La socióloga Florence Toussaint, analista de radio y televisión del semanario Proceso, añade un estudio importante a su vasta cadena de libros publicados: De Gutierritos a Nada personal. Un viaje por la telenovela en México (Ediciones Proceso, 192 páginas), dedicado a Alberto Dallal, que presentará este sábado 29 en el Auditorio Bernardo Quintana de la 41 FIL de Minería, a las 19:00 horas, con el editor Juan Guillermo López.
Tras introducción de la autora y su texto “Evolución de un género”, incluye los capítulos:
Clásicas de Televisa (De amor; De época; Históricas; Educativas).
Innovaciones en temática (Sobrenaturales; Policíacas (1985-1987);
Para adolescentes; Internacionales).
Telenovelas en TV Azteca (¿Quién es Argos?; De cómo ZUBA desplazó a Argos; Telemundo en TV Azteca).
Telenovelas en Canal 28/Cadena Tres (El narcotraficante, ¿héroe o villano?).
Receptores y confección (El público y la sintonía; Actores; Guionistas; Productores; Televisa; TV Azteca).
La historia (Los inicios; El monopolio y su ruptura; El negocio).
Bibliografía y referencias.
Escribe la también catedrática de la UNAM al comienzo:
Este ensayo es resultado de mi simpatía por los teledramas.
Los productos de la industria de la cultura no pueden ser apreciados si el crítico es incapaz de proyectarse, identificarse con los personajes y entrar en la convención mediante la cual se otorga escucha y crédito a ficciones que, aun cuando a veces resultan inverosímiles, “enganchan al espectador”, así sea sólo durante el tiempo de la transmisión de cada capítulo. Cuando un relato logra mantener el suspenso al corte de cada episodio, el público se vuelve fiel y es probable que siga la trama hasta el final.
Mi experiencia frente a las telenovelas para escribir en torno a ellas se volvió un hábito cotidiano. Me interesaba observar cómo se desenredarían los hilos de la narración; si el protagonista malo se saldría con la suya o si el bueno lograría triunfar. Algunas veces, un personaje secundario fungía como anzuelo y su personalidad se amplificaba tanto, que el drama continuaba viéndose sólo para encontrarse con él o con la que se había consumado la proyección.
Elegí la etapa de 1983 a 2017, pues aquel año comencé mi colaboración semanal en la revista Proceso. Ese ejercicio me llevó a revisar las obras de mayor resonancia, sea por los contenidos o por sus elementos estéticos. La telenovela mexicana nació a finales de la década de los cincuenta del siglo pasado; la primera de ellas data de 1958 y se tituló Senda prohibida, una historia original de Fernanda Villeli, que dirigió el actor Rafael Banquells. Sin obviar la historia del género, decidí analizarlo desde el punto de vista personal, vivencial, para incluir las emociones y circunstancias que apenas se observan en mis notas para Proceso, pero que siempre mantuve vivas en mi memoria.
* * *
En otro momento expone:
Me propuse escribir un ensayo sobre la telenovela –el género de mayor éxito sostenido en la televisión nacional– para abundar sobre su origen en México, sus características y sus autores más destacados. En este recorrido me apoyo en la bibliografía y hemerografía sobre el tema, así como en mi propio quehacer profesional crítico desde que inicié mi colaboración en la revista Proceso hace más de 30 años.
Las telenovelas mexicanas se han exportado a un centenar de países y doblado a docenas de idiomas. La mayoría de sus intérpretes han alcanzado fama en amplios sectores de la audiencia televisiva mundial. Y aun cuando son obras populares, a lo largo de su historia las telenovelas se han convertido en piezas memorables, como Cuna de lobos, escrita por Carlos Olmos y transmitida originalmente entre 1986 y 1987 en Canal 2 de Televisa.
Dramaturgos y escritores, como el propio Olmos, Vicente Leñero y Alberto Barrera, entre otros, escribieron argumentos para este género de ficción; asimismo, cineastas como Arturo Ripstein y Jorge Fons dirigieron las puestas en escena de algunos teledramas.
La telenovela ha ido modificándose con el paso de los años. Cambiaron sus temas, enfoques y actores, así como las formas de realización, grabación y edición. El género tampoco ha sido ajeno a influencias de otros formatos, como las miniseries, los reality shows y las técnicas del cine con sus movimientos de cámara.
Asimismo, los escenarios han pasado de las simples cuatro paredes de una habitación a planos exteriores, y el clásico campo contra-campo en el diálogo de los actores se ha modificado por ángulos más abiertos y diversos.
Gracias a las nuevas tecnologías, este género originalmente anclado en la pantalla doméstica, permite adaptaciones que se proyectan en múltiples dispositivos a través de plataformas fijas y móviles. Ello permite que su difusión se multiplique, lo que conlleva un nuevo tipo de conocimiento público. Hoy ya no es necesario sintonizar las telenovelas en un horario, un día o un canal específico. El video a la carta ha facilitado un nuevo tipo de consumo ceñido a las necesidades de cada espectador; la internet, por su parte, permite acceder con libertad a los capítulos subidos a la red cualquier día y a la hora que determine el usuario.








