“Yo acuso”

La condena por alta traición de Alfred Dreyfus, militar de origen judío, en 1894, el escándalo, más tarde la constatación de su inocencia, la complicidad de los altos mandos del ejército, el canibalismo antisemita de gran parte del pueblo francés, representa uno de los sucesos más importantes en la historia moderna de Francia.

En El acusado y el espía (J’accuse; Francia, 2019), adaptación de la novela histórica del británico Robert Harris, autor también del guion, Roman Polanski comprueba el gran maestro de cine que es, más allá del pandemonium de su propia vida.

La bilis negra del Affaire Dreyfus que circula por las páginas de En busca del tiempo perdido –la catedral literaria de Proust–, dividió por décadas a la sociedad francesa; algunos llegan a ver en el gobierno colaboracionista de Pétain con Hitler, una de las consecuencias del prejuicio antijudío y el chauvinismo francés del fin de siècle (XIX).

Polanski se apega casi por completo al relato de Harris, en parte porque la novela se haya perfectamente documentada, casi a manera de story board, y también porque funciona como thriller, el suspenso mantiene en vilo al espectador. Alfred Dreyfus (Louis Garrel) no es el protagonista, sino el emblema de la causa por la que lucha Georges Picard (Jean Dujardin), el mayor del ejército francés, primero convencido de la culpabilidad de Dreyfus, y posteriormente artífice principal de su liberación.

La religión por la que pelea Picard es la de la justicia, no la del judaísmo o del catolicismo; el director evita, de muy lejos, caer en la reconciliación melodramática, inevitable en Hollywood, de ponerlos a llorar en el consabido abrazo de reconciliación. Dreyfus no es precisamente un tipo simpático, su causa sí.

El título en español prefiere el de la novela, más anecdótico. “Yo acuso”, por el que opta Polanski, rinde homenaje a la carta abierta que Émile Zola (André Marcon) dirige al presidente de la República Francesa, Félix Faure en el diario L’Aurore. La denuncia de Zola, obra maestra de periodismo y ensayo polémico, se ha vuelto una especie de metonimia del Affaire Dreyfus; el escrito condensa el momento histórico y confronta la responsabilidad del intelectual que rehúsa someterse al abuso de las instituciones.

“Yo acuso” coordina la complicada maquinaria de la organización militar, altos mandos, privilegios, autoritarismo, sistemas de espionaje, falsificaciones y corrupción, en torno a un eje de tiempo y espacio. Tiempo hacia atrás, la derrota francesa frente Alemania en la guerra de 1870; hacia el futuro, las guerras mundiales. El espacio va de París a la Isla del Diablo, el Guantánamo de entonces, donde mantienen encerrado a Dreyfus.

En todo este complicado engranaje, Polanski nunca pierde de vista la dimensión humana; la ceremonia de degradación establece el diseño de la maquinaria apisonadora, la humillación y vergüenza a nivel personal, y la soberbia de la organización, el poder que explota el prejuicio popular.