La pintura como protagonista ferial

El protagonismo de la pintura convirtió a ZsONAMACO en una feria interesante.

Convencional en su modelo ferial pero sin estrategias mercadológicas efectistas centradas en la espectacularidad del espacio, o en el evento festivo y forzadamente experimental, la feria pionera presentó una edición ambivalente que fusionó sobriedad, algo de experimentación, repetitividad y estabilidad artística.

Sin obras estridentes, con sólo una galería blue-chip –la Lisson de Londres–, y con numerosos artistas todavía no muy conocidos, ZsONA MACO evidenció un cambio en su propio mercado.

Con 66 galerías que no regresaron este año y que estuvieron entre las 80 de 2019, con una disminución de aproximadamente 15% en la participación de galerías de arte con respecto a 2019, y de aproximadamente 43% en la participación de proyectos de foto en relación a 2018 –última edición de ZsONAMACO Foto–, la feria redujo también su espacio de exposición al reunir, en un solo evento, cuatro ferias que se realizaban en dos tiempos: la feria de arte contemporáneo y diseño en febrero; y la feria de foto y salón de antigüedades en septiembre. Una decisión controvertida que diluyó la presencia de la fotografía y saturó incómodamente el espacio de exposición.

Sin embargo, aun así, la edición 2020 se sostuvo con una oferta abundante de prácticas pictóricas que, sin ser espectaculares –pero tampoco aburridas–, sugerían la apuesta por un consumo de retinalidad vigorosa, fina y libre de complejidades.

Integrada por 130 galerías y 22 proyectos de fotografía, en esta edición lo único que aumentó fueron las presencias vinculadas con nuevas propuestas. De 21 galerías en 2019, se aumentaron a 38 dividiéndolas en Nuevas Propuestas y una sección inédita que, bajo el título de Foro, pretendía impulsar nuevas ideas de exhibición para “cuestionar la presentación tradicional de la feria”. Curada por la suiza y excuradora de Salón ACME, Anna Goetz, la sección, aun cuando no logró su objetivo, sí comprobó la centralización y endogamia en la que se desarrolla el sistema del arte contemporáneo en México. Con propuestas tan absurdas como complicar el tránsito y la visualidad de las piezas, en esta sección destacó la galería mexicana Karen Huber con los lenguajes abstractos de Merike Estna, quien no necesitaba cadenas alrededor de sus obras para destacar.

Al margen de las repetitivas instalaciones de papelitos de Cruzvillegas en la Kurimanzutto, los inestables de José Dávila en la OMR y las ordinarias esculturitas que a manera de souvenir producen Jaume Plensa y Anish Kapoor, en la feria destacaron propuestas pictóricas fusionadas con técnicas dibujísticas o gráficas. Entre ellas, la estética urbana de la gráfica pictórica de Rodrigo Sartré en la Luis Adelantado, la dinámica abstracción en carbón y acrílico de Jan-Ole Schiemann en la galería Kasmin, los manchones con intensos colores de Matt Connors en la Hufkens, y los excelentes dibujos de ciudadanos afroamericanos de Robert Pruitt en la Koplin del Río. Espléndido en su narrativa, el alemán Friedrich Kunath estuvo lamentablemente poco representado.

En el territorio de las grandes firmas, las serigrafías de Andy Warhol y los relieves y pinturas de Frank Stella dominaron en la Masterworks de Oakland. De México, la Dama Oaxaqueña de Diego Rivera provocó más de un selfie en el stand de la Galería Cristóbal.

Y, por último, la presencia reducida y notoria de la cerámica. Además de las amorfas esculturas de Gerda Gruber en la Luis Adelantado, la OMR presentó columnas rellenas de formas dobladas de Superflex, y en la Zilberman de Estanbul-Berlín un relieve con fragmentos de trastes y encimamientos amorfos en porcelana de Burcac Bingöl.

Entre lo más seductor, la video-instalación de Laure Prouvost en la Lisson, que alterando el orden entre la bidimensión y la tridimensión, incluía teteras y tazas representadas en el soporte textil y colocadas como objetos en las repisas.