Julio Frenk, quien como titular de la Secretaría de Salud en la administración de Vicente Fox creó el Seguro Popular, lamenta que ese proyecto –que sí funcionaba, dice– haya sido desmantelado por otro que el presidente Andrés Manuel López Obrador lanzó de manera apresurada y sin un diagnóstico previo. En entrevista con Proceso, el exfuncionario considera como un “grave retroceso” la centralización de los servicios de salud que impulsa el gobierno de la 4T, sobre todo porque, explica, México es un país muy grande y muy diverso.
La reciente oferta del presidente Andrés Manuel López Obrador en el sentido de que para diciembre próximo todos los mexicanos tendrán acceso gratuito a los servicios médicos, “no es una promesa realista debido a los bajos recursos destinados a ese sector”, asegura el doctor Julio Frenk, quien como secretario de Salud en el sexenio foxista creó el Seguro Popular que hoy acaba de desmantelarse.
Y agrega, categórico:
“Si se continúa por el mismo camino de no aumentar el presupuesto a la salud y de centralizar los servicios, veo muy difícil que el presidente pueda cumplir esa promesa de cobertura médica, ¡muy difícil! … Y mire que no quiero ser negativo ni pesimista.”
Frenk aclara también que no son gratuitos los servicios médicos gubernamentales, como afirma López Obrador:
“La población paga por estos servicios a través de sus impuestos y cuotas destinadas a la seguridad social. No son servicios gratuitos ni un acto de generosidad del gobierno, cuya obligación es cobrar impuestos para beneficio de los ciudadanos. Pero falsamente se nos dice que son gratuitos para crear una situación de dependencia.”
Así, Frenk cuestiona lo dicho por López Obrador en su conferencia mañanera del pasado 23 de enero, cuando garantizó que para el 1 de diciembre ya se tendrán servicios y medicamentos gratuitos en los hospitales públicos. Habrá para entonces, adelantó el mandatario, “servicio de calidad, atención médica, servicios gratuitos. Ese es el propósito, como los servicios de salud en otras partes del mundo, como en Dinamarca o Canadá”.
La promesa presidencial fue en respuesta a las fuertes críticas contra el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), que sustituyó al Seguro Popular y comenzó a operar –el pasado 1 de enero– con muchas deficiencias y cobrando cuotas de recuperación a los pacientes, lo cual provocó enojo entre la población.
Frenk señala que el Insabi se creó de manera apresurada y sin un diagnóstico previo, empezó a operar sin suficientes recursos presupuestales, les quita derechos a los ciudadanos, eliminó recursos destinados a las enfermedades catastróficas, es un organismo centralizador que provocará un gran retroceso y, para colmo, es manejado por inexpertos funcionarios que desconocen el tema de la salud.
“En el fondo de todo veo una falta de lógica y una gran contradicción, pues mientras el presidente promete que nuestro sistema de salud será tan avanzado como el de los países escandinavos, en los hechos se está haciendo justamente lo contrario: se desmantelan los mecanismos que hubieran ayudado a alcanzar esa meta, como acaba de ocurrir con el desmantelamiento del Seguro Popular”, dice Frenk.
El diagnóstico
De entrada, insiste Frenk, el Insabi “se lanzó de manera apresurada y sin un diagnóstico previo”. Explica: “Al revisar los documentos que lo generaron, como la exposición de motivos, veo que son de una enorme pobreza conceptual, sin datos duros ni diagnóstico claro. No tuvo un trabajo de preparación, al grado de que todavía hay gobernadores que se niegan a firmar convenios con el Insabi –en particular el de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez–. Todo esto es muy grave”.
Y sobre la falta de recursos con que comenzó a operar el organismo, apunta:
“Pese a que el presidente prometió irle aumentando recursos a la salud, en un punto porcentual del PIB, este incremento no se ha dado en los dos primeros presupuestos que le han tocado a López Obrador. Esta escasez de recursos se agrava debido a que, desde 2015, el presupuesto a la salud ha venido bajando. ¿Con qué recursos piensa entonces cumplir su promesa de cobertura médica?”
Con experiencia de décadas en el tema, Frenk preside la Universidad de Miami, en Estados Unidos. En entrevista telefónica, hace la siguiente advertencia:
“Es importante señalar que se le quitaron derechos a la población en la ley con la que se creó el Insabi, pues ahí se estipula claramente que la única responsabilidad del organismo es dar atención en el primer y segundo nivel.
