Arroyo refuta la auditoría sobre el Museo de Museos

Si hay algún daño al erario por la asignación de recursos para el que sería un recinto innovador en la Casa del Marqués del Apartado –como se señala en un documento de la Auditoría Superior de la Federación–, no lo encontrarán en los manejos de Puerto Cultura, A. C. Así lo expone su fundador y promotor del proyecto, el etnólogo Sergio Raúl Arroyo, quien señala que cada gasto está comprobado.

El etnólogo Sergio Raúl Arroyo es definitivo en su respuesta a la Auditoría Superior de la Federación (ASF), que luego de evaluar los resultados del proyecto de creación del Museo de Museos en el antiguo Palacio del Marqués del Apartado (que nunca se realizó), presume un probable daño o perjuicio a la Hacienda Pública:

“De nuestra parte no. Si hubiera un daño al erario que busquen dónde. En mi caso no lo admito.”

En su balance de la Cuenta Pública 2018, la ASF informa que la Secretaría de Cultura (SC) otorgó durante el último año del gobierno de Enrique Peña Nieto, un donativo por 9 313 500 pesos a la asociación civil Puerto Cultura, A. C., de la cual es socio fundador Arroyo, para la producción museográfica, materiales digitales, multimedia y videos.

Según un reportaje de eme equis publicado en su portal, Puerto Cultura ha recibido para este proyecto un total de 59 313 461 pesos. Más 6 867 672 en 2013 para apoyar centros sociales; 8 791 321 pesos en 2016 para la Exposición Conmemorativa del Centenario de la Constitución Mexicana; y 20 millones más el mismo año, para desarrollar una visión genealógica de la Carta Magna.

Para el museo se tendría que adecuar el inmueble del Apartado, obra de Manuel Tolsá, con recursos de la Dirección General de Sitios y Monumentos de la SC, que a la vez realizaría las obras. La Auditoría señala que visitó el recinto y observó “diversas adecuaciones” hechas por esa dirección, y una ventana arqueológica realizada por Puerto Cultura, que tuvo un costo de 350 mil 800 pesos. 

E insta a la SC a investigar a los servidores públicos que permitieron la segunda etapa del proyecto, no obstante que no contaba con la autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), lo que motivó que la obra no concluyera y por lo tanto la AC entregara los bienes adquiridos a los servidores que “indebidamente los recibieron” y los llevaron al Museo Nacional de Antropología para su resguardo. Añade que visitó este recinto para verificar las facturas presentadas por la asociación, pero no pudo constatar que los bienes embalados corresponden a los adquiridos por Puerto Cultura.

Presume entonces un daño al erario por 8 millones 962 mil 677 pesos, dado que el proyecto no se ejecutó. Sólo considerando el donativo que se le dio en 2018.

Comprobantes

Director del INAH en dos ocasiones, Arroyo dice a Proceso en entrevista en su domicilio, que puede entender que haya una confusión entre la obra física del inmueble (correspondiente a Sitios y Monumentos) y la museológica de la AC. Enfatiza que tiene todos los comprobantes “hasta el último centavo” del trabajo que se hizo, y de la entrega y recepción por parte de Cultura. 

Pero el problema, dice, es que se asume que no hay edificio y por tanto no hay museo, y a todo mundo se le fincan responsabilidades, cuando el proyecto museográfico está hecho.

–¿Habló con gente de la Dirección de Sitios y Monumentos para saber qué pasaba?

–Sí, sí, a Raúl Delgado (entonces director) lo conozco perfectamente. Nos dieron algunas explicaciones insuficientes, casi siempre se decía que se iba a terminar la obra… Fuimos a las diferentes fases, tengo experiencia en esto y me daba cuenta de que iban muy atrasadas las obras, no había claridad respecto a que fuera a terminarse. Cuando se nos dio la información de que quedaba en stand by (espera), no me sorprendió demasiado, más bien me causó desazón, un disgusto, porque yo tenía un compromiso con Rafael Tovar y de Teresa (entonces secretario de Cultura federal). Para mí era muy importante, sobre todo pensando que era la última obra que él hubiera dejado, que el Apartado hubiera podido ser la obra más importante de la administración anterior.

Se le pregunta si sumados tanto el gasto en la obra que quedó a medias para adecuar el edificio y el donativo a la Asociación para un museo que finalmente no estará ahí, no constituyen ciertamente un daño económico a la Hacienda Pública, un trabajo tirado al bote de la basura:

“Sí, pero no de mi parte… Yo quisiera que no vaya a la basura. Lo nuestro es aprovechable, todo lo que he entregado. Es un museo conceptual, son investigaciones originales que se pueden aprovechar plenamente. Puedo decir que las luminarias son las mejores que hay en México (tuvieron un costo de 9 millones de pesos) y pueden aprovecharse en cualquier museo, sólo es cosa de que las instalen. Pero no sé cuál es el paso que deben dar para aprovechar todo esto, y me parece importante que se haga porque, efectivamente, el tiempo puede ser un factor contrario al uso y al funcionamiento de esos materiales.”

