Por ahí del año 1977 se formó el grupo Naftalina con Ángel Miranda y Fito de la Parra en la batería, Antonio de la Barreda en el bajo, Lalo Toral en el piano, Baltazar Mena en la voz, además de Freddie Armstrong y Federico Arana en las guitarras, este último autor de casi todas las letras de las canciones.
Formado como continuación de Los Sinners, pero con otro abordaje literario gracias a Arana (1942), el grupo editó varios discos en los años siguientes. escribió Arana con lo que podría entenderse como falsa modestia en aquél disco debut:
“Nosotros nos hemos puesto Naftalina por ver si así ahuyentamos un poco a las polillas. Y es que hemos sido compañeros de ruta desde hace ya casi veinte años. Estamos pues en la semi-ruquez.”
Y continuó:
“…contamos con lo que hemos aprendido en estos últimos 228 meses, con la buena disposición que da la nostalgia y con la imperiosa necesidad de sacarnos la espina que se nos quedó clavada por la baja calidad que demostramos quienes en estos parajes ejercimos ese oficio tan feliz y tan tremendo: el de rocanroleros.”
Naftalina fue una de las bandas más sólidas del rock mexicano gracias a que sus integrantes eran grandes ejecutantes en sus respectivos instrumentos. Tal vez lo que les faltó a lo largo de su carrera fue un productor que desde fuera los guiara para que sus grabaciones fueran mucho más fuertes de lo que llegaron a ser en discos como Canta, Nafto, Canta (1979) o Historia del rock de aquí de México (1987), en el que hacen una crítica muy aguda a las escenas rocanroleras de las tres décadas anteriores.
Naftalina está presentando un nuevo disco titulado Dichosa culpa en el cual, fiel a su costumbre, Federico Arana ofrece letras repletas de crítica y un gran sentido del humor. Sin embargo, debido a que el disco estuvo guardado por casi tres años por diversas razones, denota un abandono por parte de sus productores iniciales y le falta cohesión tanto en la mezcla final como en las interpretaciones de algunos de los invitados.
Pero el disco tiene momentos muy buenos como las canciones que interpreta el propio Arana: “Huyendo de ti más mí” o “Armagedonald” (que es muy similar a “Alfonsillo y el mal”), en las que demuestra fácilmente que una misma idea musical puede acompañar diferentes ideas literarias. Por otro lado, el trabajo guitarrístico de Freddie Armstrong es muy interesante.
Que una banda mexicana integrada por algunos músicos que han estado rocanroleando desde 1957 saque un nuevo disco debe ser noticia; quienes saben lo que significa resistir los embates que la vida del músico recibe a lo largo de su carrera sabrá que tener la iniciativa de seguir produciendo música nueva tras 60 años es algo que debe reconocerse.
Naftalina es un tesoro nacional que, debido al muy característico y afilado sentido del humor en sus letras, se autoimpuso una barrera hacia el reconocimiento masivo; pero quienes los conocen saben que ellos, y sobre todo Federico Arana, son el ejemplo del verdadero rocanrolero que crea música por convicción y por vocación sin esperar que todo mundo simpatice con su forma de pensar, y siempre atinando a sacarle ámpula a la sociedad conservadora, religiosa y encubridora.








