Ballour, la heroína siria de “La Cueva”

La doctora Amani Ballour es una pediatra, activista y fundadora de la organización sin fines de lucro Al Amal en Siria, quien trabajó durante seis años en “La Cueva”, un hospital subterráneo secreto en su país donde salvó la vida a miles de infantes atacados con armas químicas por las fuerzas armadas del presidente Bashar al-Ásad. Protagonista del documental de estreno La Cueva, la heroína siria fue entrevistada vía Skype al recibir el Premio Raoul Wallenberg, que el Parlamento Europeo le otorgó por “actos humanitarios excepcionales” en Estrasburgo, Francia.

El documental La Cueva (The Cave), del sirio Feras Fayyad, nominado al Oscar, se centra en su paisana pediatra Amani Ballour.

Ella atendió (entre 2012 y 2018) a cientos de infantes heridos por armas químicas y bombas de cloro en el improvisado hospital subterráneo La Cueva de su ciudad natal, Guta Oriental, cerca de Damasco, y ahora residente refugiada en Turquía.

Desde París, Francia, Ballour expresa vía Skype a Proceso que se siente contenta y optimista de que el filme compita por esa famosa estatuilla de cine en Estados Unidos, porque desea que el mundo conozca lo que ha sucedido con la guerra en la República Árabe Siria “y que continúa muy mal la situación en mi país, nada ha cambiado”. Especifica:

“Las fuerzas armadas del presidente sirio Bashar al-Ásad, desde el inicio de la guerra en 2011 hasta ahora, bombardean hospitales y otras estructuras civiles; lo mismo ha hecho Rusia a partir de que se integró a la guerra hacia 2015 y yo viví esos ataques durante los seis años que laboré en La Cueva, donde nos atacaron.”

La doctora, al momento de entrevistarla, se encontraba en Francia porque el Consejo de Europa le entregó el pasado 17 de enero el Premio Raoul Wallenberg, que se otorga cada dos años por “actos humanitarios excepcionales” en Estrasburgo. Además proyectó La Cueva, cinta producida por National Geographic y Documentary Films (ver avances en https://youtu.be/TaZkwBWuN2A).

Ese reconocimiento lleva el nombre del diplomático sueco que protegió a millones de judíos y fuera detenido hace 75 años (el 17 de enero de 1945) por el ejército soviético. La titular del Consejo de Europa, Marija Pejcinovic, destacó en un comunicado que la pediatra “arriesgó su propia seguridad para ayudar a aquellos que más lo necesitaban”.

Ballour, tranquila, agradece la distinción y enfatiza a este medio:

“Era lo que debía hacer, salvar a la gente; pero no lo hice sola. Muchos, más de cien que trabajaron en ese nosocomio conmigo, arriesgaron su vida también.”

Este documental La Cueva –que se encuentra en la cartelera cinematográfica de México desde el pasado 24 de enero, bajo la distribución de Alameda– se proyectará en el canal de National Geographic el próximo 9 de febrero, a las 20 horas, en su versión original y subtitulada al español.

“Por ser mujer”

Bollour, la más chica de su familia, rememora que no deseaba convertirse en ama de casa como sus hermanas mayores, quienes se casaron jóvenes.

Le gustaba la ingeniería mecánica y se inscribió en la Universidad de Damasco; pero como socialmente no era adecuado que a eso se dedicara (“por ser mujer” y por la negativa de su papá), se cambió a medicina:

“En 2011 me encontraba en el último año de la carrera. Empezaron las protestas árabes pacíficas y cuando el Estado sirio atacó a los manifestantes con látigos y disparando gas lacrimógeno y balas, pensé que debía auxiliar a las personas de alguna manera.”

Terminó de estudiar a finales de 2012 y se ofreció como voluntaria en un hospital improvisado, en un edificio sin terminar, que después se convirtió en La Cueva:

“Del 2016 al 2018 fui la encargada del lugar, donde la medicina y la comida eran insuficientes, y las agresiones de los aviones no cesaban. Traté de asegurar la infraestructura por encima y por debajo del suelo para que soportara los bombardeos. Elaboré planes de evacuación para que no saliera herido ningún paciente y el personal. Sin embargo, los ataques aumentaron cuando Assad y Rusia se acercaron a la ciudad. Todo se complicaba.”

