Por un conflicto legal entre el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) y la Ley de Monumentos, los restauradores del INBA podrían no intervenir los murales dañados por los sismos de 2017. Entre ellos, nada más y nada menos, Apocalipsis o el diablo atado, que plasmó Orozco en el templo de Jesús Nazareno en el Centro Histórico de la CDMX (donde reposan los restos de Hernán Cortés), e Historia de Morelos, conquista y revolución, que pintó Rivera en el Palacio de Cortés, en Cuernavaca, Morelos.
Creado en 1996 para apoyar el rescate de la infraestructura dañada por catástrofes, el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) establece condiciones para el ejercicio de sus recursos, que han puesto en alerta a restauradores del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) ante un posible conflicto con la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos.
Según información del Centro Nacional de Conservación y Registro del del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam), los artículos 33 y 45 de la Ley de Monumentos otorgan competencia al INBA para la conservación y restauración de las obras y artistas declarados monumento artístico. Es el caso de los murales (y el conjunto de su obra) de José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.
Sin embargo, consultado por Proceso vía telefónica, el especialista en legislación cultural Bolfy Cottom precisa que para recibir recursos del Fonden, las instituciones públicas deben contratar a prestadores de servicios; no pueden intervenir sus empleados, si lo hicieran tendrían que recibir una remuneración, y no es posible dado que tienen un salario del presupuesto público (ver recuadro).
Ante esta situación los restauradores del Cencropam serían desplazados de su trabajo, y el papel del INBA se limitaría a la supervisión de la obra (además de a los trabajos previos, como la elaboración del dictamen, la presentación del proyecto, etcétera). Por ello, algunos especialistas en restauración (que pidieron la reserva de sus nombres por temor a represalias), expresan su inconformidad de cara a los trabajos de rescate de los murales afectados por los sismos de 2017, que aún están pendientes y serían financiados a través de esos recursos.
Consideran un contrasentido no poder intervenir por disposición del Fonden, pese a que la Ley de Monumentos claramente señala que sólo a ellos compete esa tarea. Y temen que se sienten precedentes y, en adelante, se contrate a talleres de conservación y restauración privados para intervenir los monumentos artísticos, como ocurrió ya en 2010 cuando la sala principal del Palacio de Bellas Artes (con declaratoria desde abril de 1987) fue sometida a trabajos de remodelación.
En octubre de ese año, previo a la reapertura del recinto, restauradores manifestaron a este medio su inconformidad por haber sido desplazados en los trabajos de restauración del vitral Apolo y las musas, realizado en 1924 por Géza Maróti; el telón de cristal con la imagen de los volcanes del escenario; y el mosaico del arco del proscenio.(https://www.proceso.com.mx/ 100328/100328-bellas-artes-una-polemica-reapertura).
Daños mínimos
En la cafetería del recinto de mármol, el actual titular del Cencropam, Ernesto Martínez Bermúdez, asegura que la intervención de los murales afectados por los sismos de 2017 la han venido realizando desde 2018, exclusivamente, especialistas adscritos a Bellas Artes, no particulares. Si bien los recursos no han provenido del Fonden sino de las instancias que los albergan en sus sedes, como la Secretaría de Salud, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y en algunos casos, si los gastos son menores, con presupuesto del propio INBA.
El funcionario recuerda que, al día siguiente del sismo del 19 de septiembre de 2017, se conformaron brigadas para visitar las obras, registrar sus posibles daños y definir las prioridades para su atención. Según sus cifras, se registraron 683 murales, realizados en el siglo XX en diferentes inmuebles construidos en épocas distintas, de la Ciudad de México y los estados de Tlaxcala, Morelos, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, que fue la zona más afectada.
El mayor número de murales corresponde a la Ciudad de México con 588, localizados en 71 sitios en 8 alcaldías: Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Coyoacán, Iztapalapa, Azcapotzalco, Tlalpan y Álvaro Obregón.
Maestro en museología por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), asegura que la mayoría de las obras presentaron “daños mínimos”. Se atendieron en un primer momento aquellas con declaratoria de monumento: Orozco, Rivera y Siqueiros, pero también otras de valor artístico relevante como los murales de Roberto Montenegro, uno de los cuales se encuentra en el propio Cencropam.
Entre los murales ya restaurados menciona Epopeya del pueblo mexicano, de Rivera, en Palacio Nacional, con recursos de su seguro (desconoce si fue Banorte, como en el caso de los monumentos históricos asegurados entonces por el INAH); Retrato de la burguesía, de Siqueiros, en el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME); Por una seguridad completa y al servicio de todos los mexicanos, también de Siqueiros, y El pueblo en demanda de salud, de Rivera, ambos en el Centro Médico Nacional La Raza.