“Los de primer nivel son los servicios básicos que se dan en clínicas y centros de salud, mientras que los de segundo se dan en hospitales generales donde se atienden partos o cirugías menos complejas. Así, dejó fuera los servicios de alta especialidad conocidos como de tercer nivel; son los que dan, por ejemplo, los grandes institutos, como los de Cardiología, Cancerología o Nutrición, o algunos hospitales regionales de alta especialidad.
“Y precisamente esta ley, por dejar fuera al tercer nivel, provocó que desde el 1 de enero los directores de algunos hospitales empezaran a cobrar cuotas de recuperación. Hay una gran confusión en todo esto, pues mientras la Secretaría de Salud reitera en un comunicado que sólo se cubre el primer y segundo nivel, el presidente señala que se atienden todos los niveles.”
–Otra controvertida medida es la desaparición del FPGC (Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos), el cual contenía recursos para dar precisamente atención de alta especialidad. ¿Qué opina sobre esta medida del gobierno?
–Es otra decisión sin ninguna lógica. Ese fondo fue un instrumento del Seguro Popular, cuyo objetivo era financiarle a la población las enfermedades de alto costo. Fue producto de un diagnóstico muy minucioso, el cual nos reveló que había 4 millones de familias que cada año se arruinaban económicamente por tener algún pariente con un padecimiento de alto costo. Les resultaba un gasto catastrófico.
“Por ello creamos ese fondo de reserva cuyos recursos aumentaban conforme crecía la afiliación al Seguro Popular. Además, un grupo colegiado de expertos iba definiendo los padecimientos a cubrir, que poco a poco fueron incrementándose hasta alcanzar 66, entre ellos todos los cánceres de niños, el cáncer de matriz, el cáncer de mama y los cuidados intensivos en recién nacidos, por poner algunos ejemplos.
“Si un niño con cáncer afiliado al Seguro Popular llegaba al Instituto Nacional de Cancerología, éste le cobraba el tratamiento médico al Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos. Así funcionaba ese esquema de financiamiento que trajo muchos beneficios a la gente.
“Pero inexplicablemente ya se destruyó este fondo, que había acumulado 80 mil millones de pesos, la mitad de los cuales ahora se van a utilizar para gasto corriente y para regularizar plazas, ya no para servicios médicos de tercer nivel.”
–El director del Insabi, Juan Ferrer, asegura sin embargo que el nuevo organismo seguirá dando cobertura a esos 66 padecimientos de alto costo. Y no sólo eso: promete incluir en la lista a 30 más…
–Sí, pero no ha dicho cuáles son esos 30 padecimientos que va a incluir, cómo los dictaminaron y cómo los van a atender ya sin las reservas que tenía el fondo. No se deben prometer cosas que no se pueden cumplir.
–¿La desaparición del fondo tiene relación con el actual desabasto de medicamentos para el cáncer, que está provocando protestas de padres de hijos con esta enfermedad?
–No directamente. La desaparición del fondo les quitó la certidumbre a los directores de los hospitales de alta especialidad, quienes antes sabían que tenían recursos para atender a personas con cáncer. Ahora ya no tienen esa certidumbre porque la ley no incluye ese padecimiento; por eso cobran cuotas a los pacientes.
“Más bien, esas protestas tienen que ver con la destrucción del sistema de abasto de medicamentos; actualmente se están cortando esos canales de distribución con el argumento de que ahí hay corrupción. Pero en lugar de usar un bisturí para quitar los puntos de corrupción detectados, están usando un machete y arrasando con todo.
“Mire, la compra y distribución de medicamentos es un proceso muy complejo que requiere especialización, porque se trabaja con productos que tienen fecha de caducidad; algunos requieren ser manejados en lo que se llama cadena de frío: conservarlos en bajas temperaturas porque se echan a perder si se exponen al calor. En fin, no es comprar cualquier material.”
Descalificaciones
Frenk lamenta también el hecho de que López Obrador descalifique públicamente a personal médico, como lo hizo con el director del Hospital Infantil Federico Gómez, Jaime Nieto, a quien acusó de estar presuntamente implicado en el desabasto de medicamentos, por lo que ordenó se le investigue.