Muestra un conjunto de 22 gruesas carpetas, de tamaño doble carta, que contienen toda la información, investigación, estudios sobre el proyecto ejecutivo, llamado originalmente Museo de Museos y al cual denominaron luego simplemente El Apartado, por ser más fiel a la historia del sitio. Todas –subraya– son copia de lo entregado a la SC. Incluye la parte conceptual, más de 250 planos, descripción del equipo de humedad, los cálculos de temperatura por sala, cedulario, los textos de las piezas que llevarían al recinto y la investigación de paleontólogos, arqueólogos, arquitectos y expertos en diversas disciplinas como biología, antropología, ciencias del mar.

“Dudo que encuentren un proyecto ejecutivo de esta naturaleza. Probablemente lo tengan los expertos en carreteras y ese tipo de obras. Esto no es cosa de una asociación civil, sino de un grupo de especialistas.”

En un texto entregado a este semanario explica que es un proyecto multidisciplinario, abarca las artes plásticas y escénicas, literatura, música, ciencia, medio ambiente, campos arqueo-antropológicos, paleontología, biofísica, astronomía geología, biología, y por ello tenía una relación estrecha con los institutos de investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México. Y reitera:

“Puerto Cultura, A. C. realizó las acciones de las que era responsable de acuerdo con los recursos suministrados (concepto curatorial, diseño museográfico, producción de prototipos, investigación, diseño gráfico, productos multimedia), hasta concluir con la entrega del proyecto ejecutivo correspondiente. No obstante, a mediados de 2018 la SC decidió ajustar el alcance del proyecto, ante el inminente cambio de administración, dejando la decisión de su continuidad a la actual. La asociación se ha negado a calificar esta decisión, ya que está fuera de su ámbito de competencia, y los argumentos que se tengan que expresar tendrán que provenir de quienes la tomaron. La asociación fue la primera afectada con esa decisión, ya que tuvo que cortar su participación al momento de verificarse dicha decisión.”

Aparte, muestra tres videos que, con otros materiales, formarían parte de lo que se exhibiría en la exposición inaugural del museo. En el primero se pueden ver, en realidad aumentada, imágenes tomadas por drones que dan cuenta de la biodiversidad de México. En otro más El arqueólogo Luis Felipe Pate Petersen, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, elabora una punta de lanza. Y en el tercero se aprecia al artista huichol Pedro Gayeli en la laboriosa creación de una Tabla Huichola Diurna, en la cual plasma la cosmogonía de su cultura.

Frivolidad

Arroyo relata que la idea de un Museo de Museos surgió cuando Rafael Tovar y de Teresa, aún presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y ya luego como primer secretario de Cultura, aceptó su propuesta para crear un espacio que se distinguiera de los proyectos museísticos tradicionales. Deseaban ampliar el concepto de cultura y relacionarlo con la ciencia y los movimientos sociales.

Además, el edificio estaba ocupado por oficinas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, del propio INAH, y ya era insuficiente, había cajas de papeles incluso en las escaleras. Tovar pensó que no era bueno para su conservación y le agradó la propuesta. La AC se instituyó con Arroyo y Eduardo Vázquez Martín como asociados, aunque éste renunció al poco tiempo para ocupar al Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Jorge Sevilla quedó como representante legal. 

A pregunta de Proceso, el etnólogo puntualiza que Rafael Tovar jamás fue socio, como se rumoreaba en algunos círculos. Pero les dio el apoyo para realizar el proyecto. Sin embargo, “no contábamos con que iba a tener una enfermedad que vertiginosamente lo llevaría a la muerte en muy pocos meses”.

En el equipo de especialistas participan Miguel Ángel Fernández, Alejandro García Aguinaco, Ricardo García Govea y Natalia Caballero.

Los asociados, exfuncionarios en el INAH, se separaron de sus cargos públicos entre 2012 y 2013. Arroyo renunció el 8 de julio de 2013 por diferencias con la Secretaría de Educación Pública (Tovar y de Teresa comentó con Proceso las discrepancias que él mismo tenía con el entonces titular, Emilio Chuayffet, que se hicieron evidentes cuando el secretario evitó saludarlo en algunos actos públicos).

En su momento se mencionaron como posibles razones la información en torno a que la empresa Walmart había dado sobornos para la construcción de una tienda en Teotihuacán. El hecho fue muy controvertido y precedió en abril de 2005 su primera salida del INAH, durante el gobierno de Vicente Fox, cuando Sari Bermúdez encabezó al Conaculta (Proceso, 1483).

Como en aquel tiempo, considera que fue un asunto “de orden ideológico”. El INAH no tenía motivos para suspender la obra que estaba en el polígono C de la zona arqueológica. Además, las autorizaciones para el uso del suelo las dio el presidente municipal:

“Yo fui a la Cámara de Diputados a dar la cara… Si alguien tuvo una duda es que no leyó, no lo entendió o no quiso, no puedo hacer nada frente a eso, pero era mi responsabilidad explicar en qué consistía el problema. Si el tema se mantiene, es un asunto verdaderamente de perversión, hay una especie de ánimo de linchamiento, echas el asunto y nadie resiste la tentación de linchar, lo sacas en las redes y a los cinco minutos ya tienes cincuenta mil personas opinando y algunos sin la menor idea de lo que están diciendo.”

