Euterpe insumisa

En la mitología griega, la musa de la poesía lírica aparece representada con una flauta, instrumento de clara vinculación fálica, y es la responsable de ejercer sus encantos femeninos para que músicos y poetas puedan destrabar su inspiración. Pero, ¿qué pasa cuando este arquetipo se cuestiona y su estela de mujer-objeto se resquebraja? Lo vemos por doquier: los movimientos feministas del planeta están acabando de levantar la voz –a la vez que impugnan los estereotipos de una sociedad terriblemente discordante– para que la negada igualdad de género se implante, vía inescapable para mitigar la violencia que campea en todos los órdenes de la vida, tanto la pública como la privada.

De cara a la celebración del Día internacional de la Mujer y, sobre todo, ante el insólito horizonte del paro nacional convocado para este 9 de marzo –un Día sin mujeres–, esta columna ha querido conversar con una eminente musicóloga hispana, especialista en los estudios sobre las mujeres y sobre género, así como en música académica de Iberoamérica. Su nombre es Carmen Cecilia Piñero Gil y su formación comprenden una licenciatura en Derecho y un doctorado en Historia y Ciencias de la Música, por la Universidad Autónoma de Madrid, y un título del Real Conservatorio Superior de Música de la misma ciudad. La cantidad de cargos y de iniciativas que desarrolla es inmensa, bastándonos con saber que es representante del Colectivo de Mujeres en el Arte /ComuArte), y que regularmente viaja a nuestro país para compartir los frutos de sus investigaciones. Entre sus publicaciones destacan su Listado de compositoras iberoamericanas y españolas –pionero en su tipo– y sus contribuciones para la Enciclopedia Cervantina y la Greenwood Encyclopedia of Latin Music.

–Me gustaría comenzar invitándola a que nos relatara en qué punto se encuentra la deconstrucción del entramado ideológico que las sociedades patriarcales han establecido para mantener a las mujeres en constante sumisión… 

–El hecho de inquirir sobre este tema demuestra que hemos avanzado, pero al mismo tiempo evidencia que tenemos que continuar reflexionando y trabajando sobre las construcciones de género, porque éstas siguen vigentes, enraizadas en nuestras sociedades. El patriarcado es transmitido a través de la educación, la vida cotidiana, las instituciones y el lenguaje. A hombres y mujeres nos educan en un marco de referentes ideologizados donde el sexismo está presente desde la cuna. Somos alimentados por y con el patriarcado. El estado de la cuestión respecto a cómo se cuestiona ese patriarcado varía dependiendo de las zonas geográficas y culturales a las que nos refiramos. En el caso de España, es uno de los países con mayor sensibilidad respecto a la diversidad y desigualdad de género y orientación sexual. La proyección de esa sensibilidad en el marco legislativo o en los medios de comunicación está dando frutos con una mayor cobertura jurídica. Hay mucho que hacer pero también hay que celebrar lo conseguido. 

–Usted forma parte de esa cadena de valerosas investigadoras que ha echado a andar la musicología feminista, cuyo arranque acaeció apenas a mediados del siglo pasado. Háblenos, por favor, de los logros y las acciones que se han emprendido… 

–La música es un producto ideologizado y, por tanto, debe ser objeto de análisis y cuestionamiento, ya que las construcciones de género también pueden rastrearse en la música de cada cultura. Entre los logros, hay que nombrar aquellos conseguidos dentro de lo que denominamos historia compensatoria, es decir, la visibilización de cientos de compositoras e intérpretes que a lo largo de la historia han sido borradas por la historiografía patriarcal. En el caso de la creación compositiva, la ausencia de una narrativa no sesgada ha supuesto que la historia de la música sea una historia impregnada ideológicamente.

“La narrativa patriarcal ha tendido a legitimar como valores superiores conceptos como universalidad, autonomía y originalidad en el ámbito musical, ligándolos al estereotipo del varón blanco y heterosexual. Los estudios de género no sólo analizan con nuevas lentes el corpus teórico-conceptual heredado, sino que abren espacios en el ámbito musical. Son pues, planteamientos transgresores que reivindican una transformación liberadora del orden opresor establecido, orden que se perpetúa por medio de la producción y reproducción, sobre todo en el ámbito educativo musical. El que hoy se asista a conciertos con obras de Fanny Mendelssohn o Lili Boulanger,1 el que no nos escandalicemos por ver a una mujer cornista o directora de orquesta, es producto de un proceso de deconstrucción de estructuras seculares de discriminación llevado a cabo por mujeres que no aceptaron el status quo patriarcal. Entre ellas hay genealogías de mujeres compositoras, intérpretes, investigadoras, gestoras y docentes.

