Las reacciones de los países latinoamericanos ante el coronavirus han sido distintas y poco efectivas: van desde el establecimiento de severas medidas de excepción hasta actitudes indolentes e irresponsables. América Latina (con sistemas de salud pública venidos a menos para favorecer a la medicina privada), afirma un especialista, no aprovecha las experiencias asiática y europea para controlar la pandemia, y aplica sólo “la lógica del pánico”.
BOGOTÁ.- Las medidas de estado de excepción que se han tomado en los últimos días en la mayoría de países sudamericanos para enfrentar la pandemia del coronavirus hacen recordar las épocas de la dictaduras militares en la región.
No sólo por los toques de queda que han sido impuestos en diferentes naciones del área para evitar que los ciudadanos rompan el “aislamiento social” decretado por los gobiernos locales, sino por las imágenes de policías y soldados patrullando calles desiertas o capturando a noctámbulos taciturnos que ignoraron las restricciones de movilidad.
Sólo en Perú, donde el presidente Martín Vizcarra decretó “inmovilización social obligatoria” durante dos semanas a partir del lunes 16, han sido detenidas más de 100 personas cada día por violar el toque de queda.
Y en Argentina, el gobierno del presidente Alberto Fernández anunció el jueves 19 una “cuarentena total” hasta fin de mes en la que ninguna persona podrá salir de su casa, a menos que sea para consultas médicas o comprar víveres y medicamentos, y en la que nadie podrá entrar ni salir del país. Sólo estarán abiertos supermercados, farmacias, hospitales y gasolineras.
En Ecuador, Panamá, El Salvador y Venezuela se han tomado medidas similares que tienen a esas naciones en una virtual parálisis.
Y en Colombia, tres departamentos y la capital del país, Bogotá, que en conjunto concentran 34% de la población nacional, están en “aislamiento social” desde el viernes 20 y lo prolongarán hasta la medianoche del lunes 23, que es día festivo, a pesar de que el gobierno del presidente Iván Duque los desautorizó para ejecutar esa medida.
En Brasil ha ocurrido un fenómeno parecido: ante la criticada “pasividad” del presidente Jair Bolsonaro para afrontar la pandemia del coronavirus, los gobernadores de Sao Paulo, Joao Doria, y de Río de Janeiro, Wilson Witzel, declararon “estado de emergencia” en sus jurisdicciones, restringieron horarios de oficina y suspendieron actividades en las escuelas.
En Sudamérica permeó el discurso del presidente francés, Emmanuel Macron, quien el martes 16 ordenó a sus compatriotas quedarse en sus casas y aseguró que con el coronavirus “estamos en guerra”.
Los llamados a la batalla y a luchar con patriotismo contra la pandemia se multiplican por toda la región, y son seguidos de decisiones políticas drásticas que tienen confinados en sus casas a millones de latinoamericanos y mantienen selladas gran parte de las fronteras desde Guatemala hasta Argentina.
Las excepciones más notables a estas disposiciones radicales para contener la pandemia del coronavirus son México y Brasil, las dos naciones más pobladas de la región y cuyos presidentes, Andrés Manuel López Obrador y Jair Bolsonaro, respectivamente, han sido acusados de inacción frente al mayor desafío de salud pública que ha enfrentado el mundo en varias décadas.
Hasta el viernes 20, México y Brasil habían cerrado parcialmente sus fronteras terrestres, pero sus principales aeropuertos internacionales seguían funcionando y habían evitado poner en aislamiento obligatorio a la población.
La llegada del coronavirus a Latinoamérica ha generado también damnificados políticos. La semana pasada se registraron “cacerolazos” contra Bolsonaro en las principales ciudades brasileñas.
El ultraderechista ha sido catalogado de “frívolo” por el manejo que ha hecho de la emergencia sanitaria (ha dicho que está “prácticamente terminada”) y por saludar de mano a sus seguidores el domingo 15, a pesar de que estaba en cuarenta por sospechas de que pudo haber contraído el coronavirus en un reciente viaje a Estados Unidos.
