Aunque muchas de las marchistas del domingo 8 de marzo no lo recordaran, o lo ignoraran, y la manifestación hubiera provocado en días previos críticas en el sentido de que grupos de derecha quisieron cooptarla o el gobierno de izquierda de Andrés Manuel López Obrador renegara de ella, el Día Internacional de la Mujer es un legado universal de la izquierda.
Se debe a las socialistas Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin, quienes promovieron la primera conferencia internacional Mujeres por la Paz, pese a que estaba en curso la Primera Guerra Mundial, y trabajaron juntas en la organización de un movimiento de mujeres socialistas (porque Luxemburgo criticaba al feminismo burgués por no estar interesado en la lucha contra la opresión) y su emancipación.
Nacida en Zamosc, Polonia, el 5 de marzo de 1871, fue descrita por la crítica de arte de Proceso, Raquel Tibol, de esta manera:
“…A esta mujer nacida en el año de la Comuna de París y de la creación del Imperio alemán, no le gustaba reclamar privilegios femeninos ni aceptar limitaciones ‘propias’ de su sexo (no obstante haber nacido con una luxación congénita de la cadera que la hacía cojear). Suiza era en la última década del siglo XIX el centro más importante de los revolucionarios rusos, a cuyo frente estaba Georgi Plejanov. A los 21 años hizo el prólogo para la edición polaca de una serie de discursos de Plejanov y se adhirió al Partido Socialista Polaco…”
En 2011, en el 140 aniversario del natalicio de la intelectual polaca, también de origen judío como ella, Tibol dictó la conferencia Rosa Luxemburgo y el Día de la Mujer Trabajadora, con la cual inauguró el auditorio del Museo Soumaya de Plaza Carso en la colonia Granada. Habló de la vida y causa social de la luchadora marxista, quien junto con Zetkin propuso que el 8 de marzo de cada año se celebrara el Día Internacional de la Mujer:
“Un tema picoso que queda como antecedente de una tribuna libre”, dijo la crítica de arte en aquel momento. Y comentó cómo Luxemburgo hizo un cuestionamiento al “feminismo demodé y chiquito” que “festeja” el 8 de marzo, sin rememorar que ese día, en 1857, un grupo de obreras textiles de Nueva York organizaron una huelga para protestar por sus precarias condiciones laborales.
Fundadora de la histórica revista fem (Proceso, 2263) Carmen Lugo Hugo considera que la figura de Luxemburgo no ha sido reivindicada ahora por las jóvenes, quizá porque ya no tienen esa memoria de que es representante o fundadora de un cierto feminismo, aunque en su momento no se llamara así, si bien sí es una concepción política más igualitaria entre hombres y mujeres.
Dice también que los marxistas y stalinistas de la vieja guardia tuvieron muchas reservas con Rosa Luxemburgo, y Lenin tampoco la tomaba muy en cuenta porque ella no era guerrerista, más bien buscaba la vía pacífica para la transformación social. Por eso se opone a la Guerra Mundial. Y sin embargo, tras su ejecución a manos de los freikorps (ejércitos voluntarios) alemanes, la llamó Águila de la Revolución.
El 31 de marzo de 2011 (La Jornada), se consigna que Tibol la llamó en su conferencia en el Soumaya “la mujer más notable que ha tenido el socialismo internacional”, y que murió asesinada el 15 de enero de 1919. En el biopic de Luxemburgo, realizado por la cineasta Margarethe von Trotta en 1986, se recrea la brutal escena, donde luego de ser interrogada en un hotel es sacada por la fuerza, golpeada con un arma y posteriormente ejecutada con el tiro de gracia. Su cadáver fue arrojado al río Spree, en Berlín.
“Luxemburgo consideraba la muerte en combate como el más alto honor para un socialdemócrata. Tuvo Rosa tamaños espirituales más allá de lo común, apoyada en ellos dedicó su vida a la política revolucionaria combinada siempre con su profundo respeto por los valores humanos y la cultura. Su contribución adquiere en nuestros días una especial vitalidad. El Águila de la Revolución, como la llamaron, sigue extendiendo sus alas en pleno vuelo”, dijo aquel día Tibol, sumida en llanto.
El Día Internacional de la Mujer, a decir de ella, se celebró por primera vez en México en 1932. Si bien en Mérida, Yucatán, en 1916, Elvia Carrillo Puerto, hermana de Felipe, el gobernador, promovió el primer congreso feminista en nuestro país (proceso digital, 8 de marzo).








