En México se agrede a los héroes

Médicos y personal de enfermería, considerados en todo el mundo primera línea de combate contra el covid-19, viven ahora en México un fenómeno preocupante: en varios estados han empezado a ser marginados, discriminados, amenazados e incluso agredidos por gente que teme que esos héroes de bata blanca les puedan contagiar el coronavirus.

De acuerdo con la OMS, en México hay 343 mil 700 médicas y médicos y 200 mil enfermeras y enfermeros, cantidad aún insuficiente para atender a los más de 300 mil pacientes que, según el IMSS, contraerán covid-19; 200 mil solicitarán atención médica, 30 mil requerirán atención especializada y 12 mil, cuidados intensivos.

El 24 de marzo México entró en la fase dos de la pandemia y se prevé que la tercera semana de abril podría entrar en la fase tres, estimó López-Gatell. 

“No tenemos (el número de) especialistas que se requieren para enfrentar la epidemia, sobre todo los especialistas para terapia intensiva”, admitió el presidente López Obrador el sábado 4, cuando informó sobre las líneas generales del proyecto desarrollado por la Secretaría de Salud y el IMSS. 

“Calculamos que requerimos estar preparados para mínimo 10 veces más”, confesó López Obrador luego de que se diera a conocer la convocatoria de contratación masiva de 6 mil 600 médicos y 12 mil 300 enfermeras para encarar la contingencia. 

El martes 7, la titular del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), Mónica Maccise, dijo haber recibido 32 quejas de personal médico y de enfermería que ha sido violentado física y verbalmente por personas que temen que aquellos puedan contagiarlos con el coronavirus.

Pese a que no dio detalles de la cantidad de denuncias presentadas las últimas semanas, Maccise confirmó que personal de salud ha sido blanco de diversos ataques. 

Frente a estas agresiones, las ­autoridades de algunos estados han ordenado a médicos y enfermeras que guarden en maletas o bolsas sus uniformes, que en otros lugares inspiran respeto pero que en las calles, cafeterías, autobuses, taxis y trenes de algunas ciudades mexicanas los ponen en riesgo. 

En algunas ciudades del país, las autoridades han debido asignar transportes especiales para llevar a médicos y enfermeras a sus centros de trabajo, incluso con resguardo policiaco.

El miedo al contagio ha suscitado agresiones hacia el personal médico en Nuevo León, Jalisco, Estado de México, Tabasco, San Luis Potosí, Morelos, Campeche, Chiapas, Oaxaca y Yucatán. Tal ola de violencia hizo que el martes 7, Día Mundial de la Salud, el director del IMSS, Zoé Robledo, lanzara un llamado a apoyar a quienes llamó “verdaderos héroes y heroínas, al preservar la salud de los mexicanos en esta emergencia sanitaria”.

Un día antes, en la conferencia diaria en la que se informa sobre la pandemia, Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, dijo: “El miedo produce reacciones irracionales” y calificó de “indignantes” las agresiones que para entonces ya habían ocurrido en Guadalajara y San Luis Potosí.

Jalisco y San Luis

El pasado 27 de marzo Jessica, una enfermera, salió a las 14:00 horas de su trabajo, en un hospital privado de Guadalajara. Abordó el tren ligero… todo marchaba como de costumbre cuando un cuarentón se dirigió a ella para espetarle que por su culpa estaba todo mal, ya que ellos eran los que “contagiaban” a los demás.

Jessica quiso rebatirle, pero el hombre –a quien alcanzó a tomarle una fotografía, para poder denunciarlo en caso de que intentara golpearla– la llamó “inculta”. “Me dijo otras cosas obscenas”, cuenta la enfermera a Proceso. 

A la agresión verbal se unieron dos hombres más. Nadie la defendió. “Sólo una chava al final se me acercó para decirme que ya no les respondiera porque me exponía a otras cosas. La gente nos ve mal”, expone, decepcionada. 

José, camillero del IMSS, también ha sido discriminado: cuando sube al autobús el chofer no le recibe las monedas. “Me voy de gratis y cuando me recorro, me siento como ‘raid matabichos’, porque los pasajeros huyen de mí”, comenta.

A su vez, la presidenta de la Comisión Interinstitucional de Enfermeras de Jalisco –que representa a las 17 mil 765 profesionales del ramo que laboran en la entidad–, Edith Mújica, denunció que recién iniciado el aislamiento por la pandemia recibió seis quejas; entre ellas la de una compañera cuyos vecinos la bañaron con agua y cloro cuando regresaba de trabajar. Los reclamos más comunes fueron que no les hacía la parada el transporte público o en ocasiones las bajaban del mismo.

Para evitar estas agresiones, el viernes 3 el gobernador, Enrique Alfaro, anunció que a partir del lunes 6 funcionarían tres rutas exclusivas para médicos y enfermeras de los sectores público y privado.

San Luis Potosí fue la otra entidad en la que ocurrieron las primeras agresiones a las batas blancas.

El jueves 2, en la capital potosina, la enfermera Sandra entró a una tienda a comprar café; había dejado a su hija en la escuela y antes de acudir al hospital donde trabaja hizo una parada en el camino. Al salir del establecimiento y llegar a su coche unos niños, de entre 10 y 12 años, le rociaron jugo, refresco y café: “Es covid, no te nos acerques”, le gritaron.

