Propuestas de larga temporalidad

Merecen ser destacadas dos propuestas de danza de largo aliento del 2019, dado que sostuvieron procesos con el público más largos que cualquier presentación escénica, buscando aproximarse a la transformación social.

El recuento contempla sólo dos: 

Se trata, primero, de la exposición transdisciplinaria Autorreconstrucción: insistir, insistir, insistir, del artista visual Abraham Cruzvillegas y la coreógrafa Bárbara Foulkes, con periodo del 27 de julio al 20 octubre del 2019, en la sala principal del museo La Tallera –antiguo espacio de experimentación en torno al mural de David Alfaro Siqueiros– en la ciudad de Cuernavaca.

Las actividades que conformaron dicha muestra, curada por Michele Fiedler y Silverio Orduña, comenzaron con el performance inaugural a cargo de la autora, quien matizaba la tensión entre su cuerpo colgado de un arnés y una escultura flotante de gran escala, cuyo efecto eran cambios mutuos en la persona y el objeto. 

Continuaron con talleres artísticos sobre dibujo, coreografía y sonoridad; sesiones de yoga como práctica que esculpe los modos de vida; y más activaciones a aquella escultura coreográfica, dirigidas por la propia Foulkes.

Se extendieron con presentaciones de danza, charlas sobre geografía-memoria y geología, práctica de cerámica y cuidado de las plantas, micrófono abierto, patinetas en la calle y uso de la galería como espacio de ensayo para las compañías morelenses.

La iniciativa museística de casi tres meses de duración cambió minuto a minuto para no consistir en una exposición objetual sino mas bien coreográfica, que pudiera impactar en el interior de los habitantes de Cuernavaca, cuyas condiciones de inseguridad, desempleo y demás precarizaciones ha durado ya mucho tiempo.

Otra segunda propuesta que comparte con la anterior es la cualidad de largo aliento fue la Nueva Red de Bailadores, construida por el colectivo de DJs Chakanais y otros jóvenes –quienes prefieren permanecer anónimos dado que para ellos los integrantes de esta red fueron todos aquellos asistentes a los bailes o colaboradores de algún servicio para poder realizar la propuesta–, e iniciada el 23 de enero y concluida el 18 de diciembre, en varias casas y dos museos de la Ciudad de México.

Consistió en una cartografía de bailes que comenzó en la casa de un particular en la colonia Narvarte (23 de enero), continuó en el estudio de grabación Lucid Dreams en Coyoacán (31 de marzo), luego en Casa Tajín (1º de mayo), siguiendo en casa de otro particular en Copilco el Alto (8 de junio) y repitió en Narvarte (3 de julio).

Una segunda etapa de la ruta de bailes por la ciudad sucedió en Santa María La Ribera (15 de agosto), siguió en Casa Narvarte nuevamente (24 de agosto); después el Centro de la Imagen invitó al colectivo a incendiar la pista como parte del programa “Me sobra barrio” (21 de septiembre); vuelve a Narvarte (28 de septiembre) y a Lucid Dreams (20 de octubre); el Museo del Chopo toma esta iniciativa (23 de noviembre), y culmina en el punto de origen de la Casa Narvarte (18 de diciembre).

Once veces se realizaron estas reuniones en el periodo de un año. 

Por separado, una sola reunión también era de largo aliento, casi un ritual, puesto que duraba más de tres horas y a la que llegaron a asistir hasta 300 personas para solamente bailar.

Este colectivo juvenil conceptualiza dichos encuentros como “baile libre”, sin alcohol ni ligue o acoso. Persiguió dejar puro al baile para desvincularlo del consumo y la violencia de género. Implicó también desvestirlo de competencia, sin estándares ni juicio de géneros de baile y de costo de entrada. Fue un recorrido que captó el interés de programas institucionales comunitarios.