“Para los empleados del sector salud es muy desmoralizante que el presidente haga este tipo de acusaciones contra ellos. Me consta que la gran mayoría de estos servidores son honestos y tienen vocación de servicio. Apoyamos el combate a la corrupción, pero debe hacerse de manera muy puntual y bien fundamentada, no descalificando a todo mundo.”
Por otra parte, Frenk considera un “grave retroceso” la actual centralización de los servicios de salud, ya que, advierte, “la toma centralizada de decisiones provocará grandes problemas de operación, pues México es un país muy grande y muy diverso”.
Indica que se está retrocediendo al esquema centralizado que había hace casi 50 años, en los años setenta del siglo pasado, durante los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo, el cual fue reemplazado por un modelo más eficiente.
Relata:
“El proceso de descentralización comenzó en 1983 y tomó casi 20 años completarlo. Se concluyó cuando el doctor Juan Ramón de la Fuente era secretario de Salud. Consistió básicamente en dejar en manos de los estados los servicios de primer y segundo nivel, para que cada gobierno estatal se hiciera responsable en su territorio. Estos logros se están echando para atrás con el Insabi. Hay una recentralización en el sector Salud.”
Todas estas desatinadas medidas del gobierno de la 4T, asegura Frenk, “muestran un patrón muy preocupante: la impericia gerencial del nuevo equipo, que está tomando decisiones sin conocer el tema de la salud”.
–¿Incluye usted al propio director del Insabi, Juan Ferrer, un tabasqueño dedicado a la arqueología y a quien se le critica por su inexperiencia en el ámbito de la salud?
–No necesariamente se necesita ser especialista para ser titular de ese organismo. Lo importante es tener liderazgo y formar equipos integrados por expertos; también estar abiertos a la opinión de los especialistas. Pero aquí no veo equipos competentes… y eso se refleja en los resultados.
Con una muy conocida frase –convertida casi en eslogan–, López Obrador justificó la desaparición del Seguro Popular: “Ni era seguro ni era popular”. A esta irónica descalificación, Frenk responde:
“El presidente está muy equivocado, ¡sí era seguro y sí era popular! El 85% de sus afiliados pertenecían a los grupos más pobres en ingresos económicos. Todas las evaluaciones lo consideraron uno de los programas que más beneficiaron a la gente. Y también era popular en el sentido de que a la población le gustaba. Es más, según las encuestas la medida más impopular del actual gobierno fue desmantelar el Seguro Popular.”
Relata que, para echar a andar el Seguro Popular, al arrancar el sexenio de Fox, previamente integró un equipo de “gente capaz”; se realizaron “estudios técnicos muy sólidos” para “identificar problemas”; se elaboró una iniciativa de ley discutida ampliamente en el Congreso y entre los gobernadores y partidos políticos, la cual finalmente se aprobó en abril de 2003.
Prosigue Frenk:
“Me tomó siete meses preparar los convenios con los gobernadores. Yo fui personalmente a cada estado de la República. Sostuve reuniones con los gobernadores y con sus secretarios de Salud y de Finanzas. Para cuando se echó a andar el Seguro Popular ya todos los convenios estaban firmados, a excepción del convenio con el Distrito Federal, gobernado entonces por López Obrador, que se incorporó unos meses más tarde.
“Lo que hacía el Seguro Popular no era dar servicios, sino financiarlos. Y gracias a sus instrumentos financieros, logró quitar las llamadas cuotas de recuperación que se pagaban en los hospitales y también que el presupuesto para la salud se cuadriplicara ya para 2015, año a partir del cual se empezó a bajar el presupuesto. Pero, aun así, el Seguro Popular logró los aumentos presupuestales más grandes que ha habido”.
–Durante tres sexenios se aplicó su programa; hasta ahora se suprime. ¿A qué lo atribuye?
–Inexplicablemente se prefirió dar marcha atrás. El Seguro Popular no era perfecto. Por eso, durante esos tres sexenios se le fueron haciendo cambios, pero sin destruir lo bueno. Este gobierno tenía la oportunidad de dar un paso adelante: integrar al Seguro Popular con los seguros del IMSS y del ISSSTE, para así tener un esquema universal. Pero no, prefirió retroceder.
El exsecretario de Salud hace una pausa, reflexiona un momento, y luego concluye:
“Este gobierno apenas empieza. Tiene aún tiempo de corregir el rumbo. Ojalá lo haga para evitar mayores daños a la salud de la gente.” l








