Respecto de “Los violentos”

Señor director:

El artículo “Los violentos”, de Javier Sicilia, publicado en la edición 2260 de la revista Proceso, el 23 de febrero último, me ha dejado la duda sobre lo que el poeta busca sembrar entre seguidores y detractores.

Sicilia usa varias veces la palabra “odio”, como invocándolo para que ese demonio se posesione de nuestra gente. Culpa a Morena y al presidente de promover ese sentimiento negativo.

No veo posible que se odie a quien no se conoce, como asegura que fueron esperados por un “grupo de choque” con “discurso de odio” en la plancha del Zócalo. Si echamos un vistazo a nuestro mundo, encontramos antagonismo por doquier, pero no necesariamente odio. En cuanto a la incitación que se le atribuye a Morena debe considerarse que no es una individualidad, son miles de ciudadanos en toda la República los que están en las filas del partido y que nada tuvieron que ver con el incidente.

Sicilia puede escribir lo que bien le parezca y Proceso se lo puede publicar, igual que yo puedo decir que el escrito citado es totalmente contrario al mensaje de justicia y paz del poeta. 

También insisto que, en tanto no haya un compromiso de los gobiernos estatales y municipales, de los congresos locales, de las fiscalías y de las comisiones estatales de los derechos humanos, no podremos superar la violencia que tanto daño ha causado.

Atentamente,

Francisco Corona Cervantes

Respuesta de Javier Sicilia

Estimado señor Corona:

Gracias por su carta. Lamento que tenga una visión tan estrecha del odio. Odio –visite, por favor, un diccionario etimológico– viene del latín odium: “Rechazo hacia algo o alguien” y, a veces, “conducta detestable”. Los nazis odiaban a los judíos sin conocerlos o inventándose un saber ideológico sobre ellos; lo mismo hicieron los comunistas rusos y la Iglesia Católica en su momento. La ultraderecha estadunidense lo hace con los negros, y ésta, junto con la ultraderecha europea, con los musulmanes. Morena lo hace con las víctimas. 

Si considera que gritar a madres, padres, hermanas, hermanos, hijas e hijos que perdieron a sus seres queridos: “Vendepatrias”, “traidores”, “putos”, “muera Sicilia”; si considera que los golpes que recibieron en las costillas dos miembros de la familia LeBarón al alarido de “Es un honor estar con Obrador”; si considera que las palabras que nos dirigió el subsecretario de Gobernación Ricardo Peralta: “A chillidos de marrano, oídos de chicharronero” y las de López Obrador al día siguiente de la agresión: “Callaron como momias” (palabras que, además de violentar y alimentar el odio, mienten y ocultan la realidad; le sugiero, al respecto, revisitar las ocho columnas de La Jornada del 9 de mayo de 2011: “Sicilia: Si Calderón nos escuchó debe cesar a García Luna”); si considera que el silencio de Morena ante las agresiones y las palabras con las que el presidente no dejó de descalificar la caminata: “Qué flojera”, “No quiero prestarme a un show”, etcétera, etcétera; si considera que todo eso no son discursos de odio y de complicidad con él, usted, señor Corona, a semejanza de esa gente que nos aguardaba en la plancha del Zócalo, tiene el alma de Eichmann. 

Con seres así no hay argumento que alcance. Justificarán la infamia y el odio con la buena conciencia de los ideologizados. 

Atentamente,

Javier Sicilia