También el presidente colombiano, Iván Duque, fue objeto de un “cacerolazo” nacional el miércoles 18, por tratar de impedir que gobernantes locales, como la alcalde bogotana, Claudia López, tomaran medidas de aislamiento poblacional.
El crecimiento de los casos de coronavirus en América Latina comienza a ser exponencial. El pasado viernes 13, la región tenía 307 infectados con el virus.
En una semana, hasta la mañana del viernes 20, la cifra había saltado a 2 mil 572, lo que significa que en ese periodo los casos se multiplicaron más de ocho veces y aumentaron 737%.
Es un porcentaje similar al crecimiento de casos de coronavirus en España durante la segunda semana de la pandemia en ese país, entre el martes 3 y el lunes 9.
Además, hasta la mañana del viernes 20 se habían reportado 25 muertes por coronavirus en la región, seis de ellas en Brasil, que es el país latinoamericano que tiene más personas infectadas (621 hasta ese día), seguido de Chile (434), Ecuador (367), Perú (234), México (145) y Argentina (128).
Respuestas improvisadas
Para el epidemiólogo y doctor en salud pública Luis Jorge Hernández Flórez, la respuesta latinoamericana a la emergencia sanitaria que plantea el coronavirus ha sido “en general, errática, y llena de improvisación”.
El especialista colombiano, consultor de la Organización Panamericana de la Salud y miembro de la Sociedad Internacional de Epidemiología Ambiental, considera que los estragos que ha causado el coronavirus en China y Europa han llevado a la mayor parte de naciones de América Latina “a la lógica del pánico”.
Los países del área, señala, están adoptando “medidas de contención” de la pandemia “sin tener en cuenta que además deben alistar los servicios hospitalarios que se van a necesitar para atender en las próximas semanas a las personas infectadas, porque si estos servicios son insuficientes, vamos a ver un aumento de mortalidad”.
Por eso, dice a Proceso, “entender lo que viene es clave para los gobiernos, y esto lo pueden hacer con datos y con modelos que nos están indicando lo que puede pasar con esta pandemia”.
Según Hernández Flórez, quien también es especialista en análisis de datos, “todos los países de la región se han enfrascado en un conteo de casos de coronavirus, como si esto fuera un marcador deportivo, y lo que han creado es una estadística del miedo en la que todo mundo piensa ‘a ver cuándo nos toca a nosotros’”.
Ese conteo, señala, no sirve como base de una estrategia de salud porque siempre hay un subregistro.
“Por cada caso detectado puede haber 300 casos más. Lo que sirve es detectar casos por laboratorio para identificarlos y aislarlos. Nosotros esperamos que el virus venga a nosotros, en vez de hacer como Corea del Sur y Alemania, que decidieron salir a buscar el virus con pruebas de detección masivas”, sostiene.
El coordinador del Área de Salud Pública de la Universidad de los Andes y profesor de la Facultad de Medicina de esa casa de estudios considera que América Latina está desaprovechando la experiencia que adquirieron en los últimos meses China, Corea del Sur, Japón y Europa en el manejo de la pandemia del coronavirus.
“Las respuestas en Latinoamérica, en general, van hacia medidas muy estrictas, a las que les falta integralidad, como en los casos de Argentina y Perú, o a medidas laxas, como en México, donde la Secretaría de Salud dice que hay que esperar para adoptar acciones más firmes; pero este no es el momento para esperar porque entonces la pandemia se va a propagar”, asegura.
México, como todos los países, necesita aplicar “un cordón sanitario, y esto tiene que hacerse cuando se está iniciando la curva ascendente de casos porque después ya no sirve, que fue lo que pasó en Italia y España”, asegura.
El epidemiólogo, quien es consultor en políticas de salud pública e investigador senior del Departamento de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia, sostiene que en el trasfondo de la “poco efectiva reacción” regional frente al coronavirus está la debilidad de los sistemas de salud pública.
En general, señala, ningún sistema de salud del mundo está lo suficientemente preparado para hacer frente a una pandemia de estas dimensiones, como se puede apreciar en Europa y Estados Unidos, donde el virus presenta altos niveles de propagación y mortandad.
