emigraciones.
Coinciden los autores del proyecto en que el pacto social liberal, que tiene más de 200 años de haberse establecido, está ahora en sus peores momentos en términos políticos y económicos, y tendrá que redefinirse, si bien es parte de los grandes ciclos históricos que “estamos acostumbrados a ver”.
Y lo que se puede aprender de todos estos procesos, porque “para eso es la historia de la conquista de México y sus secuelas –no sirve para ese lugar común de ‘si sabes historia, no cometes el mismo error’–, para ver qué políticas públicas realizarán quienes deban tomar las decisiones, y tener más opciones de elección, desde lo individual hasta el gobierno”.
Porque si tienen cabal conocimiento –enfatiza– “se les pueden ocurrir otras soluciones ante los eventos que estamos viviendo”.
El peso de la historia
El cambio, dice García Audelo, se da también en la propia forma de abordar la historia. De ahí que el libro proponga visiones distintas a las que ya se habían popularizado a mediados del siglo pasado en voz de filósofos e historiadores, cuyos espacios se fueron reduciendo para ceder ante las historias nacionales o regionales. Cita el libro Pensar la historia globalmente, de Diego Olstein, editado por el Fondo de Cultura Económica, en el cual se hace un llamado a realizar un recuento historiográfico que refleje “el carácter universal integrado en el mundo del siglo XXI”:
“Le da un aire fresco al estudio de la historia y nos aporta conocimientos al darnos cuenta de visiones que tenemos ignoradas, porque podría decirse que los mexicanos tenemos una especie de tendencia a hacer historia mirándonos el ombligo y a estar siempre quejándonos del pasado. Entonces, es la oportunidad de darle un giro no solamente global, sino universal a nuestra historia, porque curiosamente somos uno de los cinco focos originales de la cultura en el planeta.”
Y justo ahora, añade, es necesario repensar la historia en esos términos. En ese sentido González Manterola recuerda que la historia siempre fue un referente fundamental tanto para los individuos como para los gobernantes. Los asesores y la gente a la cual consultaban presidentes y jefes de Estado eran historiadores y humanistas. Pone como ejemplo el caso del presidente francés Charles de Gaulle (1944-1946), con el escritor André Malraux (que llegó a ser ministro de Cultura), o del norteamericano Harry S. Truman, quien para elaborar el Plan Marshall para el rescate de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, se asesoró con historiadores, filósofos y otros humanistas.
Menciona, asimismo, el Manifiesto por la historia, de Jo Guldi y David Armitage, en el cual hablan de lo que en francés denominan “la longue durée” (el largo aliento o la larga dirección), para criticar las visiones históricas “cortoplacistas”. No se puede hacer historia si no se remonta a un pasado de entre 250 y 500 años atrás:
“Todos los desafíos que vivimos son de largo plazo, hace falta entonces conocimiento de largo plazo hacia atrás, para soluciones de largo plazo. Pero, ¿quién sustituyó a estos personajes humanistas? Entraron los economistas a ser los asesores y hacedores de las políticas públicas y desplazaron a los historiadores y a los humanistas.
“Estos autores convocan al historiador a regresar a su compromiso social de tener visiones de largo plazo y recuperar su lugar en lo social. Eso quiere decir que el historiador tenga el encanto, la versatilidad y el ingenio para enseñar la historia, para comunicarla y ser partícipes más comprometidos desde su campo de conocimiento con lo que está pasando ahorita, que sus propuestas vean hacia adelante y no estar metidos nada más en la década de 1920 a 1930 cuando se establecieron los nuevos gobiernos revolucionarios, por ejemplo. Es legítimo el conocimiento histórico de esa época, pero no nos va a cambiar la visión que tenemos ahorita de México.”
El proyecto se propone analizar también cómo la antigüedad clásica y la Edad Media situaron al hombre y a Europa en la cosmovisión cristiana, y cómo el “reino cristiano perfecto” y esa cultura y no otra estableció su autoridad en América y además llegó “hasta los confines más apartados de la Tierra”. Y continuó así hasta el siglo XIX “en medio de una lucha encarnizada emprendida por los imperios que iniciaron una carrera por conseguir la supremacía sobre el otro”.
Aclara González Manterola que no se trata de demonizar Occidente. Para él, como todas las culturas, tuvo grandes aportaciones, y en el caso de México se debe considerar que un ejemplo positivo de la “occidentalización” es el llamado Milagro Mexicano, la idea de difundir la cultura, hacer museos, la pintura, la medicina, los medios de comunicación… Todo ello “es resultado definitivo del desarrollo del conocimiento científico occidental… y de una participación muy significativa del Estado que permitió a México dar un brinco enorme. Después de la Unión Soviética no hay otro país que lo hubiera dado como el nuestro”.
Pero reconoce que ha habido abusos y “lamentablemente de los ochenta la desigualdad se volvió el rumbo”, y en algunos lugares del país que prácticamente no habían alcanzado los mismos niveles de desarrollo, se pretendió pasar de una sociedad casi colonial e incluso prehispánica a la “modernidad”:
“No hay que estigmatizar a Occidente. Creó que el modelo se desvirtuó, pasó de ser un pacto social entre individuos que establecieron un Estado de Derecho a un capitalismo salvaje, porque si piensas en el origen de este liberalismo, que son las Trece Colonias Inglesas, todos eran iguales y realmente se vivían la justicia y la democracia. El desarrollo del capitalismo acabó con todos esos valores fundacionales de América.
“Pero no significa que Occidente es el diablo, porque también se dio la Revolución Francesa y muchas cosas que son fundamentales para pensarnos hoy por hoy.”
El libro se llamará La supremacía de Occidente. Hacia la descolonización.