Dos colegas, Salimy (cirujano) y Khalid (enfermera y cocinera) la invitaron a dirigir el hospital subterráneo por dos años, cuando tenía 29 de edad. Ballour se convirtió en la primera doctora en la historia de Siria al frente de una clínica, por lo cual enfrentó insultos de varones “por ser mujer y trabajar como médico”. Entonces, Fayyad, también nominado al Oscar por Los últimos hombres de Aleppo (Last Men in Aleppo) en 2017, comenzó a filmar a la doctora, sobre todo cómo manejaba ese espacio bajo la tierra (arriba yacía un edificio de seis pisos que iba a ser un hospital), el cual ella amplió. Creó búnkeres más profundos y túneles.

“No era nada seguro estar en La Cueva. El miedo nos consumía cada momento por el paso de los aviones y los bombardeos. Eran momentos muy duros. Pero estudié medicina y me especialicé en niños, entonces me correspondía ayudar a las personas. Al ver a los pequeños e incluso bebés que llegaban heridos, sufría mucho y no podía abandonarlos. No deseaba que muriera más gente”, expresa Ballour.

En el documental, un hombre joven entra a La Cueva y pregunta si está el director del sanatorio. Ballour responde que ella es la titular. El varón le explica que no encuentra una medicina para su esposa y dónde puede conseguirla. La doctora le explica que no hay tal y que la ciudad está sitiada. Él le expresa que encuentre a alguien que pueda ayudarle. La médico responde: “¿A qué se refiere?” El chico señala: “A un hombre que haga un mejor trabajo”.

Ballour continúa: “¿Los hospitales con directores masculinos pueden conseguirle medicina?” El joven expresa: “Sí. Las mujeres deben quedarse en casa, no deben trabajar. Una mujer pertenece a su casa con su marido y sus hijos”. Y la defiende el doctor Salimy.

Salvando niños

Al principio, la pediatra se resistió a que el hospital y ella fueran parte de un documental de Fayyad, quien ha sido torturado en la cárcel por sus películas que denuncian las atrocidades de Bashar al-Ásad. Pero cuando vio Los últimos hombres en Aleppo (2017) y su repercusión internacional y nominación al Oscar (entonces el director no asistió a la ceremonia de la Academia de Hollywood porque le negaron la visa), ella aceptó que se efectuara la cinta, con la condición de que no perjudicara su trabajo.

“Debía seguir salvando vidas. No quería que me distrajera de mi responsabilidad, tampoco a mi equipo de trabajo. Tampoco quería exponer a nadie, sobre todo a las mujeres que trabajaban ahí.”

Fayyad reunió a un equipo para grabar dentro de La Cueva. Su prioridad era hallar a personas destacadas en la fotografía. Encontró a los cineastas, nacidos en Damasco: Mohammad Eyad, Muhammed Khair Al Shami y Ammar Sulaimán. Grabaron durante 18 meses sin poseer un equipo sofisticado y de alta calidad; pero el reto era filmar bajo la tierra en espacios oscuros y estrechos. Fayyad ideó una película de observación, basado en personajes y sin entrevistas.

En febrero del 2018, la situación en Guta Oriental empeoró. Bashar al-Ásad y sus aliados rusos reforzaron y desarrollaron más su ofensiva para recuperar el territorio. Aumentaron los bombardeos aéreos y terrestres. Hubo un ataque con bombas químicas, utilizando cloro. Fayyad y su equipo lo captaron todo hasta el último día que funcionó el hospital: 18 de marzo de 2018. Ballour enfatiza:

“Los pequeños, niños y niñas, son los que más sufren en un conflicto bélico. Son mi preocupación principal. Toda una generación de pequeños sirios, más de 2 millones 600 mil, no han recibido educación por la guerra. Merecen escuelas y lugares seguros, donde puedan aprender sin miedo y sin hambre. Las mujeres igual se merecen algo mejor. No puedo aún olvidar a los niños que ayudé y a los que perdí… Aún los sueño.

“Son niños que crecieron entre la sangre y la injusticia. No han conocido lo hermosa que es la vida. Sólo dicen que tienen hambre y miedo y buscan a sus padres.

