Autor de su tiempo y fuera de su tiempo, Miguel de Unamuno no llega a abarcar la universalidad del filósofo que quiso ser; horrorizado por la barbarie, la lepra católica y anticatólica, como escribe al brote de la Guerra Civil, se condenó a un limbo del cual aún no ha salido. En Mientras dure la guerra (España, 2019), el chileno Alejandro Amenábar lo encuentra en el umbral de la vida y la muerte, entre el inicio del franquismo y el colapso de la República española.
En 1936, Unamuno (Karra Elejalde) es rector de la Universidad de Salamanca, el general Francisco Franco (Santi Prego) todavía no es Generalísimo pero va camino a convertirse en eso; la junta militar impone ley y orden, Unamuno la apoya contra la advertencia de familiares y amigos preocupados por la postura del filósofo, quien había pasado de apoyar a la República a repudiarla, y no cree en los horrores del bando contrario; cuando los amigos cercanos comienzan a desaparecer, el autor de Niebla recapacita.
Por allá, en Ceuta y Melilla, Marruecos español, el virus nazi de la Segunda Guerra Mundial incuba, un tal Franco va a reprimir, causar muerte, y terminar por encerrar a España durante 40 años; no falta mucho para que Picasso comience sus bocetos del Guernica. El iconoclasta Miguel de Unamuno, su tiempo y su ofuscamiento como intelectual y pensador, es una figura clave para estudiar el momento en que el huevo de la serpiente abre; Amenábar da a entender que se refiere, también, al estado actual de las cosas, así incuban las dictaduras que proliferan hoy en día.
A través de la mirada de Unamuno, el realizador se asoma al abismo y ahí encuentra monstruos en gestación; desde Cría cuervos (de Saura), final del franquismo, hasta El laberinto de un fauno (de DelToro), la vertiente más surrealista, el cine explora algo que la historia no acaba de digerir; con Amenábar, que nace cerca del golpe de Pinochet, la Guerra Civil Española y su desenlace son un caldo para entender cómo fermentan las dictaduras, y la dificultad de la sociedad, incluso de inteligencias de la talla de Unamuno en aceptar y dar crédito a lo que pasa frente a sus ojos.
Durante sus años en Hollywood, con películas entre comerciales y autorales, el director chileno-español ha ganado en manejo de recursos y capacidad narrative: Las secuencias durante el famoso discurso que pronuncia Unamuno en la Universidad de Salamanca (vencer no es convencer), emocionan desde la perspectiva de un hombre que reconoce su error demasiado tarde y a punto de terminar sus días en arresto domiciliario. Santi Prego interioriza la fuerza del intolerante Franco próximo a proyectarse sobre toda España, el actor Karra Elejade transmite el desgarre de un Unamuno carcomido por dentro.
En Mientras dure la guerra, el filósofo español peca de confianza en su superioridad moral; y Amenábar, que se apega a los hechos, pero no llega a aprovechar esta forma de hibris (insolencia) y construir un personaje trágico. No faltarán especialistas en el tema descontentos con el enfoque de escenas de Mientras dure la guerra, si bien hay que ver esta cinta desde la perspectiva de Ágora, estupenda reconstrucción histórica que realizo Amenábar en contra del fanatismo.








