Hace unos meses se publicó este libro extraordinario; partituras de obras para piano y voz de compositores mexicanos del siglo XIX compiladas por la gran soprano Luz Angélica Uribe y editadas por el maestro Karl Bellinghausen (QEPD). Una publicación del CENIDIM, FONCA, INBA y la Secretaría de Cultura. Es un libro que no debiera faltar en la biblioteca de todo cantante o profesor de canto.
En el Conservatorio de México y otras instituciones de enseñanza musical se les pide a los alumnos de canto que, como parte de su repertorio, aprendan arias y canciones mexicanas, y no salen de las mismas trilladísimas canciones de Ponce, Revueltas y otros pocos autores. Pues aquí está una compilación de arias y plegarias, un total de veintiocho piezas para que se renueven.
Arias y Plegarias del Romanticismo Mexicano viene acompañado de un disco compacto, donde podemos escuchar las obras, grabado en la Sala Julián Carrillo de Radio UNAM; canta la propia Luz Angélica Uribe y al piano el extraordinario maestro Carlos Alberto Pecero, ya desaparecido).
Dice Uribe: Actualmente la noticia de una obra desconocida de algún compositor europeo encontrada en cualquier olvidada biblioteca, daría la vuelta al mundo. Curiosamente, México está lleno de viejas novedades musicales que ahora, gracias a la musicología, se vuelven a reimprimir y se reinterpretan con nostalgia; aunque estos hallazgos no se difundan ni se celebren como en Europa. Tenemos mucha música por redescubrir y volver a estrenar, el reto es acercarla a los intérpretes.
La tarea que se propone con este libro a los cantantes y pianistas, además de la obvia de dar a conocer la música olvidada de nuestros compositores del siglo XIX, es fantasear con las posibilidades interpretativas de esta música, es una aventura que nos lleva a la reflexión –cualidad actualmente en desuso, pero necesaria en un intérprete.
Karl Bellinghausen fue un musicólogo de primer nivel, apreciadísimo por sus colegas y alumnos. Hacer esta antología fue una de sus metas, proyecto que dejó inconcluso por su repentina muerte, y que ahora gracias al apoyo del CENIDIM llega a su término.
En esta deliciosa antología vemos desfilar los nombres de autores tan prominentes como José Antonio Gómez (1805-1876), Fernando de Domec (c. 1810- c. 1870), Cenobio Paniagua (1821-1882), Luis Baca (1826-1855), Tomás León (1826-1893), Miguel Meneses (1832-1892), Melesio Morales (1839-1908), Ángela Peralta (1845-1883) –la gran soprano mexicana que sí, también componía–, José Valdés (1860-1930), Felipe Villanueva (1862-1893), Gustavo Campa (1863-1934), Ricardo Castro (1864-1907), Alfredo Carrasco (1875-1945) y Estanislao Mejía (1882-1967).
La investigadora Yael Bitrán Goren nos cuenta que José Antonio Gómez y Cenobio Paniagua fueron pioneros en la composición de obras para uso casero y para el inmenso contingente de pianistas y cantantes que se apasionaban por el arte musical en nuestro país. Gómez fundó una de las primeras escuelas de música del México recientemente independizado, mientras que Paniagua fue un impulsor de la ópera desde 1860, cuya música está influida (como es natural) por el bel canto italiano. Por su parte Fernando de Domec es una figura enigmática de la que sabemos casi nada, su nombre tal vez es un pseudónimo, pero nos dejó música maravillosa de la cual hay varios ejemplos en esta antología (canciones con versos de Bécquer).
Queda a los jóvenes cantantes la tarea de aprenderlas e interpretarlas en sus recitales.








