En México el problema de las drogas se ha complicado de manera alarmante. De ser un país de tránsito hacia Estados Unidos, se volvió también productor de mariguana, amapola y sustancias químicas e inició el consumo a gran escala.
A ello hay que agregar la corrupción en todos los niveles de los gobiernos del PRI y del PAN, la colusión con uno y otro cártel, la lucha entre los mismos, la injerencia de la DEA, las traiciones.
El pico se vivió en el sexenio de Calderón, en el de Peña Nieto se mantuvo y hoy siguen las manifestaciones de uno y otro grupo puesto que los antiguos amarres entre funcionarios, miembros de la policía, políticos, no se han desarticulado en todas partes. En la medida en que se evita un baño de sangre, el trabajo de inteligencia debe incrementarse. Desarticular la trama costará tiempo.
En el libro de Anabel Hernández, El traidor, está claramente expuesto el contubernio del cártel de Sinaloa, las operaciones de El Chapo y El Mayo, quienes a más de comprar droga para revenderla a los traficantes de Estados Unidos, también la ofrecían a distribuidores locales, quienes a su vez la brindaban al mercado nacional. Sustancias al alcance de la mano incrementan la posibilidad de su uso. Pequeños revendedores impulsaron su consumo entre los jóvenes desde secundaria hasta universidad. Y se crearon las pequeñas mafias.
¿Cómo revertir el consumo? Con campañas informativas que eduquen en lugar de asustar. Juntos por la paz tiene algunos spots agradables dirigidos a los adolescentes, mientras que aquellos destinados a los padres de familia son bastante negativos; de sus imágenes se desprende el público al que desean llegar: sectores humildes y clase media.
Sería necesario dejar ver toda la cadena que hace posible obtener la droga, el entramado de una economía informal, delictiva y tramposa cuyas derivaciones llevan a la esclavitud de proveedor y adquiriente.
Por su parte, Canal Once tiene al aire una serie documental, Muerte sin fin, basada en el testimonio de adictos a sustancias como el alcohol, cocaína, crac y otras drogas. Habitantes todos de la Ciudad de México provienen de sectores sociales diversos. En cada programa se ve el recorrido en descenso de seres atrapados por su adicción. Los realizadores son Paulina del Paso, Tufic Makhlouf, Lucía Gajá, Emilio Cantón, Paco Guerrero, Alejandra Islas y Sergio Muñoz, todos ellos con una reconocida trayectoria como directores de videos documentales, películas y cortometrajes.
El abordaje de cada uno es distinto, los unifica el motivo además del respeto con el cual dejan hablar, reflexionar a sus entrevistados. También el discurrir de su día a día en esa lucha cotidiana por no desbarrancarse sin remedio. No hay moralina, sólo se expone crudamente la consecuencia de ser presa de apetitos que no se pueden morigerar.