“Pero aquí, en Latinoamérica, estábamos mucho menos preparados para enfrentar el coronavirus porque nuestros sistemas de salud pública se han venido desmantelando en los últimos años, tanto por las privatizaciones de los servicios de salud como por la caída en la inversión en salud”, explica Hernández Flórez.
Dice que los sistemas latinoamericanos de salud pública nunca han sido suficientemente buenos, pero existían.
Sin embargo, con la ola de privatizaciones que se registró en los ochenta y noventa, la salud pasó a ser un negocio para grandes conglomerados económicos y no un servicio social bajo la rectoría del Estado.
“México tiene un sistema de salud pública importante, pero también fue afectado por la impronta de privatización y la caída de la inversión en el sector. Muchas de las funciones de rectoría, aseguramiento, regulación y prestación de servicios de salud se le dieron al mercado y eso hace que la lógica del sistema sea asistencialista y no preventiva”, señala el experto.
Dice que los países de la región han desmantelado los programas de prevención de enfermedades respiratorias y enfermedades crónicas.
“Tenemos una lógica de sistemas de salud que viven de los enfermos y no de la gente saludable. Y esto es porque al prestador privado del servicio se le paga por los enfermos, no por los sanos. Esa es una lógica perversa de los sistemas privatizados que ha sustituido a los sistemas nacionales de salud”, considera.
Con la pandemia del coronavirus, agrega, “estamos viendo las consecuencias de todo esto” y por eso la reacción latinoamericana “ha sido débil”.
Además, sostiene, la región carece de sistemas de vigilancia epidemiológica efectivos, porque no hay información, aunque rescata el caso de México. “Es el único país latinoamericano que ya logró secuenciar el genoma del coronavirus, lo que permitirá entender mejor su adaptación en México y dar una respuesta inmunitaria”, asegura.
Hernández Flórez considera que el pico de casos de coronavirus en Latinoamérica puede llegar dentro de dos o tres semanas, “y si no preparamos desde ahora las unidades de cuidados intensivos que vamos a necesitar, la pandemia nos va a desbordar”.
El epidemiólogo recomienda medidas de aislamiento, pruebas masivas y muy planificadas para detectar el virus y aislar a los enfermos y preparar la infraestructura hospitalaria para atender la emergencia. “Necesitamos respuestas integrales, no únicamente medidas extremas, de pánico, porque por sí solas no ayudan”.
Coletazo económico
El impacto económico que tendrá la pandemia en Latinoamérica será “profundo” y su magnitud dependerá de cuánto tiempo se prolongue la situación de parálisis que viven varios países de la región, señala el economista Germán Ricaurte.
Dice que existe la posibilidad de que la economía global entre en una recesión, como lo reconoció hace unos días el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El lunes 2, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos estimó que el coronavirus afectará en medio punto porcentual el crecimiento global este año y que este será de 2.4%.
Para Ricaurte, esta estimación “está muy rebasada” por la realidad que se vive en China, la Unión Europea y Estados Unidos, tres motores de la economía internacional que están severamente afectados por la pandemia y que tienen parados varios sectores productivos.
“Este es el peor momento para hacer proyecciones económicas porque no sabemos cuánto se va a prologar esta situación”, señala Ricaurte, economista de la Universidad de los Andes de Colombia
La secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena, dijo el jueves 19 que el coronavirus provocará una de las peores crisis que el mundo ha vivido.
De acuerdo con Bárcena, el crecimiento de 1.3% que había previsto la Cepal para la región este año ya no será posible y, en cambio, Latinoamérica registrará una contracción de -1.8%. Este retroceso, explicó, podría llevar a que el desempleo en la región suba 10 puntos porcentuales y aumente la pobreza.
La Cepal espera que 35 millones de latinoamericanos se sumen a las filas de la pobreza este año como consecuencia de la emergencia sanitaria y que otros 22.6 millones pasen a la pobreza extrema.
Los gobiernos del área comienzan a tomar medidas económicas para atenuar el impacto de la crisis en los sectores social y productivo.
De acuerdo con Bárcena, esta crisis obliga al mundo a “repensar todo, la economía completa”, porque es la única manera de sobrellevar “este escenario tan difícil que tenemos por delante”.