La mujer reaccionó y les exigió a los niños que la respetaran, pero la madre de estos se sintió ofendida y agredió físicamente a Sandra. Le golpeó el rostro, la tiró al pavimento y ahí le fracturó dos dedos de la mano derecha.

Edomex y Tabasco

El personal médico del Hospital Rural de San Idelfonso Villa Alta, en la Sierra Juárez de Oaxaca, denunció “el trato violento y discriminatorio” por parte de las autoridades de esa comunidad zapoteca, que el jueves 9 les impidió salir de la comunidad para evitar la propagación del covid-19. De hecho, según denunciaron a Radio Oro, algunos médicos fueron bajados de una camioneta de pasajeros cuando se dirigían a la ciudad de Oaxaca. “Nos dijeron que era un acuerdo de cabildo tomado la noche anterior y que era una instrucción del presidente municipal, Claudio Pacheco”, declaró un anestesiólogo.

En el Estado de México, directivos de los hospitales pidieron a sus trabajadores no usar batas ni uniformes en las calles, luego de que desde marzo ese personal ha sufrido ataques.

Andrea, enfermera de la clínica 220 del IMSS (en Toluca), dice a Proceso que desde hace un par de semanas recibieron la indicación verbal, que se formalizó por escrito el domingo 5. 

“Por prevención, nos notificaron nuestros jefes inmediatos que no podríamos portar el uniforme clínico ni el quirúrgico fuera del área laboral”, expone la enfermera, luego de que algunos de sus compañeros advirtieron que taxistas y microbuseros se han negado a trasladarlos.

La Comisión de Derechos Humanos del Estado de México pidió a la Secretaría de Seguridad estatal tomar medidas para salvaguardar el derecho a la seguridad e integridad personal de los trabajadores de la salud, y a la Secretaría de Movilidad, que les ofrezca transporte exclusivo y gratuito mediante un acuerdo con los empresarios del ramo.

Desde principios de abril se registraron en Tabasco casos en los que choferes del transporte público empezaron a negar el servicio a médicos y enfermeras… por miedo a contraer el coronavirus.

El director general del Instituto de Seguridad Social del Estado de Tabasco (ISSET), Fernando Mayans Canabal, denunció que trabajadores del sector salud tenían que quitarse batas y uniformes para abordar el transporte público y trasladarse a sus centros hospitalarios. 

De ahí que están creando rutas especiales de algunos vehículos del ISSET para transportar a los más de 3 mil 350 integrantes del sistema de salud estatal.

Otros ataques

También hubo agresiones al personal de salud en Chihuahua. 

El médico Víctor Rodríguez, vestido con su uniforme quirúrgico, no pudo pagar la gasolina con su tarjeta, porque el despachador le dijo que podría infectar la terminal.

Rodríguez trabaja en el área de urgencias del Hospital Central de la ciudad de Chihuahua, hoy convertido en receptor de pacientes de covid-19.

Su caso no es único; algunos de sus compañeros comenzaron a llegar tarde al trabajo porque ni los choferes de taxis ni de camiones urbanos les permitían subir. Tuvieron que quitarse los uniformes para llegar al hospital.

Colima es otro ejemplo: a las enfermeras se les niega el uso del transporte público y en días pasados hubo un caso en el que en una tienda ni siquiera quisieron venderle café a una de ellas.

El presidente del Colegio de Profesionistas de Enfermería del Estado de Colima, Ángel Gabriel Hilario López, lamentó que se estén presentando estas situaciones e hizo un llamado a las autoridades de salud a estar atentas sobre este fenómeno, para evitar que la situación pase a mayores.

Uno de esos riesgos mayores, sin embargo, ya ocurrió el lunes 6 en el hospital de Sabinas Hidalgo, Nuevo León, donde un grupo de jóvenes quemó unas puertas y dañó las instalaciones, con el argumento de que no querían que en su comunidad fueran abiertas instalaciones para hospedar a pacientes con coronavirus.

Este fenómeno de agresiones ya se extendió hasta Chiapas, Yucatán y Campeche. En los tres estados el personal de salud denunció discriminación en el transporte público. 

En Yucatán agredieron a una enfermera que resultó quemada cuando un sujeto en la vía pública, desde su vehículo, le arrojó café hirviendo en la espalda; otro enfermero fue atacado a huevazos por un par de jóvenes desde una motocicleta. 

En la ciudad de Campeche también se han dado casos de agresiones y discriminación. Sugeydi y Wil, enfermera y enfermero del IMSS, fueron empapados con agua clorada por una vecina cuando ambos se quitaban los zapatos de trabajo en la calle para meterlos a la cajuela de su vehículo.

“Hoy me siento muy triste y reconsiderando que no vale la pena ni lo poco que me paguen por brindar servicio a la gente. De la impotencia lloré. Les suplico que no hagan esto”, escribió Wil en su cuenta de Facebook. (Con información de los corresponsales Luis Jaime Brito, Luciano Campos, Verónica Espinosa, Isaín Mandujano, Pedro Matías, Patricia Mayorga, Veneranda Mendoza, Gloria Reza y Pedro Zamora).