En la inauguración, Echeverría dio lección de arte

El 15 de septiembre de 1971, en el cincuentenario del muralismo mexicano, el presidente Luis Echeverría, acompañado de un enorme séquito de funcionarios –como acostumbraba– y presente el cuerpo diplomático acreditado, unas dos mil personas, inauguró el Polyforum Cultural Siqueiros al lado del artista y del dueño impulsor de la obra, Manuel Suárez.

A lo largo de cuatro horas, Echeverría recorrió el recinto y, en la insólita polémica con los medios de información, se enfrascó en términos estéticos, políticos y filosóficos sobre la obra de Siqueiros, al cual acudió dos veces en su ayuda para que la explicara por sí mismo.

El reportero de Excélsior, Eduardo Deschamps, le replicó, y el presidente dijo:

“Estoy, en realidad, precisando la trascendencia que creo tiene como obra integral, plástica, musical, literaria, por todo lo que vale en sí. Yo no soy un especialista en cuestiones artísticas, pero considero que esta obra es una obra plena, profunda, fecunda y con proyección hacia el futuro: Su objetivo es más trascendente de lo que yo mismo lo llamé hace un momento (hacía referencia a sus palabras de inauguración), puesto que va más allá de las doctrinas, y su significado es profundamente humano y alcanza a un tiempo la plenitud integral de las artes.”

Más adelante, interrogado acerca del sentido político de la obra, Echeverría respondió en una especie de mesa redonda:

“En materia política me interesan las ideas que coordinen los factores de México; en cambio, las ideas que no operen y que son contraproducentes, cualquiera que sea su significado, quedan al margen. Por eso, añadió, yo me refería a ideas acartonadas hace un momento.”

Dijo sobre el contenido político:

“Es algo más que político el contenido, es un gran mensaje artístico”.

Se le insistió: El contenido, ¿es de “contestación” al sistema político establecido?

El licenciado Echeverría repreguntó: ¿A qué llama usted “establecido”?

–Al status político –dijo el reportero.

–¿De todo el mundo? –insistió el presidente.

Deschamps contra-preguntó:

–¿Es una situación revolucionaria la que el maestro Siqueiros plantea aquí?

El presidente fue lejos:

“Es, dijo, algo más profundo que eso. Lo que ustedes me están afirmando me parece que es superficial. A mí me parece que eso es más profundo.”

Tranquilo, reposado, sonriente, como lo pinta la información de la época, Echeverría entró al rejuego con los reporteros. A uno de dijo: “¿No se molesta usted si le digo lo que estoy pensando? Usted no ha observado el Polyforum”.

Para después aventurar otra definición:

“Es algo más que una doctrina política, es un mensaje filosófico. Ustedes se están limitando mucho con ideas políticas o estéticas. Es una cosa más amplia. Si ustedes se limitan en conceptos tradicionales no entenderán esta obra.”

También había dicho, en otra parte de la reunión con la prensa:

“Es una obra de gran trascendencia, histórica, filosófica y política en su sentido más alto.”

Después hizo un descanso:

“A mis ideas en materia estética no les den mucha importancia, porque me gustó mucho la obra, pero es algo más que eso, una interpretación integral. Debe ser el maestro Siqueiros, y me parece muy interesante que él conteste esas preguntas para que despacio las explique.”

El presidente recurriría al maestro ante otra controversia, y es que se le abordaron problemas como el de que el arte público es para el pueblo y el Polyforum es un recinto cerrado, particular y donde se cobra la entrada o si el pintor daba aquí un giro político. Echeverría llegó a calificar el Polyforum así:

“Para mí es profundamente realista. No soy especialista en cuestiones artísticas, pero para mí es neorrealista.»

La discusión llegó a un punto de confusión. Don Manuel Suárez gritó: “Pero antes no había nada y ahora hay algo. Discutan qué es lo justo”.

Hacia el final, acotó Echeverría:

“Qué bueno que hay discusión; qué bueno que las ideas son fecundas; es muy interesante el fenómeno que ocurre en México: hay creación, amplios márgenes para la creación…”.

Entre el público alguien dijo que nadie de los presentes apadrinaban el Polyforum y otra persona comentó, según la crónica mencionada:

“Sus mismos alumnos lo han rebatido.”

No era el caso de Mario Orozco Rivera, quien vio en el Polyforum (Magazine de Excélsior, 12 de septiembre de 1971) “la imagen exacta de lo que Siqueiros representa en la pintura. Es una obra que si hubiera una unidad absoluta no sería de Siqueiros. Este exceso de barroquismo es Siqueiros exactamente”.

En cambio, el pintor Manuel Felguérez, la crítica Raquel Tibol y el escultor Federico Silva opinaron diferente. El primero precisó: “Siqueiros no ha sabido entender ni la intención ni el concepto del uso del fierro en la forma artesanal”; la segunda definió: “Agigantada expresión del mexican curios…“; el tercero juzgó: “Siqueiros cayó en la trampa que le tendió Manuel Suárez. El Polyforum tiene un parentesco en lo grotesco con el Casino de la Selva”.

Pero durante la inauguración los políticos fueron más contundentes:

El secretario de Educación, Víctor Bravo Ahuja: “Se palma la lucha intensa del hombre por la propia conquista espiritual y social”.

El secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia: “Estamos en una nueva dirección de la estética”.