Intervinieron asimismo los paneles de Rivera, Alegoría a la pureza, La continencia, La vida, La fuerza, La sabiduría, Mano con trigo, La salud, y Flora microbiana en la Secretaría de Salud. En el Mercado Abelardo L. Rodríguez las obras de Ramón Alva Guadarrama, las hermanas Marion y Grace Greenwood e Isamu Noguchi. Además, La justicia metafísica, de Orozco, y La guerra y la paz, de George Biddle, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Y El árbol del conocimiento, de Roberto Montenegro, en el Museo de las Constituciones, entre otros.
En los estados se restauraron la Capilla Riveriana de la Universidad Autónoma Chapingo, Estado de México; Historia de Tlaxcala, de Desiderio Hernández Xochitiotzin, y Migraciones e historia de Tlaxcala, de Rodolfo Ayala, en el Palacio de Gobierno de Tlaxcala.
El museólogo reitera categóricamente que, en todos estos casos, sólo han trabajado restauradores del Cencropam:
“Créame, nosotros tenemos muchísimo trabajo, no sólo en la atención de la obra mural, sino en obra de diferentes técnicas. Nuestra principal misión es el registro, la conservación y el restauro del acervo del INBA. Y también atendemos muchísima obra mural que no forma parte del acervo del instituto, pero por su relevancia la debemos atender.”
Cita el mural La revolución y los elementos, de Vlady, realizada en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que comenzarán a trabajar próximamente. Enseguida dice que el centro no contrata despachos privados, no puede hacerlo. En cambio, instancias como la SCJN podrían, por ejemplo, pero sólo para los artistas que no tienen declaratoria de monumento. Aun así, destaca, la Corte y la mayoría de las instituciones prefieren trabajar con el INBA.
Cortés y Cortés
Según un comunicado del instituto del 18 de septiembre de 2019, de los murales dañados en 2017, faltan por intervenir los frescos Apocalipsis o el diablo atado, de Orozco, plasmado en el templo Jesús Nazareno (donde reposan los restos de Hernán Cortés). Y Martínez menciona además Historia de Morelos, conquista y revolución, en el Museo Regional Cuauhnáhuac en el Palacio de Cortés, en Cuernavaca, Morelos, que sufrió los daños más graves.
Ambos inmuebles son monumentos históricos y están siendo intervenidos por el INAH. El funcionario indica que desde 2017 han colaborado con dicho instituto, están pendientes de que no se presenten más grietas o desprendimientos de capas pictóricas como consecuencia de las obras de consolidación y restauración de los edificios. Y añade que apenas termine Antropología entrará el INBA.
Cuando se le pregunta de dónde vendrán los recursos para estas intervenciones, indica que serán aportados por el INAH. En el comunicado antes mencionado se dice que para el Apocalipsis… es dinero del Fonden. Y así lo reitera Martínez.
Vía correo electrónico, el INBA precisa:
“En el caso de los monumentos históricos, los recursos autorizados para la atención y seguimiento de dichos monumentos es competencia del INAH. La revisión, diagnóstico y atención de la obra mural ubicada en dichos monumentos históricos, como, por ejemplo, los murales cuyos autores cuentan con la declaratoria de monumento artístico, ubicados en los interiores del Templo de Jesús y del Ex Palacio de Cortés, la restauración de estas obras deberá realizarse con el acompañamiento de personal especializado del taller de obra mural” (del Cencropam, como marca la Ley de Monumentos).
Para la obra riveriana han presupuestado un monto de 3 millones 860 mil 793 pesos, Y en el caso de la de Orozco, al no haberse tenido la oportunidad de colocar un andamio para ver de cerca los daños, ha sido imposible determinarlo.
Luego responde Martínez que para los murales que ya fueron restaurados en su totalidad no hubo necesidad de solicitar apoyo del Fonden, porque los daños eran mínimos. Tampoco han tenido porqué contratar particulares; pero considera que de darse el caso de que el fondo insistiera en una cláusula que impida trabajar al INBA, tendrían que sentarse a revisarla para “encontrar la mejor manera de trabajar y conservar el patrimonio de todos”, obviamente en el marco de la ley.
Una vez iniciadas las obras se verá si “acompañamiento” es sólo supervisión o intervendrá directamente el Cencropam.








