Monterrey, N.L.- La imagen de sor Juana Inés de la Cruz se impone. En una postura doctoral e intelectual, la Décima Musa, plasmada en 1751 por Miguel Cabrera, muestra el icónico semblante de la poeta en el interior del Museo del Noreste (Mune).
El retrato, que casi nunca sale de su sede, el Museo de Historia del Castillo de Chapultepec, es uno de los tesoros estelares que son exhibidos, en su forma original, en la exposición Arte e Imperio. La Edad de Oro de España, una impresionante colección de obras traídas del Museo de San Diego, California, Estados Unidos, por vez primera a México, como parte de los festejos del 25 aniversario del Museo de Historia Mexicana.
La muestra presenta más de 70 obras artísticas realizadas donde regía el imperio español durante los años de 1600 a 1800, como pinturas, documentos, textiles, muebles y esculturas, entre otros objetos.
El interés de los organizadores es presentar cómo era el arte en la Edad de Oro, pero ubicándolo como un tiempo en el que las diversas disciplinas estaban conectadas, como se advierte aquí.
En los amplios salones del Mune los visitantes disfrutan grandes creaciones de grandes maestros: De Francisco Zurbarán, Cena en Emaús, Agnus Dei, San Francisco rezando en una gruta, y La Virgen, el Niño Jesús y San Juan Bautista Niño. De Peter Paul Rubens, el óleo sobre tela La Virgen y el Niño, y La sucesión de los Papas.
De El Greco (Domenikos Theotokopoulos), Adoración de los pastores y San Pedro Penitente. De Bartolomé Esteban Murillo, Magdalena penitente.
También se ofrecen pintores cuyas obras se realizaron en la Nueva España, como Sebastián López de Arteaba con La Aparición de San Miguel en el Monte Gargano y el mismo Miguel Cabrera con Virgen de Guadalupe con Apariciones.
Monterrey es el único lugar donde la muestra podrá ser visitada. Fue curada por Michael Brown, curador en jefe de arte europeo del Museo de Arte de San Diego. Sergio Rodríguez es el encargado de elaborar la museografía.
En el recorrido para medios, Roxana Velázquez, directora del museo californiano, explicó que la exposición se divide en salas:
Arte e imperio. La edad de oro de España.
La imagen cortesana.
El auge del naturalismo.
El arte al servicio de la fe.
El esplendor de la vida cotidiana y materiales de todo el mundo.
La especialista precisó que a partir de 1492 y durante casi tres siglos, España consolidó un poder político sin igual en el mundo. Durante el Siglo de Oro deslumbró con una enorme variedad cultural, enriquecida con los legados romano, islámico y judáico.
Velázquez dijo que el Museo de San Diego aceptó traer la exposición como una forma de hacer llegar a otras latitudes las expresiones de creadores excelsos, que ayudaran a entender por qué son importantes las raíces de la hispanidad en el orbe:
“Esta es una idea muy novedosa, para presentar cómo fueron las influencias de un lado a otro del Atlántico. Los modelos históricos y estéticos no vienen todos de Europa, se hizo un camino de dos avenidas. Desde América Latina también hay exportación de arte hacia aquel lado.”
Precisamente en ese intercambio se basó la curaduría de la exposición, añadió, pues el interés era exponer que esta etapa en la historia del arte no consistió en el dictado de una entidad poderosa que marcó un modelo al resto de los artistas y creadores, como pareciera en una lectura inicial. Al ver los materiales usados, las formas y la adopción de las costumbres, se entiende que hubo un intenso intercambio en muchas direcciones, señalaron los organizadores.
La experta remarcó que la exposición es una de las más completas sobre el Siglo de Oro, y que fueron arduos los esfuerzos para hacer que llegara a Monterrey.
La idea de la elaboración del proyecto demoró alrededor de cuatro años, y el destino en el Mune se contempló desde hace dos. Entonces se abrió una serie de trámites intensos para convencer a los prestadores de las piezas.
Aclaró que además de las que se encontraban en San Diego, hay obras de coleccionistas privados, por lo que se han registrado unos 25 aportadores. Colecciones como la Pérez Simón, que es una de las más importantes de América, y piezas del Museo de Denver, del Franz Mayer, del San Carlos, entre otros recintos.
El desplazamiento de estas joyas no fue sencillo, recordó, pues además de la aceptación de los propietarios tuvieron que cumplirse numerosos requerimientos técnicos, pues cada coleccionista demanda cuidados especiales para sus propiedades, con aspectos que se relacionan, por ejemplo, con la temperatura y la humedad donde serán exhibidas. Le negociación se hizo contemplando pieza por pieza.
Velázquez explicó que la etapa de la historia que muestra esta exposición busca detener el tiempo para que el público contemple y reflexione sobre la manera en que el arte, en sus diversas expresiones, estaba interconectado, generando un enorme movimiento cultural que trascendió a su tiempo:
“Hay que entender un momento histórico de manera contextual en el que hay distintos caminos. No se trata de aprender solamente de una pintura, sino que esta pintura conecta con la literatura y la poesía, un tiempo específico para aprender. Podemos hablar de las obras de Quevedo y Góngora, y entender qué escribía Sor Juana en su momento, nos da una idea para reflexionar.
“Desde luego, el goce estético te acompaña, como ver los muebles y los baúles, en todo esto hay un viaje interior. Todos estamos en el mundo entero con un celular, pero aquí hay algo de calma y reflexión, que vale traer a cuenta en este momento, porque nos hace falta.”
Ni siquiera los encargados de la exposición saben con precisión el valor en metálico de las obras en conjunto, aunque es evidente, como lo apuntó la misma Velázquez, que la aportación a la humanidad es incalculable.
“Me preguntan con frecuencia el valor económico de estas obras. Es importante saber lo que cuesta un Jackson Pollock, pero no es comparable con el valor histórico. Lo importante es el cuidado de estas piezas, porque no son repetibles. Hablamos mucho de arte contemporáneo y se vuelven a hacer piezas todos los días, pero estas no se repiten.”
Arte e Imperio. La Edad de Oro de España, estará en Mune hasta el 23 de febrero.