Deplora que en la prensa también aparezca información no corroborada o que muestra desconocimiento del tema. Hay que señalar aquí, que la propia Auditoria habla de la “Dirección de Sitios y Monumentos del INAH”, cuando no es un área adscrita a este instituto, sino a la SC.

Un ejemplo para él es la ventana arqueológica, a la cual se le dio mantenimiento y se amplió con la colaboración de los arqueólogos Eduardo Matos Moctezuma y Raúl Barrera. Hubo quien afirmó, dice, que se había hecho por adjudicación directa, sin licitación:

“Es un desconocimiento monumental de la ley (Federal sobre Zonas y Monumentos Arqueológicos, Artísticos e Históricos, que establece que sólo el INAH tiene facultad para intervenir en monumentos prehispánicos). Licitar sería inaudito, entonces ya estamos entrando en el terreno de la frivolidad, donde no hay seriedad porque la sospecha y la tentación por el linchamiento dominan. ¿Cómo es posible que alguien plantee una licitación? No sé si algún día piensan que van a licitar para ver quién interviene en obras en Chichén Itzá o Monte Albán. ¡Es increíble!”

Chivo expiatorio

El etnólogo se pregunta igualmente por qué si en países europeos y en Estados Unidos hay asociaciones civiles que contribuyen al desarrollo de la cultura, aquí son satanizadas. Responde él mismo al indicar que en México hay una “enfermedad estatista que hace creer que todo debe provenir del Estado y se ven con enorme desconfianza y hasta aversión” las iniciativas sociales, siendo que muchos temas, como la defensa del medio ambiente, las luchas por los derechos sexuales, de las personas con capacidades diferentes y de las mujeres, provienen de la movilización social, no del Estado.

–Uno de los motivos de desconfianza, se dice, ha sido la corrupción. Fue el argumento que López Obrador dio para retirar el apoyo a las asociaciones civiles.

En su opinión, lo ideal sería que las asociaciones tuvieran un grado de especialización. Y si hay desconfianza, lo que debe hacerse es mejorar los métodos de supervisión, revisión, análisis de los proyectos. Quizá buscar determinados tipos de consejos. Como ejemplo dice que no deberían eliminarse las becas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes sólo porque “pienso que todos son corruptos”, sino valorar que muchos de los artistas reconocidos en la actualidad se forjaron en los últimos 20 o 25 años con ese tipo de apoyos:

“Si alguien no ha hecho bien las cosas, debe verse quién y revisar los mecanismos, pero no es acabando con estos organismos o estos apoyos como se soluciona el problema. Porque la otra es volver a la vieja idea de que todo tiene que provenir del Estado.”

Añade que el problema no es la estatización de la cultura al 100%. Una de sus tesis como antropólogo es que la modernidad en México, a diferencia de otros países, surge del propio Estado en el siglo XIX y tiene un control absoluto en temas como la economía, la salud pública, la cultura. Y ello es “impensable en lugares de Europa y Estados Unidos”.

Por lo pronto, descarta que el museo pueda concluir. En el documento entregado a Proceso escribe que tuvo “reuniones sostenidas con la Secretaría de Cultura, en un ambiente receptivo y cordial, se ha presentado el proyecto y la titular ha hecho comentarios sobre la calidad del mismo y despertado interés los materiales producidos”.

–¿Les dijo si le gustaría que continuara?

–No, yo creo que ella, más bien, está dejando todo este asunto para que se haga una valoración por parte del Órgano Interno de Control, para después tomar una decisión. Lo único que espero es que para entonces no se hayan dañado algunos de los bienes que se han entregado a la secretaría.

Es esa instancia la que revisará el informe de la ASF, “que no es una sentencia”. Se entiende que se entra a una fase donde “quienes sean llamados para aclaraciones, tendrán que presentar la documentación que pueda subsanar cualquier duda o presunción”.

Hay bienes, dice, que están en la bodega del Museo Nacional de Antropología que pueden reutilizarse perfectamente en otros recintos, como las luminarias. Duda, “simplemente por una cuestión de sentido común”, que puedan dejarlos echar a perder o abandonarlos ahí por años. 

Reitera para finalizar que no está en su horizonte ver terminado el museo, “lo que quiero es dejar claro cuál fue el papel que tuvimos nosotros y mostrar con las pruebas que tengo a la mano, cómo manejamos el proyecto”. Remata:

“Lamento mucho, de verdad que, por diferentes razones, el ambiente público esté así. Es algo que se ha creado y que, efectivamente, trae consigo una serie de barbaridades cometidas en la administración anterior qué son inobjetables. Pero recomiendo leer a René Girard, en su tesis del chivo expiatorio, para entender cómo se cree que sacrificando se lavan las culpas y las penas y se sacrifica fundamentalmente a alguien que es inocente. Es fantástico.”