“Preso Número 1”

Netflix inserta en su extenso catálogo lo mismo películas que series o telenovelas o documentales. Produce en colaboración con realizadores independientes o bien sólo compra los derechos y distribuye, todo en una misma plataforma. Por ahora se trata de la OTT (servicio de libre transmisión) con más suscriptores en México.

Recientemente dio a conocer una historia político-policiaca titulada Preso Número 1. La casa productora es Telemundo en colaboración con Argos, cuya representante ejecutiva es Marcela Mejía. La mayor parte de los actores principales son mexicanos. Situada en México aunque no se diga de manera expresa, presenta todas las señales del poder: la banda presidencial, la figura del Presidente, policías, jueces, periodistas. Lo que divide a unos de otros es la corrupción; hay quienes lo son hasta la médula, otros se niegan a corromperse. Y también alude a hechos ocurridos en el país: el alzamiento zapatista de Chiapas. Eso sí, una leyenda advierte: todo es ficción, no hay relación directa con la realidad ni con personas específicas.

El guion carece de solidez, está lleno de lugares comunes y se estructura como una telenovela de 64 capítulos. Se alarga tanto que necesariamente se vuelve repetitiva de un capítulo al siguiente. Hay cabos sueltos: en el principio no sabremos el origen del encarcelamiento del Presidente, no está claro si es un golpe de Estado militar o un derrocamiento civil por la vía del complot. El caso es que el protagonista, Carmelo, es enviado tras las rejas, mientras que policías corruptos, celadores, narcos extraditados, delincuentes de cuello blanco buscan a toda costa deshacerse del derrocado Presidente.

La telenovela se singulariza por las escenas violentas de golpes, torturas y asesinatos. Asimismo por la recreación de los comportamientos machistas. El héroe mismo es un galán que enamora a muchas mujeres, especialmente en su juventud cuando aún no soñaba con ser Jefe del Ejecutivo nacional. Con ello las escenas sexuales y de amor abundan completando los requisitos de una buena telenovela. Los claroscuros están ausentes, prima la bondad o maldad absolutas, la inteligencia o estupidez, la violencia o pasividad que recorre a cada personaje. Las figuras femeninas son muy similares entre sí, tanto en lo físico como en su empoderamiento, mismo que gira en torno al protagonista masculino.

La sátira política mal construida se convierte en una caricatura. Lo que Argos innovó ya se ha anquilosado, fue convertido en esquema. Así aporta sólo de palabra lo que verdaderamente es la lucha por el poder sostenida por la lucha social, económica, de clases. Sin el contexto político y de época, así sea ficticio, pero verosímil, la telenovela es una más.