Porgy and Bess (1935) es sin duda la mejor ópera norteamericana del siglo XX, con música de George Gershwin (1898-1937) y libreto en inglés de Ira Gershwin, su hermano y DuBose Heyward (1885-1940).
Gershwin tardó casi 9 años para terminar esta obra, basada en la novela Porgy de Heyward que más tarde fue una pieza teatral; la ópera retrata un trozo de la vida de los afroamericanos en Charleston, Carolina del Sur, a principios de los años treinta.
Un gran acierto de Gershwin esta “ópera folclórica” que integra estilos como el jazz, el blues, y el negro spiritual de los Estados Unidos. En su estreno en Boston, alcanzó 124 representaciones. Gershwin murió solo dos años después y consideraba a Porgy and Bess como su mejor creación. Para interpretarla –por instrucciones precisas de Ira Gershwin– requiere sólo de cantantes negros.
Se presentó en toda Europa después de la Segunda Guerra Mundial y fue un triunfo fulgurante. En 1976 la Houston Grand Opera la escenificó con enorme éxito. Curiosamente en el Teatro Metropolitan de Nueva York (Met), la Meca mundial del género, no se estrenó sino hasta 1985 (medio siglo después) con Grace Bumbry y Simon Estes, pues no se le consideraba una ópera de verdad.
Ese mismo recinto la escenifica ahora para abrir su temporada 2019-2020 y la presenta a todo el mundo en sus famosas transmisiones En Vivo desde el Met de NY con un elenco prodigioso donde todos bailan, cantan y actúan de maravilla. Su estilo obviamente se aleja del bel canto italiano, de ahí que algunos obcecados detractores opinen todavía que “esto no es ópera”.
Se trata de una obra de personajes atípicos, antihéroes, donde Porgy es un mendigo minusválido que, sin embargo, conserva bastante buen carácter, y Bess –aunque no se dice abiertamente– es una prostituta regenteada por el proxeneta Crown. Ella vive con Porgy, quien la ama y procura, pero ella lo deja en dos ocasiones: una por seguir a Crown, y la otra, cuando al final de la obra, se va con Sportin’ Life, un simpático narcotraficante. Porgy, al enterarse, decide ir a NY a encontrarla. (Ain’t you say Bess gone to Noo York? Dat’s where I goin’, I got to be wid Bess. Gawd help me to fin’ her). (¿Dijisteis que se ha ido a Nueva York? Ahí es a donde iré, tengo que estar con Bess. ¡Dios me ayude a encontrarla!)
Al protagónico Erick Owens (Filadelfia, Pensilvania) ya lo hemos admirado en otras óperas del Met, como el Alberich wagneriano. La canción de cuna con que inicia el primer acto es la archifamosa Summertime de la cual hay más de cien versiones grabadas. “Summertime and the livin’ is easy” (Es verano y la vida es fácil), canta Clara, y más tarde Bess. Golda Schuktz, soprano sudafricana, bordó el personaje de Clara, mientras que Angel Blue personificó a Bess por todo lo alto. Muy destacados el tenor Frederick Ballentine (Sportin’ Life) y el bajo-barítono Alfred Walker (Crownn), y la mezzo Denyce Graves (María), sobre todo por la actuación, por el altísimo nivel de verdad escénica de todo el imponente elenco de más de 80 artistas.
Esta excepcional obra fue dirigida por James Robinson y la batuta orquestal de David Robertson.
Hay que mencionar el estupendo coro de 60 voces que se formó para la producción, así como el cuerpo de baile con las asombrosas coreografías de Camille A. Brown, a quien The New York Times ha reconocido como una de las coreógrafas ”más expresivas, genuinas y con más sentimiento de la actualidad”.








