Exempleada de American Airlines denuncia maltrato laboral

Empecé a laborar para American Airlines en julio de 2001 en la ciudad de Dublín, Irlanda. En marzo de 2007 decidí pedir mi transferencia interna al centro de llamadas en la Ciudad de México; se me respetarían mi antigüedad para cálculo de salario y demás prestaciones laborales.

Aclaro que en este proceso de transferencia no me explicaron a detalle las políticas internas de la compañía, como las métricas de asistencia y las penalizaciones si uno sobrepasa minutos para ir al baño, atender llamadas personales, ir a comer y sobre los retardos.

Siendo madre soltera de dos niñas y a cargo de mi madre que en ese momento fue diagnosticada con cáncer terminal (falleció en noviembre de 2011) tuve que adaptarme a los horarios más extremos, laborando durante años de seis de la mañana a tres de la tarde, lo que implicaba dejar mi casa a las 4:30 horas todos los días. Eventualmente, debido a eso, empecé a sufrir de insomnio intermitente y de estrés.

En los últimos años y en diversas ocasiones acudí con mi jefa inmediata Jocelyn Aguilar y con el gerente general de Reservaciones, Gerardo González, para explicarles mi necesidad de tener otros horarios; incluso les solicité que me regresaran a mi puesto anterior. Ambas peticiones me fueron negadas, pese a que otros empleados sí fueron reubicados.

Mis problemas de salud aumentaron. Desde 2017 sufrí de insomnio total, náuseas y vómitos. Pese a asistir a los servicios médicos del IMSS, mi salud se iba deteriorando cada vez más; a mi médico familiar de la Clínica 7 le mencioné el estrés laboral que padecía, pero dicha situación no la tomó en cuenta.

Para el verano de 2018 mi estado de salud era deplorable y estuve internada en urgencias en más de dos ocasiones (la última con una anemia que requirió cuatro transfusiones sanguíneas y una de plasma); sufría estados constantes de ansiedad y pérdida de peso.

Para finales de mayo de 2019 tuve una crisis aguda de ansiedad. En el IMSS me recetaron clonazepam; debo aclarar que nunca he consumido ningún tipo de drogas y ese tratamiento derivó en una pérdida de memoria y en un estado de ansiedad aún peor cuando lo suspendí.

En agosto, tras buscar tratamiento por cuenta propia, fui diagnosticada con una falla hepática renal y me dijeron que podría necesitar un trasplante de órgano.

Aunque alerté a mis superiores de todo eso fui citada por el departamento de Recursos Humanos, estando presentes el empleado Omar Alcántara y el jefe de la oficina de Reservaciones, Gerardo González, para requerir mi renuncia debido a faltas injustificadas. Me indicaron que bajo las circunstancias era lo mejor para mí.

Solicité que reconocieran mis 18 años de servicio en la empresa y me permitieran acceder a un retiro anticipado sin pensión para poder mantener los llamados “privilegios de viaje” (vuelos de empleados sujetos a espacio), pero me respondieron que era imposible, aunque aclararon que sí podía seguir viajando como invitada de otros empleados (esto implica pagar más por dichos vuelos y tener menos prioridad para abordar). También me dijeron que sí me proporcionarían una constancia laboral justificando mis 18 años de trabajo, pero siempre y cuando hubiese un destinatario. Eso me pareció extraño. Firmé la renuncia por mi frágil estado de salud y el estrés.

En octubre de 2019 intenté hacer un viaje usando el pase que verbalmente me habían asegurado, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando el empleado de Recursos Humanos Omar Alcántara, quien estuvo presente el día de mi renuncia, me dijo que tenía que ser valorado por el servicio de viajes de empleados (Travel Employee), debido “al contexto en el cual se dio mi renuncia”.

Me pidió paciencia y al día de hoy no he tenido una aclaración al respecto. Me parece una falta absoluta de seriedad por parte de esta compañía el ofrecer (¿tal vez para coaccionar?) prerrogativas que después no cumple. Hago público todo esto por un mínimo sentido de justicia y para que ningún otro empleado tenga que pasar por un predicamento similar.

“Esta compañía es tan generosa que hay que hacer muchos sacrificios”, fue la respuesta de Vanessa Chavero, coordinadora de Servicios de Reservaciones de American Airlines México, cuando en alguna ocasión le hice saber que dejé sola y con otitis aguda a mi hija, de entonces ocho años, para asistir a laborar obligada por las constantes amenazas de despido.

 

Atentamente,

Brenda Aguilar Marroquín