“¡Nos atacaron a las ambulancias y mataron a los rescatistas en plena labor! A veces me sentía sin fuerzas para continuar. No sé cómo recuperaba mis fuerzas para continuar con mi responsabilidad. No fue nada fácil. Sufría todo el tiempo, recibíamos cerca de 30 o 40 niños por día. Todos nacieron ya en la guerra civil sira, que inició el 15 de marzo de 2011.”

Se advierte en el largometraje cuando llegan niños heridos tras un ataque con misiles rusos. Ballour atiende a un bebé, lleno de polvo y con sangre en su nariz y espalda. Le saca una piedra de su pequeña boca. Entonces, ella, en voz alta cuestiona: “¿Realmente Dios está mirando? Dios, ¡ay Dios!..” Se tranquiliza y resalta: “¡Nunca nos daremos por vencidos, hagan lo que hagan!”

Al inicio del documental La Cueva, ella narra:

“La idea de moverse bajo tierra era simple. Tan simple como la muerte acechando en la superficie. La muerte también es clara y simple. Tan simple como la necesidad de sobrevivir. Como médico, he sido testigo de tantas tragedias, de tanto sufrimiento, de tantas mentiras… Eso nos hizo buscar una forma de sobrevivir”.

–Usted ha denunciado los métodos terribles de Bashar al-Ásad; pero nadie lo para, ¿verdad?

–Todos los sirios, árabes, cristianos, kurdos, han sufrido bajo el sistema de Assad. Estuve en el este de Guta Oriental en agosto del 2013, cuando se lanzaron cohetes con gas sarín (o GB) mientras la gente dormía. Nunca pensé que el gobierno usaría armas químicas para matar a civiles. Me di cuenta que deseaba acabar con todos en esa metrópoli y en general eliminar en Siria a todos los que quieran libertad. Alrededor de un millón de personas han sido asesinadas y medio millón se encuentran en las prisiones, donde son torturadas y asesinadas. La Comisión Internacional de Investigación de la ONU para Siria ya mencionó que los ejércitos sirios y sus aliados cometieron crímenes de guerra y contra la humanidad durante la recuperación de Guta Oriental.

Entre tanto, el resto del mundo sólo mira.

“No es tarde aún para que los países occidentales exijan que pare esa guerra y sacar a Assad del país y juzgarlo, para que los que somos exiliados y refugiados podamos retornar a casa y construir una Siria libre, sin discriminar a nadie.”

La doctora y su equipo abandonaron La Cueva en 2018 y ella se refugió en Turquía, donde vive con su esposo, un activista de Daraa:

“En La Cueva nos atacaron, sitiaron y salvamos y perdimos vidas, Eso no quiero que se olvide, porque a otros les sigue pasando.”

–En la cinta, usted se ve caminando por un túnel del hospital y escucha un avión de combate. Y le dice al doctor que la acompaña: “Sigamos sonriendo por los niños. Es lo menos que podemos hacer”. ¿Cómo lograba eso?

–No lo sé, no lo sé… Sólo sabía que debía ayudarlos a pesar de las malas circunstancias. No había medicina ni para las infecciones…

“Como dije en el documental, busqué el camino a la libertad; por eso me convertí en pediatra. Mi trabajo era la salida para mi ira.”

En otras escenas en la cinta se ven a niños y adultos que llegan asfixiándose, y la enfermera Khalid se da cuenta que fallecen los pacientes sin estar heridos y su ropa huele a cloro. Los atacaron con químicos.

“¡Fue terrible! Se intensificaron los bombardeos. Assad y los rusos estaban ya decididos a recuperar la ciudad. Tuvimos que evacuar a pacientes y al personal. Ya no había nada que hacer. Nunca olvidaré todo lo que viví ahí.”

En Turquía, Ballour auxilia un fondo llamado Al Amal (“Esperanza”) que ayuda mujeres líderes y doctoras en zonas de conflicto. Ahora desea ser radióloga, porque ya no puede trabajar con niños, Se angustia. “Quedé devastada psicológicamente”, finaliza.

Ya tramitó su visa para asistir al Oscar y no sabe que pasará.

El director Fayyad, quien reside en Copenhague, por fin obtuvo su visa para ingresar a Estados Unidos y acudir el 9 de febrero a la ceremonia del Oscar, según la revista Variety.   l