“Rupturas culturales”, de Sánchez Cordero

El 25 de febrero pasado, en el Salón de Firmas de la Feria Internacional del Libro de Minería, se presentó este volumen de ensayos sobre patrimonio y derechos culturales en México y en el mundo, cuyo autor, el abogado Jorge Sánchez Cordero, publicó en Proceso. Se trata de una coedición de El Colegio Nacional y Editorial Tirant lo blanch, de 323 páginas, que adjunta un código QR para acceder al e-book. En el acto hablaron el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, la antropóloga Lourdes Arizpe, y el escritor Felipe Garrido. De estos dos últimos se reproducen fragmentos.

Hay libros que son como una mina de oro, con vetas que vertebran núcleos de ese metal precioso en las entrañas del pensamiento. El libro del doctor Sanchez Cordero va más allá. En él reconocemos el oro que se articula en torno al análisis de las sorprendentes formas que imaginan y forjan los seres humanos en sus mundos culturales. Entre todas esas formas, para otorgarles un sentido universal a esas rupturas culturales, se requiere una erudición histórica y un conocimiento jurídico y político profundo que estañe esas rupturas y los convierta en actos sociales.

El panorama de su libro es vasto: aprendí mucho sobre el trasfondo de las jurisdicciones internacionales y sobre los términos precisos de las leyes mexicanas relativas al comercio de arte, el patrimonio cultural y un tema capital en nuestra era: lo que el doctor Sanchez Cordero llama “la culturalización de los derechos humanos” que sería el reverso de lo que los antropólogos llamamos “la politización de la cultura”. En períodos históricos anteriores, al conceptualizar estos procesos, era lícito que cada comunidad de especialistas trabajara aislada de otras comunidades disciplinarias que enfocaban el mismo proceso. Hoy en día, este archipiélago de investigaciones separadas que se defienden a capa y espada ya no es lícito. Es claro que los derechos humanos y naturales serán el eje de la transición a la sustentabilidad y que la cultura es el instrumento por excelencia para concebirlos.

Recuerdo hace unos años, en 2001, la satisfacción con la que los antropólogos, arqueólogos y filósofos entregamos la primera versión del texto de la normativa que habíamos elaborado para la Convención Internacional de Protección al Patrimonio Cultural Intangible, hasta que los gobiernos de la UNESCO solicitaron que se realizaran reuniones junto con los juristas con el fin de redactar los términos precisos de la Convención. ¡Les puedo decir que ese si fue un magno choque de culturas! Corrió sangre, intelectual, claro está. En esa ocasión aprendí a admirar el trabajo tan riguroso, tan preciso, tan prudente en cuanto a los impactos sociales y políticos que pueden tener las leyes, que realizan los juristas.

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La gran importancia del libro Rupturas Culturales es que sitúa los dilemas actuales sobre política cultural, mercado del arte y tratados internacionales en el marco histórico del poder. Rechazar la imposición de una cultura dominante significa redefinir la cultura en términos de una democracia cultural que asegure que una legislación altamente protectora “no resulte inhibitoria del desarrollo de ideas y de su diseminación”. Se trata de rupturas que requieren una reconfiguración. Ocurrió, por ejemplo, cuando las mujeres zapatistas irrumpieron en las discusiones entre su movimiento zapatista y el gobierno. Levantaron el rostro y dijeron “Es que ya no queremos regresar a la tradición porque los hombres nos golpean y golpean a nuestros hijos”. Ese fue el punto inicial de un movimiento hoy imparable, ya que se ha permitido que el deterioro coloque a México como uno de los principales países del mundo en feminicidios. Y éste es un fenómeno cultural.

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He tocado apenas unos cuantos temas de la riqueza que nos ofrece el libro Rupturas culturales. Estamos a unos días en que se proclame en México el programa del Decenio Mundial de las Lenguas Indígenas que auspicia Naciones Unidas a través de la UNESCO. El programa inicial para salvaguardar las lenguas autóctonas e indígenas ya estaba en mi escritorio cuando llegué a la UNESCO a dirigir el sector de cultura. Fueron años de batallas políticas y diplomáticas para lograr el que hoy despegue el decenio de reconocimiento a estas culturas. Lo enuncia de manera muy lúcida el doctor Sanchez Cordero cuando anota en el libro que la solución constitucional frente a la diversidad de lenguas indígenas en México consistió en la aceptación del pluralismo cultural, pero como una unidad indivisible. Y añade: “este punto, junto con el respeto de los derechos humanos, configuró una nueva idea de nación”.