“En México, por ejemplo, existe uno de los ejemplos más interesantes. Me refiero a El Colectivo Mujeres en la Música, A. C. y a la Coordinadora Internacional de Mujeres en el Arte (ComuArte). Ambas constituyen un modelo de asociación comprometido con los estudios de género en el ámbito artístico y con una clara proyección social. Con presencia en Cuba, Chile, España, Estados Unidos y México, ComuArte –desde su fundación hace 25 años por la compositora mexicana Leticia Armijo– se alza como un referente de vindicación del arte de mujeres que proyecta su lucha en ámbitos que abarcan desde el reconocimiento de la actividad de las compositoras, hasta la recuperación de patrimonio dentro de la historia compensatoria.

“La transversalidad con otras artes es también importante al analizar las construcciones discriminatorias por parte de la sociedad patriarcal. De hecho, la perspectiva de género irrumpió más tarde en el campo musical que en otras disciplinas artísticas, lo cual permitió a la musicología nutrirse de otros corpus ideológicos y metodológicos”.

–En varios de sus trabajos habla de “Construcciones musicales de género y sexualidad”, como punto focal de la musicología feminista. Quisiera abundar, especialmente en el hecho de que existen elementos sexistas en las creaciones sonoras…

–Así es. No sólo nos referimos a la terminología utilizada en el lenguaje musical y que en algunos casos el sesgo de género es más que evidente. Pongamos por caso términos como el de la “cadencia masculina” que concluye sobre una parte fuerte del compás, y el de la “cadencia femenina” que concluye sobre una parte débil… Por su parte, y siguiendo con la terminología, la forma sonata es un claro exponente de ese sesgo de género: encontramos que los temas que se presentaban en la Exposición se denominaban “masculino” y “femenino”, siendo ambos presentados en su tonalidad o “color musical”. Después de la lucha temático-modulante que tiene lugar en el Desarrollo, los temas vuelven a aparecer en la Reexposición en un mismo color musical, el del tema masculino. Es decir, el vencedor es el elemento masculino frente a un siempre perdedor y débil ser femenino… Mas también encontramos sesgos de género en el propio discurso musical. Así, el discurso melódico diatónico se adjudica al varón frente al discurso cromático de la mujer. Recordemos en Carmen de Bizet a la protagonista cantando su erótica y cromática habanera, y el cromatismo de Salomé frente al diatonismo de Herodes y San Juan Bautista en la ópera de Richard Strauss. 

–No hay duda de que el meollo de la desigualdad de género reside en la forma en que se implantan los modelos educativos a los que las sociedades se adhieren; en ellos se transmiten los estereotipos y la negación para modificarlos, mas ¿no piensa que las propias mujeres deberían pronunciar un mea culpa, reconociéndose como parte del problema, siendo transmisoras de los mismos, especialmente en el ámbito familiar?

–Sin duda las mujeres, como educadoras de la prole, han transmitido las construcciones discriminatorias de género, pero, por su parte, el sistema educativo adoctrina y entrena desde valores predeterminados, valores que hasta hace poco perpetuaban la discriminación. El patriarcado empapa todo y a todos, destruyendo la vida, destruyendo la Madre Tierra y a sus habitantes. En este momento de explotación extrema del planeta, se impone un cambio de paradigma: feminicemos a la humanidad porque el patriarcado destruye con la violencia extrema que implica la cosificación de la Naturaleza. Sus voraces estructuras económicas se amparan en sistemas políticos que ahondan la desigualdad, la pobreza, la corrupción, la degradación ecológica y la injusticia… Sí, el feminismo es hoy más necesario que nunca.  

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1 Se recomienda la audición de algunas de sus obras, disponibles pulsando el código QR o en la página proceso.com.mx